Los lectores de diciembre

Si quieres que tu relato aparezca en esta sección, mándanos un correo a redaccion@encimadelaniebla.com ¡Te esperamos!


mujer abrazando hombre

Mal amor

Rosas húmedas de ojos llorosos
por las bravuconadas y gestos;
labios temblorosos por balbuceos
no escuchados, ahogados en
llantos silenciosos y escondidos.
Caricia torpe y demandante
que humilla la respuesta negativa.
Pedidos de palabras huidizas
ante los oídos arrogantes que
engrosan el caudal reprimido,
ahora desbordado sin cauce.
Final esperado con libertad
cuyo precio es vida o muerte.
Carici

© Silvia Cleonice Gabetta


Rocinante

Rocinante en el suelo, tras la aventura de los molinos de viento. Ilustración de Gustave Doré.
Rocinante en el suelo, tras la aventura de los molinos de viento. Ilustración de Gustave Doré

!Hace tanto tiempo! Que ya no siento el peso de la armadura chirriante y oxidada de mi amo sobre mi grupa.
Ignoro porque yazco abandonado a mi suerte, en esta vieja cuadra de una población manchega.
Aguardando pacientemente revivir como en otro tiempo, inquietantes aventuras.
Alguna vez, cuando los mozos vienen a rellenar de alfalfa los pesebres.
En sus conversaciones he creído entender, que mi querido amo a muerto.
!Muerto D. Alonso!
Yo, que he llevado sobre mis lomos en infinitas ocasiones el peso de sus huesos y de sus sueños.
Yo, que he trotado, he galopado y he paseado los polvorientos caminos de sus desvaríos.
Yo, qué junto al medroso pollino de su compañero de lances ,llama bolo ,el: Buen Sancho.
Me he sentido el indigno vehículo de los afanes de un gran caballero.
De un excelente señor.
Tan humilde de espíritu ,como grandioso en sus anhelos.
Ay! y no volver a vislumbrar en lontananza, los brazos giratorios de aquellos desaforados gigantes que desquiciaban su razón.
Yo que he oído en mis anodinas orejas ,
Los discursos arrebatados, los justos improperios, los filosóficos monólogos, y hasta los tristes suspiros de don Alonso.
!Ya no he de volver a transportar, su bondadosa locura sobre mis lomos!
Y las palabras que dedicaba en nuestra solitarias cabalgadas.
!Rocinante, viejo amigo!
Quién mejor que tú, mi compañero, mi alma gemela.
!Inocente y escuálido jamelgo!
Conocedor de las costuras, las visiones,
los deseos, las templanzas y destemplanzas de mi ánimo.
Que haré el resto de mis vacuos días?
Si he perdido la única razón de mi innoble y bestial existencia?
!D. Alonso!
Habitareis en la gloria de vuestros anhelos?
Y os acordareis de esta vuestra triste cabalgadura que tanto os extraña?
Desde la innoble soledad de esta mezquina caballeriza,

Así lo deseo.

Así lo presiento.

© Rosario de la Cueva


encimadelaniebla

Revista cultural

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies