La senda de las salidas postreras

Y finalmente, tomaremos la senda postrera, atendiendo a la llamada malva que guarda la dulzura de la mora en espera.

Nada impedirá que así sea, pues la vida se completa en ese momento donde el arcoíris se da la vuelta. Con el temblor de la vida cumplida, aún con historias que contar y lágrimas colgadas de los ojos, que se deshacen en ese suspiro final en el que se duerme el porvenir. En el templo de los sueños perpetuos, entre trinos de ruiseñores divinos de alas plegadas en dulce descanso.  Mañana ya no será nunca más, pero dejaremos en los pétalos del crisantemo, en las flores del cerezo, en las alas blancas de la garza y en los ojos de universo del ciervo, una sonrisa de geisha y una katana de samurái para que el mundo no muera. Para que siga temblando en los ojos de otros. Salud a los que se quedan, celestes guardianes de la bella senda de los cerezos.

Texto e imagen © Felipe Espílez Murciano