Luis Estrada: Brillante y a la vez divertida denuncia de la corrupción en México

El mexicano Luis Estrada ofrece en cuatro de sus últimas películas, una verdadera tetralogía en forma de sátira sobre la corrupción y el poder, un fresco brillante y a la vez divertido, que aunque está referido a México, consigue trascender la historia y adquiere un carácter desgraciadamente universal. Previamente, Luis Estrada había trabajado como guionista y director para la televisión realizando algunos cortos y tres películas, por lo que la primera que analizamos es su cuarta realización:

1. La ley de Herodes. 1999 (120´)
Cartel de la película La ley de Herodes

Con la primera película, Estrada empieza su aproximación a la realidad de México. Interpretada en su papel protagonista por Damián Alcazar, que se ha convertido en el icono del realizador, cuenta la historia de Juan Vargas, un ingenuo y fiel miembro del partido en el poder, que todavía cree en los ideales de la Revolución Mexicana, contrario a la corrupción que domina en el país. Estamos en 1949, durante el sexenio del presidente Miguel Alemán, y la película empieza cuando el corrupto alcalde de San Pedro de los Saguaros es linchado y decapitado por los indígenas del lugar. Se acercan las elecciones y el Gobernador no quiere ver peligrar su posición por un escándalo político, por lo que ordena al Secretario de Gobierno, el licenciado López, que nombre un nuevo alcalde para San Pedro de los Saguaros. López decide que el más indicado es Juan Vargas, por su ingenuidad y fidelidad al partido y porque esperan que no sea tan corrupto como su antecesor…

Recibió 14 nominaciones a los Premios ARIEL de ese año, los Goyas del cine mexicano, consiguiendo 10, incluyendo el de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor y Mejor Actriz, entre ellos.

El film es una sátira que recoge el difícil proceso que enfrenta todo aquel que quiera llevar adelante una política honesta, y a la vez lo fácil que es caer en el complejo entramado de corrupción que asola el país, realizando una detallada exposición de los mecanismos que conducen a semejante estado de cosas. Fue justamente premiado por ello con un merecido premio ARIEL al Mejor Guión. Además, envuelve todo ello en un humor que rebaja la ya de por sí alta tensión dramática de lo que nos narra y hace que el film se siga con facilidad. Como decíamos al principio, el peso de la interpretación del personaje principal recae en el actor Damian Alcazar, merecidamente premiado por su trabajo e inaugura así la tetralogía sobre la situación de México que comentábamos al principio.

La película está narrada con ritmo, es una de las mejores de la tetralogía y te engancha deseando ver las demás.


2. Un mundo maravilloso. 2006 (118´)
Cartel de la película Un mundo maravilloso

La segunda obra de la tetralogía nos cuenta la historia de Juan Pérez, el más pobre de los pobres que, debido a una afortunada confusión, es salvado de un supuesto intento de suicidio, al intentar tirarse desde lo alto de un emblemático edificio gubernamental, para protestar contra la política neoliberal del gobierno que conduce a la pobreza de tantos millones de mexicanos. El Ministro de Economía, acosado por el escándalo y al que responsabilizan por el intento de suicidio de Pérez, decide cambiarle la vida …

Aunque el planteamiento, como podemos ver, es original y se sigue con interés desde el principio, se ve abocado al problema de no saber como cerrar la historia y en la parte final da varios giros de argumento que parecen no tener una idea clara, alargando la historia innecesariamente aunque a pesar de ello, al final retoma el discurso inicial y no carece de interés.

Nuevamente el papel protagonista recae en Damian Alcazar, que se confirma como intérprete de las cuatro películas. Realizada con ritmo en su primera parte, decae en la segunda mitad como decíamos antes, cuando pierde el pulso narrativo sin saber como cerrar su historia. Es la más floja de las cuatro, aunque el vigor de su primera parte y la continuación de la denuncia social mantienen el interés de la historia. Obtuvo tres nominaciones menores a los Premios Ariel de ese año.


3. El infierno. 2010 (150´)
Cartel de la película El infierno

En este caso la trama gira en torno a las fiestas del Bicentenario de la Independencia de México, cuando Benjamín García es expulsado de los Estados Unidos y regresa a su pueblo natal, donde se encuentra ante un panorama desolador provocado por la crisis económica y la tremenda violencia y corrupción que domina la vida social mexicana. Tras intentarlo, fracasa en  su empeño en llevar una vida honrada, y se ve obligado para salvar a su familia, a involucrarse en el tráfico de drogas. No abandona por ello su típico humor negro para describirnos el mundo de la droga, la crisis económica, la corrupción y la violencia. Y nuevamente consigue trascender brillantemente el mundo mexicano, para ofrecernos una parábola sobre el mundo que se nos viene encima, a menos que hagamos algo y rápido.

Aunque Estrada tiende a las duraciones excesivas como se ha podido ver, lo que a veces como en el caso anterior es un lastre que no consigue salvar, sin embargo en esta, siendo la de mayor duración, consigue un ritmo narrativo perfecto para acabar con la gran traca final, que efectivamente quiere ser un simbólico resumen de la situación del país con numerosas referencias a México en los locales donde tienen lugar los diferentes sucesos de la trama, por si no hubiera quedado clara la analogía.

Indiscutiblemente es la obra maestra del cuarteto y del propio Luis Estrada, a la espera de las realizaciones que pueda hacer en el futuro, y de visión obligada si no se puede ver la tetralogía completa. De nuevo con una interpretación brillante de Damian Alcazar, justamente reconocida en los Premios Ariel, recibió además los de Mejor Película y Mejor Director. En el Festival de la Habana obtuvo el de Mejor Película y en los Goya fue nominada a la Mejor Película Hispanoamericana. En resumen una obra magna en torno a la cual se teje el resto de la tetralogía.


4. La dictadura perfecta. 2014 (143´)

Cartel de la película La dictadura perfecta

La ultima película del ciclo se acerca al mundo de la televisión y de los medios de comunicación en general, con el mismo espíritu critico que el resto de la obra. Empieza con un programa de televisión de máxima audiencia, en el que se revela un video que muestra la corrupción del Gobernador Carmelo Vargas. Todo ello resulta ser un montaje con el que la cadena de televisión intenta desviar la atención para proteger al Presidente de la República de un escándalo. Posteriormente, el Gobernador decide negociar con la cadena para cambiar su imagen…

Con una realización que mantiene el ritmo de la narración en el que cada suceso contribuye a incrementar la tensión, consigue atrapar al espectador y ofrecer una sátira, mucho más exacta y menos conspiranoica, que intentos similares realizados antes por directores desde EE.UU, donde muchas veces se apodera de la narración una excesiva complejidad que prefiere los fuegos artificiales al rigor en la exposición. Por decirlo brevemente, a Estrada se le entiende y se comprende perfectamente el mecanismo bajo el que funciona el entramado político-audiovisual, y se hace transparente el título de la película, La Dictadura Perfecta…


En definitiva el conjunto ofrece una panorámica completa en forma de sátira, desde el personaje más humilde que intenta promocionar en la vida pasando por el emigrante que regresa de los EEUU, hasta la culminación del proceso con la llegada del protagonista a lo más alto, mostrándonos por el camino, la situación de corrupción, narcotráfico y abuso de poder en los más altos niveles que impera en el país, cerrando así un círculo perverso mostrado en todos sus detalles.

Luis Estrada ha declarado, que su siguiente obra girará nuevamente en torno al mundo de la televisión y de los medios de comunicación. Como podemos observar, la distancia entre sus diferentes realizaciones, entre cuatro y seis años, muestra la dificultad de sacar adelante obras con semejante espíritu crítico. Esperamos anhelantes la nueva obra de Luis Estrada. 

© Chusé Inazio Felices