Paraísos de invierno, de Susana Diez de la Cortina Montemayor

Acabo de leer el último libro de una de mis poetas favoritas, Susana Diez de la Cortina Montemayor. No he tenido la oportunidad de visitarla en la Feria del Libro de Madrid de este año, pero enseguida he conseguido su libro (me debe una firma y una dedicatoria…) y este es el resultado de la reflexión después de la lectura:

Paraísos de invierno es un libro que se organiza como un recorrido estacional y emocional. Dividido en cinco bloques —Noviembre, Diciembre, Enero, Febrero y Marzo—, el poemario sigue la lógica del invierno: comienza en el umbral de la pérdida, atraviesa el frío de la desolación, explora las sombras del amor y la memoria, y concluye con una primavera apenas insinuada, donde el dolor ya no desaparece, pero se transforma.

El poema que da título al libro establece desde el inicio la clave simbólica de toda la obra:

También el paraíso es el invierno

La autora subvierte así una imagen tradicional. El paraíso no es la plenitud luminosa sino el lugar donde el frío obliga a la introspección. El invierno se convierte en una metáfora de la espera, de la pérdida amorosa, de la ausencia y también de la resistencia.


Una arquitectura basada en los meses

La estructura mensual no es un simple recurso organizativo. Cada sección posee un tono propio.

Noviembre funciona como un preludio. Predominan la evocación, la casa, la memoria familiar y los primeros signos de fractura. Poemas como Las tres llaves muestran ya uno de los grandes motivos del libro: la casa como símbolo afectivo, herencia emocional y territorio de la pérdida.

Diciembre amplía el horizonte hacia lo social y lo familiar. Aquí aparecen algunos de los textos más comprometidos, como Elegía palestina o Invasión, junto a poemas dedicados a la pobreza (La hucha) o a la figura paterna (Casa tomada). La autora demuestra que su poesía no se encierra en la intimidad: el sufrimiento privado dialoga continuamente con el sufrimiento colectivo.

Enero constituye probablemente el núcleo emocional del libro. Los poemas amorosos alcanzan aquí una intensidad excepcional. La voz poética explora el amor tardío, la infidelidad, la dependencia afectiva, la renuncia y el desencuentro con una mezcla de lucidez y compasión poco frecuente.

Febrero introduce un juego formal muy rico. Sonetos, décimas, pareados, tercetillos, haikus o quintetos conviven sin artificio. Susana parece demostrar que la emoción puede habitar cualquier molde métrico si existe autenticidad expresiva.

Marzo actúa como un postludio. El amor deja paso a una mirada más amplia sobre la violencia, la naturaleza y la condición humana. Los poemas finales poseen una fuerza simbólica notable y amplían el libro hacia cuestiones éticas y ecológicas.


Los grandes temas del poemario

El amor como invierno

El tema dominante es, sin duda, el amor en crisis o el amor imposible. Sin embargo, no estamos ante una poesía sentimental convencional. La autora observa el amor desde la madurez, desde la conciencia de la fragilidad y de las contradicciones humanas.

Uno de los poemas más intensos del libro es El tiesto, donde el amor aparece como una planta incapaz de desarrollarse plenamente:

sin más amor
que el de algún tiesto mal drenado y pobre
del que no escaparás,
que agradecido aceptas, resignado,
pero que tú jamás confundirías
con la felicidad
.

La imagen resulta devastadora por su sencillez. No hay reproche ni dramatismo excesivo: solo la constatación de una forma de conformismo afectivo que muchas personas reconocerán.


El padre y la casa

Otro eje esencial es la figura paterna. El padre aparece como refugio perdido, pero también como origen de heridas y silencios.

En Las tres llaves la autora construye una de las imágenes más memorables del libro:

Pero lo que no sabe es que tú, a veces,
miras esas tres llaves, y sollozas
.

Las llaves representan la memoria, la pertenencia y la imposibilidad de regresar plenamente a aquello que se ha perdido.

La casa, presente una y otra vez, funciona como prolongación simbólica de la identidad. No es casual que aparezcan cancelas, zaguanes, jardines, patios, muros y llaves: el hogar es una geografía emocional.


La dimensión social

La poesía de Susana Diez de la Cortina no se limita al ámbito íntimo. Elegía palestina es probablemente el texto más explícitamente político del libro.

Su denuncia de la devastación de Gaza evita el panfleto gracias a una imaginería poderosa basada en la lluvia, el hambre y los escombros:

Y cuando todo el hambre
no sea más que lágrima
evaporada en nube, otra vez en el cielo…

La autora logra transformar la indignación en materia poética sin diluir la denuncia moral.

También La hucha o Invasión muestran una sensibilidad social que amplía considerablemente el alcance del poemario.

La tierra llora

La naturaleza como espejo moral

Uno de los rasgos más originales del libro es la presencia constante del mundo natural.

No se trata de una naturaleza decorativa. Los árboles, el fuego, las tormentas, los pájaros o los animales funcionan como metáforas de comportamientos humanos.

Dos poemas finales destacan especialmente.

En Matador, la autora invierte la mirada tradicional de la tauromaquia y sitúa el centro moral en el animal:

La compasión del animal, entonces,
el perdón de la víctima rendida,
serán tu perdición.

La compasión aparece en el toro y no en el hombre. Es una inversión ética de enorme potencia.

Por otra parte, El pájaro empalador describe un comportamiento real de la naturaleza —el alcaudón que ensarta sus presas en espinos— para reflexionar indirectamente sobre la violencia y el instinto:

depredador pequeño y previsor
que, al final, caza más de lo que come.

La observación naturalista se convierte en una reflexión sobre la acumulación, el poder y el exceso.

Paraísos de invierno es un libro de madurez. Su principal virtud consiste en convertir experiencias muy concretas —la pérdida amorosa, la memoria familiar, la decepción, la compasión o la indignación moral— en símbolos capaces de interpelar a cualquier lector.

La obra se mueve entre la elegía, la reflexión y la contemplación, pero nunca pierde intensidad. Sus páginas contienen algunos de los poemas amorosos más hondos del conjunto reciente de la autora, junto a textos sociales y éticos que amplían su resonancia.

Si hubiera que resumir el espíritu del libro en una sola imagen, sería la que aparece ya en el poema inaugural: un “paraíso cubierto de nieve”, donde el frío no destruye la vida, sino que la conserva hasta que llegue el momento del deshielo.


© Texto:  José Luís Pérez Fuente
© Imágenes: Encima de la Niebla