Las golondrinas de marzo

Los saludo esperando que se encuentren bien y cuidándose. Cerca en el alma de amigos y conocidos, cerca en espíritu de amantes y familiares; y muy lejos de sus cuerpos mortales ya que es la única manera de vencer esta monstruosidad contemporánea que unió a la humanidad ¡qué paradoja!

Por mi parte les cuento que aquí, en el sur del sur, en esta pequeña localidad que es hoy mi tierra, notamos con intriga que las golondrinas se han perpetuado en los árboles de las plazas, de los paseos públicos, de parques y jardines. Se pasean por los cielos que cubren mi aguaribay y mi casuarina como si se negaran a aceptar que el verano ha concluido, como un amante que no puede creer que el amor se ha terminado.

Cuadro de Josephine Maldonado

En los atardeceres tranquilos, y ya bastante frescos de finales de marzo, se largan en picada sobre los espejos de los ríos en jolgorioso repique y vuelo. Las avenidas y bulevares están vacíos, las costas del lago también, se escuchan murmullos lejanos de las gentes en sus casas; en una cuarentena extraña con olor a verano.

Solo, el viento, anuncia un otoño inminente  susurrando con melancólica cadencia el fin del sueño, el final de una fiesta regado de hojas amarillas que caen inundando las calles abandonadas.

Cuadro de Josephine Maldonado

Los gatos se deslizan por los rincones procurando no romper el hechizo de esta siesta de domingo, mis hijas, universitarias y ya veinteañeras, los acarician y acurrucan en sus faldas. Ellas han vuelto a casa. Es que el tiempo se ha detenido en claustros, altas casas de estudio, facultades, colegios, escuelas, universidades y jardines de infancia. Será que hay momentos donde la vida está por encima de todo, incluso por encima del saber. Las pandemias no son democráticas.

Hemos tenido que improvisar sofás y espacios para dar espacio; camas y sillas, sábanas y cobijas, almohadas y paciencia; mucha paciencia.

Se siente como cuando llegaron la primera vez: los silencios a descifrar, las necesidades que yo debía adivinar, las lágrimas sin aparente razón. Y como la primera vez tratamos de estar a la altura,  cobijándolas en nuestros brazos, improvisando canciones de cuna…tratamos de convencerlas de que todo va a estar bien.

Cuadro de Josephine Maldonado

Suena una melodía  de Mon Laferte “Cómo fue que me dejaste de amar…” dice ella con su voz suave y triste, y yo pienso que quizás algo tenemos que aprender, que quizás toda experiencia dolorosa nos deja una valiosa lección…y  en todos estos “quizás” me doy cuenta de que posiblemente la vida no tiene ninguna lógica razón y que no debería perder el tiempo en buscarla.

Así me queda sólo vivir este pequeño y eterno momento de tibia siesta, de olor a verano por partir;  espiando las caricias de Delfina sobre el lomo de su gata que hace que se le achinen los ojos de placer. Mientras termino de escribir estas líneas escucho la voz de Florencia que me pide que le haga panqueques con dulce de leche; y veo pasar por mi ventana el  vuelo libre de las golondrinas que por fin han decidido marcharse y dejarnos atrás hasta el próximo verano.

No saben que el próximo verano seremos distintos, que el mundo habrá cambiado para siempre.

Con cariño

© Imágenes y texto Josephine Maldonado