Quiero una fondita

Quiero una fondita sin ambiente aséptico.

Quiero una fondita con menú nada pretencioso, sencillo y sano para el bolsillo, sin que mi colesterol sea el barómetro que decida por mi.

Quiero una fondita  con su menú impreso, impreciso,  casi borroso, y si posible manchado de caldo e’ pescao o de habichuelas rosadas, pero que no se ande por la nube Qúarcod.

Quiero una sazón amorosa que se pasee en la interioridad de mi boca, dientes arriba, dientes abajo, nariz dilatada, párpados cerrados…

Quiero una fondita que sepa mi nombre zanjado por derecho propio.

Quiero una fondita que sepa mis antojitos servidos por una sonrisa con sus dientes, o de caja dorada, pero de auténtico diseño.

Que la sonrisa llegue acompañada de un saludo cálido como si leyera en mis ojos lo que voy a pedir,  ahí mismo comienza la mejor digestión.

Quiero una fondita en la que no haya espera de recibo con mi nombre, o una cifra de orden anodino.

Quiero una fondita con la mejor decoración kitsch, excesivamente confusa que estimule mi déficit de atención con hiperactividad, o mis cavilaciones de poeta según sea el caso.

Quiero una fondita sin prisas, a fuego lento y de vellonera análoga.

Quiero una fondita que desconozca el ‘’customer service’’ y sin aire acondicionado, que le entre la brisa fresca de mi Caribe en la costa o la neblina fría allá en la Cordillera.

Quiero una fondita en que se pasee el gato mañoso del barrio, o la colita de un Bobby, ergo satus puertorricensis callejerus.

Quiero una fondita sin tiempo, de encuentro casual, circunstancial del arco iris mulato caribeño.

Quiero una fondita  pletórica de historias cual barra participativamente democrática, de vox populis, con el lamento de la voz ronca de Juana o la picardía de Gonzalo.

Quiero una fondita  nada ensimismada por la competencia del de enfrente, o asediada por focos, torres babélicas de publicidad digitalizada.

Quiero una fondita, tengo hambre y mi GPS, no sabe cómo encontrarla en su cuadrante.


© José G. Santos Vega
 © Ilustración: Encima de la niebla