Los poemarios

Los poemarios son esos libros amarillentos, naves encalladas en cualquier biblioteca…

son esos libros engavetados y con dobleces, subrayados multicolor o monocromático,

por suerte son inmunes al polvo del olvido.

Los poemarios son depósitos del recibo de su compra, de alguna foto, de cabellos olvidados, o de alguna flor que en su extinta humedad nos recuerda la lágrima vertida.

Son la parada solitaria, la última estación.

Los poemarios no son libros fáciles, ni tampoco flácidos, tampoco son facsímiles de autoayuda, para eso no se escribieron.

Amanecen en barras, tugurios, aturdidos por la cerveza derramada, intoxicados por el humo de quiénes no les han leído.

Son marinados en su propia tinta, luego de varias noches, ¡ah siempre la Noche!

para degustarse como platos gourmet en esa lujuria llamada lectura.

Los poemarios son el premio, o la condena de lo vivido.

Son estoicos ante la indiferencia, epicúreos del presente, espartanos al embate del tiempo.

Los poemarios contienen sus propios poemas.

Son el silencio abrazado al papel.

Los poemarios se preguntan para qué fueron escritos, llevan el adn existencial de sus padres…


© Texto: José G. Santos Vega
© Imagen: Encima de la niebla