Recuerdos

Se conocieron en el jardín de infantes. Él recordaba la escena como si fuera un cuento de hadas. Luces, música de violines, movimientos ralentizados. Desde ese momento me enamoré de ti, le decía. Ella reía. No exageres, éramos un par de niños. Es la verdad, le decía, y la besaba suavemente. Compartieron sueños y, sobre todo, promesas. Nada podría distanciarlos.

Se separaron al terminar la secundaria. Ella obtuvo una beca para estudiar en el extranjero; él consiguió un empleo de medio tiempo y el ingreso a una universidad cercana. Se escribirían todos los días y cuando terminaran la universidad se casarían. Al principio las cartas fluyeron como un torrente que se escapaba de un dique; sin embargo, el tiempo se encargó de reparar la grieta. Ni siquiera se dieron cuentan de quién fue el primero que dejó de escribir.

Ambos hacen un repaso de sus vidas. Él se divorció un par de veces y ahora que se ha jubilado ha decidido recorrer el país en su auto. Ella terminó su doctorado, publicó varios libros y hace poco perdió a su esposo. Es extraño, pero justo en ese momento, los dos se preguntan cómo hubieran sido sus vidas si no se hubieran separado. Daría cualquier cosa por volver a verla, dice él. Me encantaría que charláramos como lo hacíamos antes, piensa ella. Ambos suspiran y se dejan arrastrar por una cálida corriente de ensueño. Justo en ese momento tienen el presentimiento de que muy pronto volverán a encontrarse. Ellos no lo saben, pero su presentimiento está a punto de volverse una realidad. Es una lástima que estén tan distraídos, pensando el uno en el otro, y no tengan la oportunidad de pisar el freno de sus autos.

© Kalton Bruhl