Mi vida en Viña del Mar

Viña del Mar, la ciudad jardín de Chile, fue siempre mi balneario favorito. Comencé a veranear allí el año 1962 en el departamento que tenía mi abuelita Margarita. Ese año disfruté de unos días inolvidables, entre el 30 de mayo y el 17 de junio, pues se adelantaron las vacaciones de invierno a raíz del 7°mundial de fútbol que se llevó a cabo en nuestro país.

El estadio Sausalito de Viña del Mar era una de las sedes donde jugaban los equipos de Brasil, México, España y Checoslovaquia. El domingo 10 de junio, para celebrar su santo, mi abuelita Margarita me invitó a almorzar a un restorán en Reñaca que contaba con un televisor donde pudimos ver el partido de los cuartos de final: Brasil vs Inglaterra. Al inicio del segundo tiempo, cuando el marcador estaba 1 a 1, entró a la cancha un perro muy juguetón ¡No hubo forma de sacarlo del lugar a pesar de los intentos del árbitro y del jugador brasilero Garrincha!  El inglés Jimmy Greaves lo logró caminando en cuatro patas e imitando todos los movimientos del can. Así, en medio de las risas de los asistentes y jugadores, logró acercarse para tomarlo en sus brazos y sacarlo de la cancha, pero ahí se percató de que el perro le había orinado la camiseta. “¡Un mal augurio para el equipo inglés!” que se hizo realidad con la victoria de Brasil por tres goles a uno. Los brasileros adoptaron al perro como su mascota, que los acompañó en la final con Checoslovaquia donde lograron su primer bicampeonato.

Esa la tarde, los turistas y futbolistas brasileros, celebraron con un carnaval bailando y cantando en las calles de Viña del Mar. Con mi abuelita estábamos observando cuando apareció un bailarín y me sacó a bailar al medio de la calle. Yo bailaba feliz, entre vítores, sin imaginarme que mi compañero de baile era nada menos que Garrincha, el mejor jugador en ese mundial ¡Lástima que en esa época no existían los celulares con sus excelentes cámaras para haber dejado testimonio de ese momento histórico de mi vida!

En todas las radioemisoras del país se escuchaba “El rock del Mundial” del conjunto chileno Los ramblers que decía así:

“El mundial del 62 es una fiesta universal
Del deporte del balón, como consigna en general
Celebrando nuestros triunfos, bailaremos rock and roll
Nos invade la alegría y de todo corazón
Agradecemos a quienes nos brindaron la ocasión
Y dispuestos a la lucha entraremos en acción
A los equipos extranjeros demostraremos buen humor
Y como buenos chilenos, hidalguía y corrección
Y aunque sea en la derrota bailaremos rock and roll
Tómala, métete, remata
Gol, gol de Chile
Un sonoro C-H-I
Y bailemos rock and roll…”

En mi adolescencia pasábamos la mayor parte del día en la playa, aunque estuviese nublado, embetunadas con bronceadores, coca cola u otros menjunjes como aceite de coco con zanahoria y miel para conseguir un bronceado espectacular. En las tardes paseábamos, coqueteando, por la avenida Perú con minifaldas que nos permitían lucir nuestras piernas bronceadas. Los muchachos, que en Chile llamábamos “lolos”, sentados sobre las rocas piropeaban a las “lolas” y las invitaban a tomar refrescos al café “Samoiedo”. Muchos de esos encuentros terminaban en invitaciones a bailar a la discoteca “Topsy Topsy”, con sus cuatro pisos de pistas de baile que se unían por escaleras, ruedas gigantes giratorias, pasadizos y por su famoso tobogán donde deslizarse era un placer inolvidable. Las parejas bebían los tragos clásicos de esa época:  Old Fashioned y Tom Collins y bailaban todo tipo de música: disco, rock y” blues o lentos” que incitaban al romanticismo con los consecuentes pololeos de verano.

Un excelente panorama para los fines de semana eran las dunas que quedaban entre Reñaca y Con Cón. Ahí subíamos hasta la cima, a 80 metros de altura, para bajarlas rodando o deslizándonos sobre cámaras de neumáticos.

Siempre soñé con vivir en Viña del Mar, pero no se dieron las condiciones, a pesar de tener mi departamento frente al mar no logré conseguir trabajo en la zona. Hasta que el año 2008 me contrató una universidad como coordinadora de la carrera de Enfermería que se impartiría a partir de ese año. ¡Mi vida cambió de la noche a la mañana!

Desde la ventana de mi dormitorio podía ver el mar, el muelle Vergara y Valparaíso. Por la belleza de esa vista, plasmé en óleo sobre tela mi obra “Playa y paseo en Viña del Mar” con gaviotas volando, veleros surcando el mar, el Castillo Wolff y el restorán Cap Ducal con su singular forma de barco, el muelle Vergara con su gran grúa y el borde costero con sus tiendas de artesanías que han sido el deleite de los turistas.

Cecilia Byrne. “Playa y paseos en Viña del Mar” óleo sobre tela, 80 x 80 (2023)
Cecilia Byrne. “Playa y paseos en Viña del Mar” óleo sobre tela, 80 x 80 (2023)

Viña del Mar era como el paraíso hecho realidad: un clima templado con temperaturas entre los 7° y 15° en invierno mientras que en verano fluctúa entre los 12° y 23°.

La puesta de sol al atardecer, con el cielo arrebolado, era un espectáculo que disfrutaba con mi padre y hoy siento su presencia cada vez que contemplo ese regalo de la naturaleza. Hace pocos años tuve la oportunidad de ver una puesta de luna llena en el mar.  A las cuatro de la madrugada la luna sumergiéndose en el horizonte se teñía de cálidos tonos amarillos dorados ¡Un espectáculo inolvidable!!!

Las noches viñamarinas de mi juventud eran muy entretenidas. Los amigos nos juntábamos en la playa alrededor de una fogata y realizábamos una serie de actividades lúdicas entre las cuales se destacaban las competencias de chistes, adivinanzas y pantomimas, cantábamos acompañados de guitarra y en ocasiones realizábamos improvisadas actuaciones teatrales.

En mi adultez acompañaba a mi marido a pescar. Mientras él pescaba corvinas, blanquillos y lenguados que después saboreábamos en la casa yo, sólo agarraba huiros, cochayuyos o una lánguida jaiba que debía devolver al mar. ¡Un verdadero desastre como proveedora de alimentos!

Por esos hermosos recuerdos de las noches en la playa pinté un óleo sobre tela que titulé “Noche viñamarina: pescadores y fogatas”

Cecilia Byrne. “Noche viñamarina: pescadores y fogatas” óleo sobre tela, 80 x 80 (2023)
Cecilia Byrne. “Noche viñamarina: pescadores y fogatas” óleo sobre tela, 80 x 80 (2023)

© Texto e imágenes: Cecilia Byrne  

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