Recordando a José Antonio Labordeta

Si alguien ha conseguido arrancar del corazón de cada aragonés un sentimiento de cariño, pasión y amor hacia esa tierra que nos ha visto nacer y que, todavía hoy, el escuchar sus canciones nos deja henchidos de orgullo y emoción, ese es José Antonio Labordeta. Y la tierra que le vio nacer y a la que él cantó, esa es Aragón.

El pasado 19 de septiembre se cumplió el décimo aniversario de la muerte de una de las personas que, a través de la música, la palabra y, sobre todo, sus principios de libertad e igualdad, han dejado una imperecedera huella en todos aquellos que sentimos nuestra tierra tal como él la vivió, la describió y la defendió.

Rememorando su paso por Teruel, me gustaría dedicar un recuerdo a la memoria de la persona que despertó un sentimiento de compromiso, libertad, sencillez y solidaridad en todos aquellos que tuvimos la suerte de disfrutar tanto de sus poemas como de sus libros, de sus enseñanzas como profesor, de sus actuaciones musicales, de su oratoria en el Congreso de los Diputados, de sus colaboraciones radiofónicas o de sus andanzas por toda la geografía de España.

Figura comprometida con su tierra y sus gentes, José Antonio Labordeta nació el 10 de marzo de 1935 en Zaragoza, donde realizó sus estudios de bachillerato, obteniendo en 1960 la licenciatura de Filosofía y Letras en la universidad de su ciudad natal. Fue en su etapa universitaria cuando empezó a desarrollar su faceta literaria, escribiendo sus primeros poemas y publicando su primer libro: “Sucede el pensamiento”.

Tras aprobar las oposiciones para agregado de Instituto de Enseñanza Media, se desplazó a Teruel para impartir durante seis años (1964-1970) clases como profesor de Geografía e Historia del Arte en el Instituto Ibáñez Martin de la capital turolense.

Se le recuerda como un profesor diferente al que no le interesaba que sus alumnos memorizaran, sino que aprendieran. Era un nuevo estilo de enseñanza en una época de cambios, los alumnos se sentían tratados como adultos y eso les hacía sentirse más valorados y más cercanos a sus profesores.

Si Teruel impactó en José Antonio Labordeta, la propia ciudad también recibió de Labordeta un legado que perdura en todos aquellos que tuvieron la suerte de ser sus compañeros y alumnos.

A estos nuevos aires de renovación contribuyó la llegada a Teruel de una serie de jóvenes profesores que, de una u otra manera, marcaron la vida de José Antonio Labordeta. Entre ellos cabe citar a José Sanchís Sinisterra y a Eloy Fernández Clemente.

La comunión entre Teruel y Labordeta estaba establecida. Fue precisamente en esta ciudad y sobre todo en el entorno del Colegio Menor “San Pablo”, (el cual acogía alumnos del Instituto de Teruel), donde José Antonio Labordeta, José Sanchís y Eloy Fernández empezaron a realizar con los estudiantes una serie de actividades extraescolares, especialmente dedicadas al teatro y a la música.

José Antonio tocaba la guitarra y tenía una potente voz. Un periódico de la época se hacía eco de este hecho y junto a una fotografía de él mismo, se leía el titular: “Labordeta: un profesor que canta a las gentes”.

Fue José Sanchís quien le animo a componer y expresar mediante la música aquello que Labordeta veía: su tierra, sus gentes, sus costumbres, sus anhelos, sus inquietudes…

Según relataba el propio Labordeta, cuando comenzó a escuchar discos de Paco Ibáñez, Raimon o Serrat, se dio cuenta de que, a través de la música, se empezaba a conocer a grandes poetas españoles como Miguel Hernández, Blas de Otero o Gabriel Celaya, hecho que marcó en cierto modo el inicio de su carrera como cantautor.

El año 1970 regresa a Zaragoza y es allí donde comienza su etapa más prolífera como poeta, escritor y cantautor. Combinando posteriormente estas actividades con el periodismo, su participación en la serie televisiva “Un país en la mochila”, colaborando en el programa de RNE “Hoy no es un día cualquiera” y siendo durante dos legislaturas (2000-2008), diputado en el Congreso por la Chunta Aragonesista (CHA).

De su paso por la serie televisiva, “Un país en la mochila”, querría destacar su gran empatía hacía las gentes de todos los lugares que visitó, los cuales se abrían a su persona de una manera franca y muy humana. Esto le permitía darnos a conocer de una forma entrañable y cercana la realidad social, cultural y económica de esa España rural y olvidada a la que José Antonio dio una gran visibilidad.

Fue un programa rodado sin prisa alguna: escuchando a las gentes y compartiendo sus costumbres, necesidades y esperanzas. Los que tuvimos la suerte de seguirlo, pudimos disfrutar de sus textos y de la narración pausada y serena con la que Labordeta describía cada uno de los rincones que nos presentaba.

Su compañera de programa en Radio Nacional de España, Pepa Fernández, se refirió a él como el que “daba voz a los sin voz”.

Su etapa en el Congreso de los Diputados siempre estuvo marcada por la defensa de Aragón y sus gentes. Acérrimo defensor del “NO a la guerra de Irak”, aportó un aire fresco a la política, su paso por la tribuna de oradores siempre estuvo repleto de coherencia, honestidad y humildad.

Labordeta llevó a cabo un gran número de intervenciones parlamentarias, siendo una de las más recordadas aquella en la que pronunció la frase: “A la mierda”, dirigida a los diputados del Partido Popular que le interrumpían continuamente.

El político Alfredo Pérez Rubalcaba comentó sobre su paso por el Congreso de los Diputados que: “un buen parlamentario es el que habla bien, pero al leer las transcripciones de los discursos de Labordeta, podías observar que lo que había dicho estaba bien construido: sujeto, verbo y predicado”. Resulta curioso que una norma tan elemental, sea difícil de encontrar hoy en día.

La soledad que nos genera su ausencia, quizás la podemos calmar recordando alguna de sus letras que han sido, son y serán un grito a la libertad que él siempre defendió:

Habrá un día en que todos
al levantar la vista
veremos una tierra
que ponga libertad.


© Enrique Moreno
Fotografía © Llapissera
José Antonio Labordeta en un concierto celebrado en Huesca el 26 de octubre de 2007