La senda de los dulces paseos

Ayer paseaba contigo, caminando con las manos cogidas del tiempo y estirando el paisaje, mientras dejábamos las prisas olvidadas en las orillas. Tú desplegabas tu sombrilla de cielo inmediato y yo te miraba de soslayo, como se mira al sol por la mañana al nacer. Dos siluetas caminando, acuarela que el tiempo va pintando. Y en ese tiempo de pasos sosegados deshilvanábamos silencios mientras dejábamos hablar a nuestras miradas de viento.

¡Qué callada la libélula libando nuestras miradas de silencio!

Hoy, paseo solo, recorriendo las mismas caricias, caminando con las manos cogidas del recuerdo y estirando el paisaje, mientras dejo mis lágrimas olvidadas en las orillas. Un girasol se comba y se hace sombrilla y en el aire se ríen cinco burbujas. Agotaré el día hasta que sea paseo de luna. Después nuestras sombras, en este paseo, serán sólo una.

Y volverá a ser el paseo de la ternura.

¡Qué callada la libélula libando recuerdos de sakura!

Texto e imagen © Felipe Espílez Murciano