Racheando de María Cruz Vilar Ruiz

Interrumpo la serie de artículos dedicados, hasta ahora, a la lírica amorosa para hacer la reseña de un libro que he recibido en mis ‘cuarteles de verano’.

Racheado es el primer poemario de la escritora y amiga María Cruz Vilar Ruiz que acaba de publicar, en mayo de este año, la Editorial Manuscritos. La edición es muy cuidada –como es característico en todos los ejemplares que salen de las manos de Elena Diez de la Cortina Montemayor, su directora–.

La obra se divide en cinco bloques, cinco ráfagas de distintos vientos: levante, cierzo, poniente, gregal y terral. Cada uno de ellos está encabezado por una representación gráfica –unas excelentes acuarelas– de Elena Sainz. Paso a analizar cada uno de ellos:


Levante

Este viento acompaña a la autora en un viaje dual (interior y externo) iniciado en Thule –que bien podría ser un lugar mitológico o bien las Islas Canarias– y finaliza en el cementerio Père Lachaise de París. El agua, el mar y sus tormentas son protagonistas y testigos de sus introspecciones existenciales y de la expresión de sus sensaciones más íntimas:

[AGUA]

I
Madre de las madres
principio y fin
en el que habito
derramada en lo que soy.

Y, en medio de este universo itinerante y especulativo, la poesía, como centro –y viento– gravitatorio:

[CAUCE]

V
Naufragas
entre conchas y algas
que el agua vomita

en la orilla

donde se amontonan
palabras
               palabras
                              palabras.


Cierzo

La siguiente corriente de aire, el viento portador de historias / que acunan lamentos 1De su poema [CIERZO]. prosigue con la percepción de emociones provocadas por su conexión con la naturaleza: Como piedra-musgo-renacuajo / me integro / en su mojado paisaje 2De su poema [EN EL RÍO]. y continúa con la expresión de sus anhelos: busco en la luz / rastro de sueños 3De su poema [DESEO]. El paso del tiempo es otro de los temas recurrentes en este bloque. El deseo de permanecer, de trascender en el absurdo paso de contar el tiempo 4De su poema [EN EL BALCÓN]. lo podemos ver en [EN EL BALCÓN] y el tiempo que se hace corteza / años / en las cicatrices del tronco 5De su poema [BAJO EL PINO]. en [BAJO EL PINO].

También la noche y la soledad –muchas veces aliadas– se hacen patentes en algunos poemas, como en el siguiente:

[PERCEPCIÓN]
La noche pinta el cristal

vacío
dentro y fuera del tiempo

espacio
un verso en un poema

VENTANA
respiración de muros
       espejo
soledad ajena.

El cierzo seguirá racheando –como el anterior levante– alrededor del mar, de la isla del relato –en [LORINA]– o sobre la isla de La Palma:

[LA PALMA]
Tras la muralla negra –de piedra–
[…]
alborotan los pájaros
y los lagartos
y el viento repite voces
ecos de palabras perdidas
[…]Esto sólo es el Paraíso6 De su poema [LA PALMA].


Poniente

Este apartado lo destina María Cruz Vilar a homenajear y recordar a sus amigos, familiares y artistas que han pasado por su vida, de forma presencial o a través de sus obras. Así encabeza este bloque:

[PONIENTE]
emerges donde la luz declina
                   rastro de pasado
 que unifica presentes.

[14 DE ABRIL] es un profundo acto de veneración hacia su padre que se une al recuerdo de otras personas como Joachim Patinir, Carmen de Inés, Anny Forer, Pilar Sagarra, Monir… a los que dedica un poema con la descripción e interpretación de sus obras –écfrasis­–. El compositor Mikis Theodorakis es objeto de su admiración como también lo son Góngora Jorge Manrique y Eduardo Berti.

Transcribo aquí un poema que ha llamado mi atención por su valor estético y por conocer a la persona a la que se lo dedica:

 [A LA AURORA]
                                               A Ana María López Expósito
Azules eran azules
luceros de madrugada
cosidos en el río
dormidos en la escarcha

en la hondonada
caballos
grietas, sangre
lágrimas

al cantar de los gallos
un tajo de luz lo apaga,
ciega –tras la loma– baila la luna
aurora de verdiales

en el barranco
la noche, duquelas del viento
silencian el agua.

Sobre el barro
              mariposas negras
tejen la mortaja.


Gregal

Los textos, en su mayoría poemas, de este bloque conducido por el viento gregal –corriente favorable / portadora de esencias y / demás gérmenes que globalizan la tierra– está dedicado a los trabajos que la autora compuso en tiempos de pandemia. Es un diario íntimo y personal donde los miedos, el vacío de las calles, la incertidumbre, los recuerdos y las especulaciones están fechados ‘para que conste y surta los efectos oportunos’, que no son otros que abrir al lector el cuaderno de bitácora del confinamiento de una poeta. El texto que propongo en esta ocasión es un poema que ensalza el aire, invisible elemento esencial que nos rodea y del que dependemos:

[AIRE]
(25/3/2020)


Remolino de papeles
baile de plumas
crujidos

el llanto del recién nacido el vaivén de las hojas
la monotonía de las aspas

el escalofrío de la corriente
la inquietud del mar

Sin inocencia, todos
dependientes
sometidos al dios invisible
AIRE

a quien reverencio
cada vez que respiro.


Terral

Viento que siembra relatos, como lo presenta María Cruz Vilar, y que recoge la producción de escritos pertenecientes a otra de las facetas literarias de escritora: relatos breves, cargados de curiosidad, fantasía y, a veces, rozando la prosa poética. Finaliza la autora volviendo a la lírica, en sus últimas páginas, con algunos poemas como el siguiente, que va destinado a ensalzar al viento –cómo no–:

[VIENTO]

Delicado en el temblor de la hierba
doblegas olas
azotas árboles
y prendes la arena del desierto

aúllas en las noches
cantas a la madrugada

portador de historias
que sólo tú conoces

barres sueños con hojas otoñales,
hielas cumbres y levantas tejas

nada te es ajeno
[…]

A ti sujeta
enajenada al eco de tu voz antigua
me envuelves y te adentras
hasta el último resquicio
de mi aventada existencia.

La poesía de María Cruz Vilar Ruiz se caracteriza por expresar impresiones personales, evocando instantes introspectivos y sensaciones de un espíritu inquieto y creativo. Prueba de ello es el dominio de los espacios y los silencios que aparecen en sus poemas:

[HORA PUNTA]

Con cada paso
            retrocedes
anegada en torrentes secos

la espera
             es fronteriza, descarnada
la lucha
por evadirte
del –––– reloj
del –––– andén.

Por ser diferente.

Además, posee un eficaz manejo del yo poético, con el que es capaz de comunicarse en distintos planos espaciales. El más cercano está en primera persona:

Cierro los ojos.
El olor a lluvia
Me trae otra tormenta 7De su poema [JUNIO].

El siguiente nivel sería la utilización de la segunda persona, como un yo en perspectiva que observa –más lejano en este caso– a un ‘tú’ que bien podría ser la propia poeta, una persona imaginaria o un elemento de la naturaleza, como en este caso la nieve:

Sutil
derramas silencio
y unificas paisajes
sin conciencia agresora
de tu helador abrazo 8De su poema [NIEVE].

Finalmente, hay que destacar, además del empleo de la tercera persona con intención explicativa o narrativa, el uso de los infinitivos para describir acciones de forma distante, alejada, como si la realidad se observara desde una perspectiva cenital:

[PULSO]
I
Avanzar por el hilo
aún sabiendo
que se quiebre.

II
Ignorar
recorriendo el camino del calendario
con la certeza de la última hoja. […]

Excelente trabajo el de María Cruz Vilar, que se estrena en el ámbito de la lírica con muy buenas expectativas. Enhorabuena por su trabajo y espero que vuelva pronto a publicar nuevas obras.   


© José Luís Pérez Fuente

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