La torre de los siete jorobados entre lo fantástico y el gótico

Edgar Neville (1944)

La Torre de los Siete Jorobados es una magnífica película realizada por el director madrileño Edgar Neville en el año 1944, basada en la novela homónima de Emilio Carrere y con guión del propio Neville sobre un trabajo previo de José Santugini y cuya elaboración daría para hacer otra película, problemas con la censura de la época incluidos. Santugini había dirigido su propio film, Una Mujer en peligro (1936) y realizó sus mejores trabajos como guionista del húngaro Ladislao Vajda.


El argumento

La historia, narrada a caballo entre el fantástico y el gótico, se sitúa en el Madrid castizo de finales del siglo XIX. Basilio Beltrán es un adicto al juego y esta locamente enamorado de una cantante apodada «La Bella Medusa». Mientras juega, se le aparece el fantasma de don Robinsón de Mantua que le dice los números ganadores y a cambio, le pide que proteja a su sobrina Inés de graves peligros. El enigmático fantasma, revela al joven Basilio que en una de sus exploraciones arqueológicas, descubrió en el subsuelo de Madrid una ciudad subterránea donde se escondieron los judíos que no quisieron abandonar España cuando se decretó su expulsión. Ahora, este refugio de inconfundible aroma gótico, está habitado por una banda de jorobados capitaneados por el doctor Sabatino. La ciudad subterránea es conocida por ello como la Torre de Los Siete Jorobados. Basilio consigue dar con el acceso a esa siniestra ciudad, que se realiza por una especie de torre invertida sumamente original, que por momentos recuerda a las puertas de la serie de televisión El Ministerio del Tiempo. Todo ello nos remite a ese mundo de extraños personajes, fantasmas y ciudades ocultas, que ya vimos en El Manuscrito encontrado en Zaragoza, si bien en aquella se escondían bajo las montañas de Sierra Morena los moros perseguidos por la Inquisición, y aquí son los judíos, igualmente perseguidos por la Inquisición, los que se escondían bajo la ciudad de Madrid, donde encontramos todo un mundo de referencias, sugerencias y simbologías.

Escena de la película la torre de los siete jorobados

Pero, al elegir esta película lo hacemos con una doble intención. No solo proponemos disfrutar de esta verdadera joya del cine fantástico español, sino que proponemos aprovechar la oportunidad para acercarnos a la obra de ese director no suficientemente conocido, más allá de los cinéfilos, nacido casi el ultimo día del S. XIX, que fue Edgar Neville (1899-1967) y que tiene una calle dedicada en la Ciudad de la Imagen en Madrid. Dejamos para el final el comentario de su filmografía, para centrarnos ahora en La Torre de los Siete Jorobados, para muchos la obra maestra de su director.


La edición en DVD

Aunque la película la proyectó en su día Jose Luis Garci en su programa Que Grande es el Cine, rara vez pasa por Tv o se proyecta en otras salas como la Filmoteca, por lo que es muy recomendable acudir a la extraordinaria edición en DVD que hizo VERSUS en 2011. Con la colaboración de la Filmoteca Española, se recuperaron los negativos conservados y gracias a una restauración digital, se ha devuelto a la obra todo el esplendor de un blanco y negro excepcional, gracias a la fotografía de Henri Barreyre, llena de matices y sombras que nos recuerda el expresionismo alemán en boga tras El Gabinete del Doctor Caligari, referente de la época. La edición viene además acompañada de un magnífico libro de casi 200 páginas, con una excelente impresión en papel de gran calidad y con abundancia de fotografías de la época. Incluye además una completa selección de trabajos sobre el director, los intérpretes, el guionista, los decorados y la música junto a una selección de criticas de la época y un magnifico análisis sobre su simbología, que hacen su lectura altamente recomendable. Como toda obra clásica, después de un primer visionado para entender la trama, es muy recomendable una segunda visión tras haber leído estos trabajos, que no sólo nos permite darnos cuenta de detalles que en una primera visión nos pasaron increíblemente desapercibidos, sino que facilitan el descubrimiento de las múltiples facetas que encierra el film. Precisamente uno de los trabajos mas destacados del libro que acompañan al DVD, es Escaleras de Caracol y espejos Deformantes de Asier Aranzubía, quien con gran brillantez profundiza en la rica simbología que la película atesora. Y por si fuera poco incluye un segundo DVD con dos extras realmente interesantes. El primero es un documental sobre Neville y el segundo, El Toque Neville, un video-ensayo sobre la película y el director.

La producción fue igualmente accidentada, pues se consolida en los últimos años de la Guerra Civil y se produce gracias a la conjunción de tres productores que curiosamente ya no volverían a producir nada más, Germán López, Fernando Roldán y Luis Judez.

En el apartado de la interpretación hay que señalar a Antonio Casal y Guillermo Marin en el lado masculino y a Julia Lajos e Isabel de Pomés, en un elenco que demuestra su veteranía y buen hacer aprendido en el teatro y que luego llevaría a las pantallas.

Un aspecto de suma importancia en un film de esta complejidad, es el de los decorados. Hay que destacar la labor del equipo que dirige Pedro Schild, de origen ruso, que tras pasar por la experiencia del Napoleon de Abel Gance, realizó un magnífico trabajo para esta película, de gran creatividad y originalidad, cuyo resultado puede disfrutarse al ver todo ese mundo subterráneo creado abajo y la transición al mundo real, arriba.

Igualmente reseñable es la música de José Maria Ruiz de Azagra, pues consigue definir con elegancia los matices de cada uno de los mundos, el de arriba y el de abajo, que van apareciendo a lo largo de las escenas. Dejando para el de arriba la música diegética que corresponde al Madrid castizo y ofreciendo para el mundo inferior una música que la tradición cinematográfica vinculaba ya entonces con lo siniestro.

Neville logra así una obra singular dentro del panorama del cine español, dedicado en exclusiva a exaltar la gloria del régimen. Consigue ofrecernos una producción con dos mundos netamente diferenciados. El de arriba donde domina la realidad y a través del sainete como en tantas de su películas, nos ofrece la vida cotidiana de los madrileños; y el de abajo, donde se abre al mundo de lo fantástico y en suma, de la aventura.


Edgar Neville

Decíamos al principio, que nuestra propuesta trataba de aprovechar la ocasión, no solo de recuperar esta magnifica película, sino el conjunto de la obra de Edgar Neville, perteneciente a la llamada La Otra Generación del 27, que Pedro Laín Entralgo definió con las siguientes palabras: «Hay una Generación del 27, la de los poetas, y otra Generación del 27, la de los “renovadores” -los creadores más bien-, del humor contemporáneo.» Incluía entre otros además del propio Neville a José López Rubio, Miguel Mihura, Enrique Jardiel Poncela y Tono, entre otros.

Edgar Neville
Edgar Neville

Viaja a Los Angeles en los años veinte, conoce Hollywood y el mundo del cine y logra entablar amistad con Charles Chaplin, que le contrató como actor de reparto para su película Luces de la Ciudad, donde hacía el papel de guardia. Chaplin le introduce en el ambiente de las grandes productoras como la Metro Goldwyn Mayer, que le contrata como dialoguista y guionista. Por aquella época a principios del sonoro, se rodaban en Hollywood versiones de cada película en diferentes idiomas. Así fue como empezó a trabajar en las versiones en español para el mundo hispano. Una vez asentado pudo favorecer que se contratase a muchos de sus amigos, como José López Rubio, Tono, Enrique Jardiel Poncela o Luis Buñuel, entre otros. Piensa, como declarará más tarde, que el cine ha empezado con Chaplin en La Quimera del Oro (1925) y Raoul Walsh en El Ladrón de Bagdad (1924), para alcanzar su plena madurez con directores como Lubtisch.

Regresa a España y después de algunos cortos entre los que destaca uno significativamente titulado Yo quiero que me lleven a Hollywood (1931), realiza su primer trabajo de interés antes de la Guerra Civil con El Malvado Carabel (1935), una comedia de gusto agridulce que justo 20 años más tarde, llevaría también al cine el gran Fernando Fernán Gomez, acentuando aún mas su carácter amargo.

En esta época, se separa de su esposa y conoce a Conchita Montes con la que establece una relación sentimental que duraría muchos años. Esta mujer es un personaje a reivindicar, pues además de una magnífica actriz de teatro y cine, fue guionista, periodista y se hizo muy popular al crear para La Codorniz un crucigrama sin casillas negras, que el lector debía averiguar, y que por su complejidad llamó El Damero Maldito.

Militante de Izquierda Republicana, al llegar la Guerra Civil consigue escapar al exilio y tras el final del conflicto, tiene que pasar una serie de vicisitudes para regresar a España y poder volver a trabajar.

Fotograma de la película La verbena de Edgar Neville

Realizaría después dos películas recientemente recuperadas gracias a la labor de La Filmoteca Española, como Verbena (1941), que recrea el ambiente de seres extraños que habitan un circo y que recuerda a la película Freaks (1932) de Tod Browning y Café de Paris (1943). De esta última pudimos ver y disfrutar hace poco, una copia nueva casi completa, y al igual que en el caso anterior, un diálogo de presentación entre Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo, autores del libro “La Codorniz. De la revista a la pantalla (y viceversa)”, en la que analizan la prolongada relación de esta publicación con el celuloide. Estamos ante una comedia amable, donde colabora por primera vez con Conchita Montes y en la que ya aparecen las claves que tendría su cine en el futuro. Tras ella vendría nuestra Torre de los Siete Jorobados (1944).

En La Vida en un hilo (1945), para algunos su mejor obra, profundiza en formato de comedia con ingenio e inteligencia en el tema del azar, la casualidad y el paso del tiempo, volviendo a contar con Conchita Montes para la protagonista, buscando imitar esas comedias de alta calidad que ha visto en Hollywood, pero sin dejar por ello de ser fiel al retrato del mundo madrileño.

El Crimen de la calle Bordadores (1946), una de sus grandes creaciones, recrea el Madrid castizo de finales del XIX y principios del XX que tan bien conoció en su juventud, que personalmente no puedo menos que recordar cada vez que paseo por el Madrid de los Austrias y atravieso esta calle. Obra de interés en la que utiliza la trama de la investigación criminal, para profundizar en el acercamiento a la realidad desde diferentes puntos de vista, que nos muestra la preocupación de Neville por planteamientos artísticos alejados a la época en que le tocó vivir, en la que apenas se podía hacer otra cosa que ensalzar al Caudillo.

El último caballo de Edgar Neville

Con El ultimo caballo (1950) realiza la que para muchos es su obra maestra, en la que vuelve a contar con Conchita Montes y con Fernando Fernán Gómez de protagonistas. Bajo la influencia del neorrealismo, narra los esfuerzos de un soldado de caballería por salvar la vida a su antigua montura. Pasea por las calles del viejo Madrid, tratando de recuperar ese ambiente de principios de siglo que él había conocido de niño y en sus propias palabras “narra el mundo en el que un solo hombre podía tener un caballo y le podía dar de comer sin grandes dificultades… en el que se podía vivir sin matarse trabajando… y la gente no tenia prisa…” en fin, el mundo víctima de la industrialización.

Con El baile (1959), construye una leve comedia basada en la obra de teatro del mismo título, estrenada siete años antes en Bilbao. Habla del amor y el paso del tiempo incluso más allá de la muerte y actúa de nuevo Conchita Montes de protagonista.

Su última realización, Mi Calle (1960), era para Neville su mejor film. Se percibe la voluntad de su creador, de recoger todo lo que ha aprendido con el paso de los años. Narra las vidas y problemas de los habitantes de una calle madrileña, con una voz externa con un tono de melancolía por un tiempo que ya pasó. Aporta así un distanciamiento en clave de sainete y una vez más vemos a Conchita Montes de protagonista. Defensor del sainete, sobre el que escribió y teorizó, muere SIETE años después de un ataque al corazón. Pareciera que el numero siete le persiguiera toda su vida.

En definitiva, no podemos estar más de acuerdo con el estudioso Felipe Cabrerizo, empeñado en recuperar el cine español de esta época y con el critico Carlos Aguilar, cuando defiende que Edgar Neville es un cineasta “necesitado de una urgente reivindicación que le sitúe en el puesto que merece dentro de la historia de nuestro cine.” Por nuestra parte, que así sea.

© Chusé Inazio Felices