La Ruta del Císter (II)

Monasterio de Santes Creus

Continuando el recorrido por los monasterios que componen la Ruta del Císter, el artículo de este mes nos situará en el término municipal de Aiguamúrcia (Tarragona), donde se encuentra ubicado el Monasterio de Santes Creus. Junto al de Poblet y Vallbona de les Monges, representan la máxima expresión del paso de la Orden del Císter por Cataluña.

Según datos cronológicos expuestos para los visitantes en la entrada del propio monasterio, en el año 1150 y bajo el patrocinio de la familia Montcada, se funda en Valldaura (Cerdanyola del Vallès, Barcelona) un monasterio cisterciense con monjes procedentes de la abadía francesa de Gran Selva.

La falta de agua (uno de los elementos fundamentales para el desarrollo de la actividad agrícola de los cistercienses) motivó que los monjes valoraran la posibilidad de trasladarse a otra ubicación. Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, realizó en el año 1155 la donación de unos terrenos en Ancosta (La Llacuna, Barcelona), donde se instaló la comunidad cisterciense de Valldaura. Este lugar tampoco disponía de los recursos naturales necesarios para el desarrollo de la agricultura.

Fue en el año 1160, gracias a la cesión de unos parajes por parte de Guerau Alemany de Cervelló y Guillem de Montagut, cuando los monjes se asentaron definitivamente en Santes Creus, en unos terrenos a orillas del río Gayá.

La fertilidad de sus tierras, los cultivos de viñedos y el recinto completamente amurallado de este cenobio, que tanta historia guarda entre sus paredes, se puede contemplar en la foto de portada.

Arquitectónicamente, el monasterio cuenta con dos grupos de edificaciones: las que constituyen la clausura exterior y las que componen la clausura interior. El primer recinto está formado por un grupo de edificios distribuidos alrededor de dos plazas comunicadas entre ellas por la Puerta de la Asunción, de estilo barroco. Esta zona estaba ocupada por el Abad y por aquellos monjes ya exentos, por edad u oficio, de llevar un estilo de vida monacal.

La clausura interior la componen la iglesia, el claustro y todas las dependencias de los monjes. A esta parte del monasterio se accedía por la Puerta Real, construida en el siglo XIV y enmarcada por un arco ojival. En el arco que conforma la puerta y sobre sendas dovelas (cada una de las piedras labradas en forma de cuña que componen el arco) se distinguen los escudos del Rey Jaime II con las cuatro barras y de su esposa Blanca de Anjou con la flor de lis.

Llaman la atención las aldabas colocadas en la parte superior de la Puerta Real. Por su altura, parecen pensadas para que los caballeros pudieran llamar sin tener que desmontar de sus caballos.

La siguiente fotografía muestra los detalles de la Puerta Real.


Monasterio de Santa María de Santes Creus

En el Real Monasterio de Santa María de Santes Creus (los monasterios del Císter solían estar dedicados a Santa María) encontramos los cánones arquitectónicos que rigen las construcciones cistercienses: austeridad y solidez.

La fachada de la iglesia es de sillería y en ella destacan dos únicos detalles: una puerta románica del siglo XII y un gran ventanal gótico vidriado con cinco arquivoltas, ambos ojivales, que le proporcionan una notable elegancia y sobriedad.

La principal fuente de luz en el interior de la iglesia proviene tanto del ventanal vidriado como del rosetón de estilo románico situado en el ábside de la propia iglesia.

En el lado derecho del crucero se encuentra un acceso que comunica la iglesia con el dormitorio de los monjes: la “escalera de maitines”. Esta escalera se utilizaba para acceder al coro cuando los rezos coincidían con las horas nocturnas.

La planta de la iglesia, de estilo románico, tiene forma de cruz latina. A partir de las  impostas (fila de sillares donde se asientan los arcos) se observa la transición a un incipiente gótico. Al inicio de su construcción, la iglesia estaba formada por el altar mayor y cuatro capillas, situadas a ambos lados del crucero. Los trabajos se iniciaron en el año 1174 y fue consagrada en 1221 en honor a la Virgen.

La siguiente fotografía muestra la fachada de la iglesia. En ella se observa la puerta y el ventanal comentados anteriormente, así como las almenas construidas hacia el año 1376 cuando Pedro IV de Aragón “el Ceremonioso” ordenó fortificar el monasterio.


fachada de la iglesia

Del claustro románico (una de las primeras dependencias en construirse) ya no queda resto alguno. Sin embargo, podemos disfrutar de la belleza del claustro gótico, muy rico en decoración y con gran variedad de motivos representados tales como: escenas bíblicas, seres mitológicos o motivos heráldicos. Fue el primero de este estilo en la Corona de Aragón y se erigió entre los años 1313 y 1341.

El escultor y maestro de obras Reinard de Fonoll sería el encargado de dirigir su construcción a partir de 1331 y participó activamente en la realización de los motivos escultóricos de los capiteles. Su decoración se empieza a alejar totalmente de la sencillez y austeridad que caracterizaban las obras del Císter.

Un detalle del claustro se puede contemplar en la siguiente fotografía.


claustro

Desde el año 1229, el monasterio cuenta con los favores de los nobles de la Corona de Aragón aumentando, de esta manera, su patrimonio y privilegios. Muchos de ellos hacen testamento a favor del monasterio y piden ser enterrados en él.

Santes Creus llega a su máximo esplendor durante los siglos XIII y XIV. Los Reyes Pedro III de Aragón “el Grande” y Jaime II de Aragón “el Justo”, así como su esposa Blanca de Anjou, se convierten en mecenas y protectores del monasterio, a la vez que deciden declararlo como Panteón Real. Sus restos reposan en dos monumentos funerarios situados a ambos lados del crucero de la iglesia.


Panteón Real.

En la fotografía superior, tomada desde el altar mayor, queda reflejada la disposición de estos dos sepulcros.

A la derecha se encuentra el del Rey Pedro III (†1285) quien, tras su muerte en Vilafranca del Penedès, fue trasladado a Santes Creus en el año 1300 cumpliendo, de esta manera, sus deseos de ser enterrado en este monasterio.

Sus restos fueron alojados dentro de una urna de pórfido rojo (roca formada por solidificación del magma) de forma elíptica que descansa sobre la base menor, cubierta por una tapa y cuyo conjunto se apoya sobre las figuras de dos leones.

La construcción de este mausoleo fue encargada en 1291 al escultor Bartomeu de Girona. También participaron en su construcción el canterano Guillem de Orenga y los pintores Gil, Pere Sanç y Andreu de la Torre.

El sarcófago está cubierto por un templete de planta rectangular, formado por diez columnas de mármol jaspeado que sustentan los arcos góticos de los cuatro lados.

Al valor artístico y arquitectónico de este mausoleo, hay que añadir el hecho de que estamos ante un sepulcro real que nunca ha sido profanado.

El detalle de su sepultura la podemos apreciar en la siguiente fotografía:


sepultura

En el lado de la Epístola se encuentra el sepulcro del Rey Jaime II (†1327) y de su esposa Blanca de Anjou (†1310). Fue construido entre 1312 y 1315 por el arquitecto Bertran Riquer y el escultor Pere de Prenafeta e inspirado en el sepulcro del Rey Pedro III. Está formado por una urna cuadrangular de piedra que contiene una caja de pizarra dentro de la cual yacen los restos de los reyes.

El sepulcro está cubierto por una tapa de mármol a dos aguas sobre la que se pueden observar las estatuas yacentes con los hábitos cistercienses, tanto del rey como de su esposa. Todo el conjunto, al igual que la sepultura de Pedro III, se encuentra en el interior de un dosel de estilo gótico.

La siguiente fotografía muestra los detalles de este panteón.


sepultura

El privilegio concedido a Santes Creus como Panteón Real perduró hasta el año 1340. En esta fecha, el Rey Pedro IV de Aragón decidió que el Monasterio de Poblet fuese el lugar escogido para el descanso eterno de los monarcas.

Desde su fundación, la comunidad monástica tuvo presencia ininterrumpida en Santes Creus. Fue en el siglo XIX, con la Guerra de la Independencia, cuando comenzó la verdadera decadencia del monasterio. Durante el Trienio constitucional (1821-1823), los bienes del monasterio fueron subastados y, aunque a partir de 1823 se reorganiza de nuevo la comunidad de monjes, es en 1835 con la desamortización de Mendizábal cuando se decretan la venta de las propiedades y se produce la exclaustración definitiva. En la actualidad, no existe vida monástica en Santes Creus.

En el año 2010, el Museo de Historia de Cataluña coordinó una serie de trabajos para estudiar las tumbas de los reyes Pedro III, Juan II y Blanca de Anjou. Los resultados publicados en el año 2011 certificaron que la tumba de Pedro III había permanecido intacta durante 700 años y es la única de los reyes de la Corona de Aragón enterrados en Cataluña que no había sido expoliada.

Los trabajos previos a la exhumación consistieron en una inspección endoscópica con el objetivo de verificar la existencia de restos humanos en la tumba. De esta manera, se corroboró que el cuerpo ocupaba la longitud total del sepulcro y se tuvo constancia de la presencia de un cráneo y una mandíbula.

Previo a la apertura de la tumba, también se procedió a la realización de una cromatografía de gases. Con este análisis se confirmó la existencia en el interior de la tumba de elementos utilizados en el embalsamamiento del monarca tales como brea, sílice, betún o hierbas aromáticas.

Entre otras conclusiones y, según datos que figuran en el portal del Patrimonio Cultural de la Generalitat de Cataluña, los especialistas que realizaron el análisis de los restos de Pedro III pudieron certificar que el cuerpo se encontraba parcialmente ‘momificado y esqueletizado’, la disposición del mismo era boca arriba con los brazos sobre el tórax, las piernas se encontraban en posición horizontal y los pies, separados del cuerpo, se encontraron entre las dos piernas.

En los resultados analíticos de las muestras de tejidos recogidos en la urna no se encontró ningún elemento que pudiera relacionarse con una indumentaria real, lo cual refuerza la hipótesis de que Pedro III fue enterrado con los hábitos cistercienses.

El próximo mes y, para finalizar nuestro camino por la Ruta del Císter, nos situaremos en el Monasterio de Vallbona de les Monges, único cenobio femenino de esta ruta.

Mi agradecimiento al Departamento de Cultura de la Generalitat de Cataluña por la información y las fotos de los panteones reales que me han facilitado.


© Enrique Moreno