La tía Olga

No era tía de sangre, pero le decíamos tía. Tenía una característica que la hacía casi única: solo hablaba de enfermedades. Le pasaba de todo, es verdad, pero cada vez que nos encontrábamos había que acordarse de no preguntarle ¿Cómo estás? Porque arrancaba.

Se la eludía intencionalmente en las fiestas, como a la crema doble, que cae mal, pero había una ocasión en el año en que ¡por puro gusto! la llamábamos por teléfono: el día del cumpleaños. Viendo lo positivo, era desafiante para el intelecto: demostrar interés en saber cómo está la tía, pero no dejarla hablar.

La llamada de cumpleaños permitía apabullarla desde el principio con temas como:

1- El clima: si llovía, qué llorona, si estaba lindo, qué lindo para disfrutar.

2- El tiempo: cómo pasa el tiempo, parece que fue ayer que cumpliste años, y hoy de nuevo.

3- La edad: para jugarle a la tómbola, no para divulgarla por ahí, tranquila tía.

4- Las personas que mandan saludos: el combo, todos en la misma llamada, algunos ni se acordaban, pero ya quedaban incluidos y cumplidos.

Hasta que, llegando al final, no quedaba otra que dispararle ¿Así que estás pasando lindo?

A lo que la tía decía:

—  Bueno.

Increíble como una palabra, que no es tan mala, seguida de un punto, tenía tanto valor agregado. En ese punto, la tía hacía un rapidísimo ejercicio mental organizando la información de salud presente y pasada, con la velocidad del chatGtp.

La tía Olga tenía una agudeza increíble, porque, si bien la prioridad eran las dolencias del día, o del día anterior, igual cotejaba con un No sé si ya te conté que…

A lo que había que interrumpirla, siempre, con un Sí, sí, ¿Cómo estás del tema? La palabra tema era clave, porque abarcaba síntomas, diagnósticos, evoluciones, costo de medicamentos, horarios, etc. O sea, todo.

Y la tía arrancaba como auto de fórmula-1. Se iluminaba. Se sentía feliz, realizada y era momento para, del otro lado, filosofar ¿qué es la felicidad? ¿puede haber felicidad al hablar de enfermedades? ¿Qué es el placer? ¿Estar enfermo, estar sano, cumplir años? Del cumpleaños la tía se olvidaba, porque entraba en ese trance que solo los que se ponen a hablar de su pasión atraviesan.

Pero lo más cantado de todo era la frase del final, la que no podía faltar y que no tenía que ver con el cumpleaños ni en el día del cumpleaños: ¡Que te mejores!


© Texto: Lucía Borsani
© Imagen: pexels