La nueva vecina

En los años 60, llegó una nueva vecina al barrio. Vivía justo en el portal siguiente al mío por lo que su ventana, daba al mismo patio que las de mi casa.

Era una chica exótica, había nacido en Venezuela y traía consigo esa belleza natural que tienen las mujeres venezolanas, dando muestra la cantidad de ellas que han sido mises.

A lo que me quiero referir es que, al poco tiempo, enseguida empezó a tratarse con las chicas de la pandilla, o sea, las seis que vivíamos justo en los tres portales anteriores al suyo.

Y qué voy a decir de los chicos que venían con nosotras, todos del barrio. Ellos sí que estaban hechizados por Elena. Tanto es así que como ya había alguna que otra parejita formada dentro del grupo, había sus disgustillos, porque todos babeaban por ella.

No cabe duda de que todas estábamos muy mosqueadas con la situación, que sin querer ella, estaba provocando en esos momentos entre los amigos.

Todos sabíamos que no estaría mucho tiempo en Madrid, se volvería a su país, pero mientras tanto…

De todas maneras, a Elena no le hacíamos ningún desprecio, era encantadora y disfrutábamos de la mutua compañía.

Se acercaba el día en que se tendría que ir, como coincidía con que su cumpleaños sería en breves fechas, nos invitó a su casa a un guateque, de esos que en esas fechas se hacían en los domicilios o en cualquier local que tuviera una barra y en la parte posterior un espacio para poder bailar.

Todos estábamos encantados. Cuando llegamos, en un salón bastante grande comparándolo con lo que los demás teníamos en nuestras casas.

Todo muy bien presentado, una mesa al fondo con los refrescos, los vasos y una serie de platos con unas medias noches, patatas fritas y esas cositas que nos sabían a gloria.

En otro mueble aparte estaba el tocadiscos, al que rápidamente nos acercamos para ver qué música tenía. Pocos de nosotros contábamos en nuestras casas con ese giradiscos, por lo que estábamos embelesados.

Empezó la música, primero con un twist, después, no podía faltar Adamo y sus canciones:  Un mechón de su cabello; Mis manos en tu cintura. Más tarde el Dúo Dinámico y esos temas inolvidables, para los que vivimos esa época.

En un momento dado, alguien puso un rock & roll, casi nadie sabía muy bien como bailarlo; como soy muy bailona y me da lo mismo lo que esté sonando empecé a bailar con uno de los amigos.        

Qué bien nos lo estábamos pasando, hasta que debido al sudor que teníamos en las manos, me escurrí de entre las suyas, terminando mi desplazamiento contra la mesa de las botellas. Madre mía que vergüenza, me quería morir.

Rápidamente apareció la madre y entre todos recogimos el estropicio, pero ahí se acabó el guateque.

Llegó el momento en que Elena se marchaba de Madrid. Recuerdo que cogía un tren en Atocha y que allá que fueron unos cuantos de los chicos a despedirla.

No nos hizo mucha gracia, por la huella que dejó en algunos de ellos. Por una de mis amigas, supe que, en su álbum de fotos familiar, apareció una foto de Elena, dedicada muy cariñosamente a su marido. Estaba claro que para él no significaba nada, pero el hecho de que la tuviera con tanto cariño la mosqueó bastante.

Ahora dudo que alguno de los de la pandilla se acuerden de ella, o quizás sí, pero esa sería otra historia.

Por lo menos yo sí que alguna vez me he acordado de ella. Tiempos de juventud y adolescencia por los que siempre nos parecía mejor todo lo que fuese ajeno a nuestra vida habitual.


© Texto e imagen:  Maruchi Marcos Pinto

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