Perdiste un tiempo precioso de Carmen Nöel

Perdiste un tiempo precioso
soñando con los puentes de París,
imaginando ser la musa de trasnochados bohemios
que en noches de luna y vino
te columpiaban, en laberínticos gritos de amor,
hasta las estrellas.

Perdiste un tiempo precioso
tras la belleza y tras el silencio,
reinando en un palacio deslumbrante
de vanidades, con nombre de miel y perfumes,
desvanecida en exquisiteces,
donde la vida se destilaba con el lenguaje de un cuento por concluir.

Perdiste un tiempo precioso
adormecida en jardines de rosas únicas,
observando a los jazmines, como lágrimas de luna,
cuando los pálidos gritos del día arañaban en las vidrieras
y entremezclaban la luz con el envés de tu nombre.

Perdiste un tiempo precioso
viajando por las ciudades más mágicas,
penetrando en los recovecos más misteriosos que el mundo guarda,
despertando el carácter impenetrable de cada lugar encontrado,
para llenarlo de esencias precisas,
 y en cada tramo,
llenarlo de esencias de ti.

Perdiste un tiempo precioso
en explorar el alma de las violetas,
en desesperar de desierto y de estrella,
en desbaratar el perfecto entramado de orden
en que el mundo esperaba que te entroncaras.

Perdiste un tiempo precioso
en navegar por los sueños,
buceando bajo mares donde el tesoro mejor guardado aún espera,
gritando, entre nítidas lágrimas,
que no hay más verdad que la aurora.

Perdiste un tiempo precioso
mirando atardeceres e inventando sueños,
atravesando canales, atesorando encuentros,
colmando de soledad el refugio más deseado,
escuchando el llanto quebrado del agua,
ardiendo con el vacío,
danzando con la corriente furtiva de un río
en cuyo paso ligero está la raíz de todo universo.

Perdiste un tiempo precioso
en hacer que no fuera verdad.


© Carmen Nöel
Imagen de Oleg Mityukhin en Pixabay