Perito en aprehensión de inverosimilitudes 2

El peritaje en inverosimilitudes no tiene fin, no en vano siempre están a nuestro acecho las singularidades con que es conformada la vida en derredor, generándonos la tensión de no saber si lograremos aprehenderlas o habrán de ser otros perito-paseantes los que sepan aupar esos díscolos destellos de cotidianeidad a la categoría correspondiente. 

Todo aquel producto del utilitarismo en conexión con el ambiente en que se halle es susceptible de hacer emerger un brote, un destello, de ignota poesía la cual acaba resultando altamente seductora.

Hay inverosimilitudes más estables y otras efímeras, productos de mudables circunstancias, ante las que hay que estar prestos a la aprensión en pos de capturar ese momento que no se repetirá. La inverosimilitud coyuntural es aún más fascinadora por estar minutada su comparecencia sobre el terreno de juego ante nuestro campo visual.

Así, la rutina es un vivero de posibilidades a la espera de ser erigidas en fulgurante hallazgo.

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En ocasiones la vida da inesperados giros copernicanos, como en esta, en la que de la maceta no emerge el seto sino a la inversa.


Como les sucede a muchos peliteñidos, a ciertos árboles también se les ven las raíces.


En cierta ocasión, no dejaba de resultar inquietante presenciar cómo algún extraño ser brotaba del subsuelo madrileño en mitad del transcurso de esa farsa que habitúa a ser referida como existencia, la cual tantas veces coquetea con lo inaudito.


¿Será este cuadro inferior menoscabado parte del mismo cuerpo que el brazo oteado días atrás en muy otro emplazamiento de la misma urbe?


Paseando por Moratalaz, me llamaron la atención estos tres es-férricos que parecían esperar a que Iron Man los patease a puerta.


Hay tablas de planchar que en algún momento quisieron ser cohetes. A eso parecen apuntar.


Estoy convencido de que en esas piedras calizas con las que se habitúan a decorar los jardines se inspiraron para diseñar la famosa máscara de Scream.


Aparte de esta, no sé si habrá más estatuas dedicadas a la resaca.


No sé si Mesonero Romanos previó en algún momento una escena matritense como la que capta la instantánea. Ya apuntaba Javier Krahe que al no serte dedicada una estatua tu recuerdo no queda expuesto a ser mancillado con el excremento expelido por las municipales palomas, que parecen tener querencia por la estatuaria urbana.


He aquí una escena contemplativa por demás.


© Texto e imágenes: Diego Vadillo López