La morena

Esto es como empezar una nueva vida, empezar después de un sueño muy bonito, el cual ahora te toca olvidar, aquellas cosas en las que nos centramos algunas veces, y empezaron como una fantasía que nos llevó a recorrer un camino que al final de todo no fue del todo bueno.

Escribir para mi primera sección en la revista ha sido un poco confuso, pensar en un nombre atractivo para ella y que a las personas les llame la atención y además quieran leer mis escritos, eso ha sido lo complicado; lo fácil es brindarles mi trabajo, el cual por años he ido creando con cada experiencia, desde muy joven y gracias a mi madre (ya que ella me heredo su don, el cual un día de estos compartiré por aquí) he podido ir plasmando en letras.

Les dejo aquí un cuento, creo que no tan corto, que habla sobre los sueños, sobre el final de ellos, que a veces como la música, pueden llegar suaves.


La morena

¿Cuándo te diste cuenta?, pregunta la Morena; ¿cuándo me di cuenta de qué? pregunta él, ¿cuándo te diste cuenta de mí? Aún no me he dado cuenta querida Morena.

La Morena se despierta y con los ojos abiertos como platos mira a su alrededor, aquel hombre no está y lo peor, aun no se ha dado cuenta; a ella se le entristecen los ojos, pero no el alma, sabe que ésta correrá a su encuentro otra vez esta noche. ¿Quién será él? Se pregunta la Morena sabiendo que sus encuentros no son solo sueños porque no hay vacío después de ellos, ella solo siente amor; extraña esa palabra, así la siente la Morena en su mente, boca y cuerpo, pero sobre todo en su alma ya que allí es donde él está

¡Morena!, la llama él desde el extremo del puente, esta vez es diferente, cada vez que sus almas se encuentran, ellos están frente a frente, esta vez no, él está al otro lado, ¿por qué? se pregunta la Morena haciendo caso omiso al puente que debe atravesar, solo le importa lograrlo. Al final llega a su lado y como hace algunas veces ella le regaña porque él no la llama por su nombre, solo le dice Morena; Morena dice él, yo te digo así porque amo tu color; la Morena piensa para sus adentros y con mucha alegría en la frase y sobre todo en la palabra “amo”, la Morena se tira en los brazos de él con regocijo y le cuenta lo que hizo su cuerpo en el día, él por su parte la abraza y escucha con mucha paciencia; la Morena se pregunta si le aburre a él su día o solo es un cortés hombre que le presta atención.

Morena, ¿me harías el honor de bailar conmigo esta pieza? Ella se extraña porque no hay música pero al terminar de decir él esa frase empieza una melodía lenta como el suave roce de una pluma en el viento, sus manos se entrelazan en la suave cadencia y los corazones imitan el ritmo, cuanto diera la Morena porque el momento no acabase;  él se acerca susurrante y posa un beso en los gruesos labios de la Morena y ella sube al cielo en los brazos de él. Al separar sus labios la Morena despierta, aún con la sensación de ese dulce beso en el cuerpo, pero más en su alma; ¡Oh! Mi alma, ¿cómo eres capaz de viajar a su encuentro sin el resto de mí? Y con estas palabras se levanta la Morena para entrar en el mundano confort del día.

Atraviesa las calles la Morena con extrema urgencia, hoy ha sido un día largo y es muy pasada la hora en la que por lo general se acuesta a dormir para que su alma vuele hasta él. Esta noche la Morena no ha podido volar y llora porque su cuerpo no la quiere dejar ir; ¡Oh! Bendito cuerpo que me retienes y no me has dejado correr junto a él, al final y muy entrada la noche la Morena se duerme entre sollozos para despertar al otro día con la amarga sensación de que esa noche no pudo ver a su amado.

Retoma su día a día preguntándose si él ya no la querrá ver por faltar a su encuentro la noche anterior; todos sus compañeros notan su triste caminar y la intentan animar, pero ellos no conocen sus pensamientos y siguen sin poderla ayudar.

La Morena llega tarde de nuevo y se pregunta si hoy podrá volar, pero su cuerpo no la deja ir de nuevo y ella vuelve a llorar; un día nuevo sin ver a su amado y sin saber qué decisión tomar. Una nueva noche y la Morena llega temprano a casa se dispone a volar al encuentro de él, y vuela, sí que lo hace, y llega a aquel puente de música suave y de besos dulces, pero él no está, ella llora con su alma y su cuerpo al despertar, contemplando el vacío en el que él ya no está.

Así sigue la Morena sus días tristes, los ve pasar y sus noches grises de nunca encontrar.

Un día la Morena y su cuerpo salen a pasear, recorren las calles de una inmensa ciudad, en la inmensa ciudad un inmenso parque con un puente de música suave y al final de este la Morena observa a su amado que la llama por su nombre, la reclama con sus brazos y le da al final en cuerpo y alma un beso suave como una pluma en el viento y por fin vive en un momento de nunca acabar.”


Nota: Escrito en un viaje en bus urbano.

© Lizette García Jiménez