Los lectores de junio

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Imagen de Konevi en Pixabay


Ojo llorando
Imagen de vishnu vijayan en Pixabay 

Se deshizo en lágrimas

Primero la piel se le puso pálida y su rostro quedó bañado en la humedad que brotaba desde los párpados. Después comenzó a agrietarse por la deshidratación.
En pocos días, quedó tan sólido y áspero como un pedazo de leña. Sus ojos parecían carozos de durazno secados al sol, pero aún podían verse hilitos de agua cayendo por las hendiduras.

Comenzó a desgranarse de a poco. No dejaba de soltar pequeños fragmentos, como si fueran astillas que se iban amontonando alrededor y que el viento desparramaba impiadosamente.

Perdió la piel y las extremidades, perdió cualquier atisbo de figura humana. Su cuerpo parecía una vieja roca volcánica. Pero seguía llorando.

Finalmente, después de semanas y meses, ya no fue capaz de mantener reunidas todas sus partes. Se desmoronó. Miles de pedacitos de una materia dura y ennegrecida cayeron al suelo junto con la última gota salada.

© Franco Puricelli


Reloj de arena enterrado en la arena
Imagen de anncapictures en Pixabay 

Armando el recorrido

Collar de éxodos obligados
enriquecen el camino.
Algunos, maquillados de certezas
y otros, camuflados de engaños.
Así se pueden unir armando
la vida en crecimiento.
A veces, son cuentas extrañas,
alocadas, en retroceso.
Todas, grandes y pequeñas
diseñan el mapa inevitable
al que recurrimos
para no extraviarnos
en la inmensidad del tiempo
que nos aloja.

© Silvia Cleonice Gabetta


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Revista cultural