Levante
Apenas un leve temblor y
un tímido aviso te presagia
en la palmera, en el estremecimiento
del atávico acebuche
en la alineación de esfinges
-gaviotas que miran al Este- a la espera
de ese primer barrido de la arena.
Apenas un aviso y
pones en guardia a una legión que
-con sabiduría ancestral- certifica tu llegada
y sin tiempo de espera te haces presente
al conquistar montes
al esclavizar molinos
-que hacen eco a tu voz mientras trabajan-.
A tu paso arrastras nubes
y tristezas
y traes y llevas recuerdos de vidas
cartas de amor escritas al aire
entre el naufragio de botellas anegadas de mensajes
mientras solitarios navegantes
se obstinan en apurar la fuerza de tu abrazo
-descarnado con la duna-
empeñado en alejar al mar de la playa.
Fuerza imparable hasta el otro Continente
-tesoro que el horizonte oculta-
amedrantas mariposas de colores
que arriesgan sus alas contra las rocas de la isla.
¡Levante tarifeño
poderoso señor de las dos orillas!
Dueño absoluto del Estrecho
al que cierras
celoso de ese tráfico que lo tizna.
Hijo del dios Eolo
¡VIENTO!
que como la soledad
te cuelas por todos los rincones
cincelando con tu azote las piedras
de las milenarias reliquias.
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© Texto e imagen: María Cruz Vilar

