Las tres puertas por donde respira el aire de Felipe Espílez Murciano

Hay puertas de mar con jambas de olas viajeras
del color del agua cuando está rezando,
y un dintel de horizonte moribundo que quema,
con el olor del incienso cuando el aire está cantando.

Hay puertas de mar que se abren con espuma
y que tienen en el interior lo mismo que afuera,
con una hoja de cristal hecha de brumas
y que solo son puertas para los barcos de vela.

Hay puertas de tierra con jambas de hiedra
del color del musgo cuando está pensando
y un dintel de nubes añorando a la tierra
con el olor de los jazmines cuando fabrican el blanco.

Hay puertas de tierra que se abren con claveles
y que tienen en el interior una fragua de amapolas,
con una hoja de ríos cuando los estiran los ángeles
y que son más que los mares, aunque no tengan olas.

Hay puertas de cielo con jambas de alas de garza
del color de las nubes cuando duermen,
y un dintel de arcoíris bordando en el aire una palabra
con el olor de los trinos cuando el viento los pierde.

Hay puertas de cielo que se abren con la mirada
y que tienen en el interior la neblina de los suspiros,
con una hoja de besos de labios flotando en la nada,
con el temblor de los colores cuando tienen frío.


Texto e imagen © Felipe Espílez Murciano 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies