Notas para marzo

Katia Taylor

Crecí en París, Francia. Las raíces de mis padres están en la isla de Guadalupe, las Indias Occidentales Francesas, India y Bretaña. Desde niño, estuve rodeada de arte en mi vida cotidiana. Siempre quise ser pintora.

La vida me llevó a los Estados Unidos, donde comencé una carrera como profesora de idiomas del mundo. Obtuve una Maestría en Educación en la Universidad de Puget Sound y una Licenciatura en la Universidad de Washington. Mientras estaba en la Universidad de Washington, tomé tantas clases de arte como pude para alimentar mi pasión por la pintura. El último curso con la Universidad de Virginia Commonwealth en 2009 fue una clase de postgrado con artistas profesionales. Estaba en el cielo y agradecido por esta oportunidad. Desde ese momento, volví a pintar y nunca me detuve.

Hoy en día, sigo trabajando como profesora de idiomas del mundo a tiempo completo y pinto semanalmente. Vendí mis pinturas a coleccionistas privados de todo el mundo.

Declaración del artista

En los últimos años, decidí visitar las Indias Occidentales Francesas para descubrir y fotografiar mi herencia criolla. Allí me enamoré de la tierra, la elegancia de su gente, las tradiciones criollas, en particular con el atuendo criollo de Madrás. Mi trabajo celebra la elegancia, la espiritualidad y la dignidad de la mujer criolla a pesar de todas las dificultades sufridas por la Historia, como la esclavitud, o las dificultades en su vida diaria como esposa o madre. En mis pinturas quiero retratar la belleza atemporal y resistente de su alma. Uno de mis objetivos es asociar la cultura criolla con la paz y la elegancia, para dar al mulato o mestizo una representación noble en las bellas artes.

Mis técnicas de pintura son una combinación de ilustración, realismo, arte ingenioso y enfoques pictóricos. Mi trabajo es brillante, colorido y rico en detalles. Quiero elevar el espíritu del espectador y compartir energías de triunfo.


Katya Taylor

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Marcial Alegria

Nació y creció en el campo, como jornalero y vendiendo frutas en las calles se ganaba su sustento. A sus 35 años vio una película mexicana en un maltrecho teatro de Lorica, Córdoba, y allí se originó su amor por la pintura. Hablamos de Marcial Alegría, el pintor primitivista más representativo de Colombia. Hoy, a sus 82 años, vive en la pobreza en su natal San Sebastián, corregimiento de Lorica, y cuenta con orgullo hasta dónde lo llevó su arte, que aún lo acompaña.

Marcial vio en el teatro Colombia de Lorica por allá en 1970 una película mexicana de nombre “Mi barrio es quinto patio”, en ella, un niño se gana el respeto y sale adelante gracias a pintar hermosos murales con carbón. Nuestro protagonista, al terminar de ver la película, no tuvo otra expresión sino decirle a su mujer “vaya a comprarme 10 cartulinas y 6 tarritos de pintura que me voy a poner a pintar, no pude dormir esa noche de pensar cómo el niño de la película logro todo solo pintando”.

Marcial inició pintando figuras representativas de su vereda, las peleas de gallos, la corraleja, las matronas rumbo a misa y rasgos autóctonos que posteriormente serían reconocidos por un turista gringo, “el tipo apellido Royce si mal no recuerdo, hablaba difícil el español, cuando llegó a la casa dijo ¡oh, pintura primitivista!, y le preguntó a mi mamá que quién era el maestro”, cuenta Marcial. “Yo en ese momento no sabía ná’, si era primitivista o costumbrista, yo sólo pintaba y ya”.

El gringo le pidió a Marcial que le vendiera varias obras, y este accedió por 50 pesos de la época cada una. Cuenta nuestro pintor que unas palabras del gringo calaron en él tan fuertemente como aquella película mexicana, y lo motivaron a seguir pintando. “El gringo me dijo: maestro usted tiene un arte muy bueno, siga pintando que eso lo llevará a ser reconocido en Colombia e internacionalmente”, dice Marcial.

Y allí empezaron los resultados. A las polvorientas calles de San Sebastián empezaron a llegar turistas, europeos y gringos principalmente, a preguntar por el maestro Marcial Alegría. De a poquito fueron llegando y no tardó en hacerse conocido en Córdoba y parte de la región Caribe. “Ahí sí empezaron a llegar funcionarios del gobierno de la época y algunos interesados en esto. Me llevaron a exposiciones en Montería, Cartagena, Barranquilla y Bogotá”, relata.

Y ahí se fue formando la bulla, como dice Marcial. Los contratos llegaban y los compradores también, por fin dejó de vivir arrendado para hacerse una casita de material en 1971, como la que soñaba después de ver la que compró el niño mexicano en aquella película. “Me costó 6.000 pesos, y hoy está igualita a como la construí. Está toda descuadernada, pero no la voy a romper porque es una reliquia, es un regalo que Dios me dio”.

Tal vez el mejor momento para Marcial llegó en los 80, vendió desde entonces cuadros a personas de países como Francia, Hong Kong, Estados Unidos, Canadá, España y Alemania. Recuerda con felicidad que recorrió 18 países exponiendo su arte primitivista. “De poco me sirvió en dinero eso, porque la plata se me fue en pasajes, hoteles y necesidades”, dice.

Marcial recuerda su último viaje al exterior, en 2015 a Miami. “Allí me invitaron a otra exposición en París, pero yo tengo que buscar mi pasaje. Acudí a entidades estatales pero qué va, aquí no hay apoyo para el artista. Medio pasaje es lo que necesito para mi otra exposición”, se lamenta. Marcial sigue en su humilde vivienda, rodeado de cuadros primitivistas a la espera de amantes del arte que lleguen a comprarlos. Los vende desde 20.000 hasta 2 millones de pesos, dependiendo del tamaño y las figuras.

Marcial Alegria

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Myriam González

Artista plástico y docente de artes plásticas se encontró con la pintura y otras disciplinas del arte como la danza y el canto desde muy joven, cuando en su colegio tuvo la oportunidad de formarse y explorar con técnicas y materiales, realizando representaciones de su entorno campesino.

Durante los últimos veinte años ha experimentado creando obras en diversos estilos pictóricos, desde el abstracto y figurativo, pasando por el pop art hasta el realismo, con creaciones de paisajes, botanicals, arte religioso y objetos utilitarios.

A la par de su producción artística ha dedicado parte de su tiempo a compartir sus saberes a través de su vocación docente, inspirando y acompañando a sus estudiantes, con quienes trabaja en su taller de pintura.

Tiene claro que el arte es la mejor herramienta de formación y comunicación y que a través de ésta se puede comprender e interpretar realidades, así como generar espacios de crecimiento personal.»

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© Alejandro Pinzón

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