Los lectores de febrero

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hombre triste

Sobre la tristeza

Es la pesadumbre, una losa que atenaza que aprisiona y anula.
Sin embargo, la vorágine de la ciudad la distorsiona, la disimula.
La pesadumbre en una gran urbe es más llevadera, se disuelve y se corporiza.
Es algo así como:
La máscara al actor.
Como el dolor a la enfermedad.
Como la hipocresía a la política.
Como el desencanto a la ilusión.
A mi alrededor, existen cientos de elementos físicos o mentales que de alguna manera, hacen olvidar el sentimiento de tristeza.
Que la tristeza es algo ajeno que te posee o por el contrario que surge de tu ser como un manantial oculto.
Sin embargo, ese mismo sentimiento, trasladado a la naturaleza se transforma.
La melancolía en la naturaleza se hace dueña de las circunstancias y me domina.
Mas aún:
Tiene la desfachatez de sentarse frente a mí y retarme con la más sutil y cruel de las sonrisas.
Pero yo estoy infinitamente cansada y me siento inerme, incapaz de luchar contra ella.
Hay algo morboso y a la vez grandioso en la admiración que produce un firmamento asaeteado de nebulosas.
De polvo de estrellas.
De constelaciones.
De puntos de luz que surgen veloces y cruzan en la quietud mágica de la bóveda celeste.
Mientras desde un punto estratégico del monte, contemplo arrobada la noche exultante de aromas silvestres.
La melancolía puede llegar a convertirse en una savia embriagadora y envolvente.
Hasta tal punto hechizante que podría abrir mis venas y sentir fluir mansamente el dulce y adormecedor elixir de su veneno.
Hasta que ensambladas en una:
La noche de estío, la tristeza y yo.
Nos disolviéramos morosamente.
A la luz rosada del alba.
Para siempre.


© Rosario de la Cueva


árbol con cielo rosado

Letanía

Deseo ser la lluvia que te moja
y el sol que te calienta.
Deseo ser el perfume para impregnarte
todo el cuerpo con mi aroma.
Deseo ser el silencio para callarme
con el gozo de escucharte.
Deseo ser la música que escuchas
para vibrar en tu pecho y corazón.
Deseo ser tus latidos acompasados
para caminar juntos por la vida.
Deseo que tu deseo me desee.


© Silvia Cleonice Gabetta

encimadelaniebla

Revista cultural

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