Poema de Carmen Nöel

He bajado a los lomos tristes del río,
donde los solitarios sueños de la ciudad cabalgan,
como asesinos de luz,
sobre las desvencijadas y frías orillas.

He visto los torpes pedazos de vida
horadados por el tormento del agua,
he manoseado una locura vieja,
he pisoteado una mirada,
he presentido el aroma intenso
que refulgía mezclado con miedo
desde el interior de las cloacas.

He conocido los gélidos huecos de piedra
donde las lágrimas hablan
y el lenguaje se convierte en voz de estercolero,
y en voz de alcantarilla,
y en voz de rata.

He pisado cada pedazo de estrella dormida
colgando del puente,
he desenraizado una montaña.

He descendido a la margen más turbia del río
para habitar la ciudad en la sombra.

He contado por cientos
los lodos heridos de sangre,
los lodos heridos de lágrimas,
los lodos heridos de la vergüenza
y del miedo.

He devanado en madejas de líquenes
los torpes gritos truncados
pegados como turbia entraña, al suelo.

He descoyuntado de raíz un árbol seco
partido de dolor
sobre su propio corazón sin dueño.

He bajado a las márgenes solitarias
de la ciudad silenciosa
y el beso de la noche se moría
de dolor y frío,
y el grito de la vida
se resquebrajaba en agua y sueño.

© Carmen Nöel
Fotografía © ML5909