La ninfa dormida

Mañana vendrá a peinarte los cabellos, preciosa, el suave viento sureño.
Le dejarás que atesore tu terciopelo en sus dedos?
¿Le dejarás que robe los universos rojizos y deslenguados de tu cerebro
y tu humedad de cristal sobre las espumas dormidas?
Por cada estrella que rompa se abrirán nuevos los ojos del infinito
y tú dejarás que lo haga.
Que el mundo te contemple y sueñe.
Que cada forma de manantial y de idea se teja en el irisado cielo
de tus pupilas.
Deja que acaricie, preciosa ninfa dormida,
tus ojeras de bronce bajo el azul de tus párpados.
Eterna ninfa que existe y duerme
y existe y duerme
y existe y duerme
como tantas cosas.
¿Por qué no despiertas, princesa del cuento maravilloso?
¿Sería imprudente o excelso?
¿Temes romper alguna estrella,
tú, que las hiciste temblar con el alado ritmo de tu salvaje aliento?
Preciosa ninfa dormida en el arte.
Colgada de la belleza.
Enroscada en un laberinto escondido de ideas.
Solo mirarte da rojo a los besos
presencia a los desesperadamente vivos
azúcar a la voz.
¿Por qué has de dormir y callar tanto?
¿Por qué te hundes silenciosamente en la mullida nube de lo impreciso?

No has de anunciar tu existencia.
Basta con que te rías en sueños,
que des mensajes sublimes como pequeños destellos de un pálpito o nube,
basta, hermosa ninfa dormida,
que cuentes de alguna manera que el mar sigue siendo un océano,
que la piel comprende,
que hay un desgarrador llanto de luna que se desprende
por una violeta escondida en un bosque secreto
que solo conoces tú.
Basta que sepa yo
que hay cosas que siguen siendo su esencia y siquiera un quejido o rumor
exhala de tus labios para mí
que he de velar por tu sueño.
Dame, preciosa,
el más auténtico de los deseos,
devuélveme mi alma de mujer si la has robado
y trae la locura de los instantes,
el amanecer helado,
la disolución del viento,
la auténtica, profunda, salvaje, oscura y firme mirada de la noche.
Sepa yo así, al fin,
hermosa ninfa viviente,
que duermes entre mis ojeras
y un día, un día
te vas a despertar.


© Texto:  Carmen Nöel
© Imagen: Encima de la niebla