La Ruta del Císter

Monasterio de Poblet

Si mezclamos geometría con historia, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que uno de los triángulos que más atractivo conserva en sus vértices es el formado por los monasterios cistercienses de Santa María de Poblet, Santa María de Vallbona y Santa María de Santes Creus, cuyo recorrido se conoce como La Ruta del Císter.

Dado que el pasado mes describimos el origen e historia de la Orden del Císter, este artículo y el siguiente estarán dedicados a conocer el legado arquitectónico, cultural y artístico que, desde hace ocho siglos, los monjes cistercienses han dejado en tierras catalanas.

letrero de la ruta del cister
Logotipo de la Ruta del Císter

Fundado en el año 1150 por monjes provenientes de la abadía de Fontfreda, el Real Monasterio de Santa María de Poblet se encuentra a los pies de las montañas de Prades (en unos extensos parajes de álamos situados en el municipio tarraconense de Vimbodí) y pertenece a la comarca de Conca de Barberà.

Fue Ramón Berenguer IV (Conde de Barcelona) quien cedió unos terrenos a la orden cisterciense para la construcción del nuevo monasterio. Su objetivo sería, tanto la repoblación de la zona y el cultivo de las tierras, como recuperar la religiosidad en los terrenos conquistados.

Este monasterio cisterciense está considerado como el mejor conservado de Occidente y en la actualidad está habitado por una comunidad de monjes. En el año 1991 es declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Durante los siglos XII y XIII se construyen las principales dependencias del cenobio. Su máximo esplendor llega en el siglo XIV cuando Pedro IV de Aragón “El Ceremonioso” (1319-1387) manda edificar un conjunto de sepulcros reales situados en el crucero de la iglesia del monasterio. Esta construcción atendía la voluntad de Alfonso II de Aragón “El Casto” (1157-1196), quien había manifestado su deseo de ser enterrado en Poblet y convertir el monasterio en un futuro panteón de reyes de la Corona de Aragón.

Los trabajos de este conjunto sepulcral fueron encargados al artista aragonés de origen francés, Aloi de Montbrai. También intervinieron en su construcción los escultores Pere de Guines, Jaume Cascalls y Jordi de Déu.

Cabe destacar que, por problemas de espacio, los sepulcros reales se colocaron sobre unos arcos escarzanos (entre el presbiterio y el coro) consiguiendo, de esta manera, que los monjes pudieran circular libremente por el crucero de la iglesia. Esta nueva ubicación rompía la tradición de realizar los enterramientos a nivel del suelo y lograba situar los panteones en un lugar de honor para poder ser contemplados.

La siguiente fotografía representa el Panteón Real situado en el lado de la Epístola. En él estuvieron ubicados los restos de Alfonso II “El Casto” (†1196) a la izquierda y Juan I “El Cazador” (†1396) en el centro junto a sus dos esposas: Marta de Armagnac (†1378) y Violante de Bar (†1431). El sepulcro de la derecha corresponde a Juan II “El Grande” (†1479) y su esposa Juana Enríquez (†1468), padres de Fernando II “El Católico”.

Panteón real del Monasterio de Poblet

La imagen que exponemos a continuación representa el Panteón Real en el lado del Evangelio. El sepulcro de la derecha corresponde a Jaime I “El Conquistador” (†1276) y el de la izquierda a Fernando I de Antequera (†1416) y su esposa Leonor de Alburquerque (†1435), aunque esta no llegó a ser enterrada en Poblet. En el central se encuentra Pedro IV “El Ceremonioso” (†1387) con tres de sus cuatro esposas: María de Navarra (†1347), Leonor de Portugal (†1348) y Leonor de Sicilia (†1375).

Panteón del Monasterio de Poblet

Separados de estos dos panteones están las tumbas de los reyes Alfonso V “El Magnánimo” (†1458) y Martín I “El Humano” (†1410).

En ambas fotografías podemos observar las estatuas yacentes de los reyes y reinas de la Corona de Aragón que allí fueron enterrados. Mientras que en los pies de los reyes se puede apreciar un león (símbolo de poder y fortaleza), en los de las reinas encontramos un perro (una alegoría a la fidelidad y la lealtad).

Es necesario mencionar que los sepulcros reales, tal y como actualmente los podemos contemplar, no son los originales. La desamortización de Mendizábal de 1835 (mencionada en el artículo anterior) ocasionó que los monjes abandonaran el monasterio y propició que las tumbas de los reyes fueran profanadas y expoliadas en busca de joyas. Las paredes de los sarcófagos fueron destrozadas y los restos de los monarcas quedaron esparcidos por el suelo de la abadía.

Los restos diseminados, tanto de los reyes como de una veintena de nobles, fueron recogidos en 1837 por Francisco Serret (cura párroco de Espluga de Francolí) y depositados en su parroquia hasta ser trasladados el 22 de octubre de 1843 a la catedral de Tarragona. En ella permanecieron hasta el 4 de junio de 1952, fecha en la que de nuevo fueron devueltos a Poblet.

Estos traslados están documentados en las actas redactadas por el Cabildo de la Catedral de Tarragona con motivo de la llegada de los restos de los Reyes de Aragón a la misma. Una Comisión de Técnicos fue nombrada para examinar la autenticidad de dichos restos, antes de ser devueltos al Monasterio de Poblet.

Fue el escultor gerundense, Frederic Marés, quien en 1944 recibe el encargo de restaurar estos panteones reales, concluyendo el trabajo con su inauguración en el año 1952. Cabe reseñar que únicamente los arcos que soportan los sepulcros son las piezas originales de este conjunto.

De gran belleza es el retablo del altar mayor de la iglesia. De estilo renacentista y realizado en alabastro blanco por el escultor valenciano Damián Forment entre 1527 y 1529, está dividido en sotabanco, banco y tres cuerpos con tres calles cada uno. En el centro del primer cuerpo se puede apreciar una imagen de la Virgen con el Niño, el segundo representa los siete gozos de María con diferentes altorrelieves y en el centro del tercero observamos una figura de Jesús en torno a la cual se sitúan otras de los apóstoles. La parte superior del retablo corresponde a una representación de la Crucifixión.

Altar mayor del Monasterio de Poblet

En la fotografía superior se pueden observar todos estos detalles. Delante del retablo destaca la antigua mesa del altar formada por una gran piedra sustentada por ocho columnas románicas.

La devastación y el saqueo, como consecuencia de la exclaustración de los monjes en 1835, también afectó al retablo mayor. Sus estatuas resultaron mutiladas y multitud de fragmentos de las mismas fueron robados.

Su restauración fue llevada a cabo por el escultor tarraconense Modest Gené entre 1948 y 1957. Dado su gran deterioro y que apenas se conservaban dibujos de él, Gené tuvo que identificarse plenamente con el estilo escultórico de Damián Forment, autor original del retablo.

No fue hasta el año 1940 cuando, gracias a la llegada de cuatro monjes provenientes de la congregación cisterciense de San Bernardo de Italia, se empieza a recuperar la actividad monástica interrumpida durante el siglo anterior. En la actualidad, tal y como comentábamos al principio, el monasterio está habitado por una treintena de monjes con los que los visitantes pueden compartir los actos litúrgicos que se celebran diariamente.

Terminando este recorrido histórico por el Monasterio de Poblet, la foto de portada corresponde a la puerta barroca de entrada al atrio de la iglesia del monasterio. Fue construida en el año 1670 por Pedro Antonio Ramón de Aragón Folch de Cardona (1611-1690), IX Duque de Cardona y gran benefactor del Monasterio de Poblet.

En la fachada, a ambos lados de la puerta, se pueden observar dos hornacinas con las estatuas de San Benito de Nursia (fundador de los benedictinos) a la izquierda y de San Bernardo de Claraval (uno de los fundadores del Císter) a la derecha. En la parte superior se encuentra una tercera hornacina con la Asunción de la Virgen, completan la estructura dos ventanas en forma de óculo enmarcadas con columnas salomónicas y abundante ornamentación barroca.

Tener la oportunidad de realizar este recorrido supone un reencuentro con la historia. Nos permite estar frente a panteones de reyes de los que hemos hablado anteriormente, conocer elementos arquitectónicos que estudiamos en nuestra etapa de bachillerato, imaginar un modelo de vida monástica que se remonta a la Edad Media y, sobre todo, conocer las tierras y gentes de localidades como Montblanc, Montbrió de la Marca, Montblanquet, Rocallaura, Figuerola del Camp y Rocafort de Queralt, entre otras

Para cerrar el triángulo de los monasterios que componen la Ruta del Císter, el próximo artículo estará dedicado a conocer la historia de los monasterios de Santes Creus y Vallbona de les Monges.


© Enrique Moreno