Santiago Serrate Ollé

¿En qué momento decidiste dedicarte a la música?

Desde que nací, y no sé por qué, pero siempre he tenido la llamada de querer ser músico. En mi familia no hay tradición musical. Un día, viendo el programa de televisión de “El mundo de la música” del Maestro Enrique García Asensio, me quedé muy impactado por la figura del director de orquesta. Desde entonces, cuando de pequeño me preguntaban que qué quería ser de mayor, decía, director de orquesta, y se lo debo al Maestro García Asensio, al que más tarde pude conocer personalmente y ahora somos muy amigos. Mis padres sí que escuchaban música: los Beatles, los Sirex, Joan Manuel Serrat y toda la música de los sesenta como también Zarzuela.

Diriges por primera vez con 16 años, ¿qué recuerdas de aquella primera experiencia?

Fue apasionante y voy contarte como sucedió: Yo formé parte de la Escolanía de San Agustí del Colegio de los Escolapios de Sabadell, que utilizaba  el mismo sistema que la de  Montserrat, pero sin internado. Al cambiar la voz, pasé  a ser el pianista acompañante de la misma y organista en los actos religiosos de la Iglesia de San Agustín del mismo colegio. El director, el padre Josep Vidal SCH, que era un gran músico, en esos días no se sentía muy bien. Había un concierto de navidad en el encuentro de las Escolanías en Cataluña de La Garriga. Como yo era el pianista acompañante,  el director me propuso dirigir y dar las entradas con el órgano  en los ensayos por si él no pudiera ir. Y así fue. El día del concierto, yo estaba muy inquieto, y le dije al director de la Escolanía de La Garriga, Josep María Torrens, que dirigía muy bien, que por qué no dirigía él y yo tocaba el órgano, ya que me veía un poco sobrepasado. Torrens me dijo que no, que dirigiera yo, ya que era el que había ensayado y que él tocaba el órgano. Y así lo hicimos. Al final salió todo muy bien, no nos perdimos, ni nada (risas) y mi recuerdo es muy positivo. Decían: “este chico tiene madera de director”, luego recuerdo que tenía mucho frío, de los nervios (risas). No había estudiado en aquella época dirección, fue de ver al director.

Santiago Serrate

Y además, eres contrabajista, y creo que por casualidad.

Sí, estaba con mis estudios de  la carrera de piano y allí en la Escolanía, nadie quería estudiar el contrabajo. A mí me gustaba el oboe, realmente, yo quería estudiar oboe pero allí no había contrabajistas. El director me dijo: “oye, estudia el contrabajo, porque aquí hay muy pocos y si lo haces bien, te ganarás muy bien la vida, además, en Cataluña, con las sardanas, se tiene mucha actividad”. Yo, que soy muy obediente, dije que sí. Cuando fui a mi casa diciendo que el director me había dicho que estudiara contrabajo, mi padre dijo: “toca la flauta, ¡cómo va a entrar un contrabajo en casa! y luego en el coche”, (risas)  y dije yo, pues lo voy a hacer. Empecé con 14 ó 15 años, era bastante más bajito de lo que soy ahora, y como anécdota diré que tenía que tocar subido en una tarima porque no llegaba. Al final me gustó y estudié con el Maestro Ferrán Sala y posteriormente con el famoso Profesor Ludwig Streicher en la Escuela Superior Reina Sofía durante tres años. Incluso gané algún concurso y todo, pero como he dicho, elegir el contrabajo fue realmente una casualidad. Toqué todas las sardanas habidas y por haber, jazz, orquestas de cámara, Big Bands, etc…. En 1999 tuve la suerte de entrar por oposición a la Orquesta de la RTVE.  Fue cerrar el círculo porque en aquel año el Maestro Enrique García Asensio fue nombrado otra vez Director Titular de la RTVE. Fue muy emocionante ya que entré con el director por el que realmente yo empecé en el mundo musical, fue muy curioso. También me sirvió mucho formar parte de una orquesta profesional ya que como futuro director, el haber pasado por gran parte del repertorio desde los cimientos, como también conocer su funcionamiento interno, me dio un gran bagaje.  No es lo mismo dirigir desde cero que después de haberlo interpretado como músico de atril.

El Maestro Ros Marbà fue determinante en tu formación, ¿qué recuerdas de aquellos años?

Era una persona a la que admiraba mucho, uno de los mitos de la dirección de orquesta en España, y también  como profesor. Estaba el Maestro García Asensio en Madrid  y en Cataluña el Maestro Ros Marbà: Ambos alumnos de Sergiu Celibidache y han creado una gran escuela. Mi idea era ir a estudiar en la Hochschule de Viena ya que en el mismo centro estaba el Profesor Ludwig Streicher y el Maestro Leopold Hager, que daba dirección. Yo quería ir a hacer las dos cosas allí pero no conseguí beca, por lo que económicamente se hacía una montaña, con 17 ó 18 años, ir a Viena. Me parecía un riesgo muy grande, sin conocer a nadie. Después decidí estudiar con el Maestro Ros Marbà. Como él venía mucho a la Orquesta de la Radio Televisión, le dije que quería estudiar con él.  Ros Marbà ya no daba clases en el Conservatorio pero hacia un curso de verano de cuatro semanas, en Igualada, un curso muy duro. Me dijo que había unas pruebas muy exigentes, que no sabría si las pasaría y yo le dije, “bueno, ya veremos”, yo, muy seguro (risas). Lo primero que hacía era darte un cantus firmus y tenías que hacer un coral a cuatro partes, después, había que instrumentarlo para gran orquesta; un dictado musical dodecafónico que recuerdo era muy complicado; reducción al piano de partituras, etc… Después de repasar técnica durante una semana, había un examen delante de la Orquesta Sinfónica del Vallès, y en ese momento, él seleccionaba a los alumnos activos. Desde el primer año yo siempre fui alumno activo. Antes de trabajar con él, yo ya había trabajado la técnica con un alumno suyo, Josep Ferré, en San Cugat del Vallès durante tres años, y había hecho bastantes prácticas dirigiendo una orquesta que tenía él allí. Por lo tanto con Ros Marbà, no empecé de cero. Estuve tres años yendo a los cursos de verano y luego durante el año, le iba siguiendo. Creo que donde se aprende más, a parte de la experiencia con la orquesta, es viendo a otros directores ensayar y aquí en Madrid, podías ir a la Nacional, la ORCAM (Orquesta de la Comunidad de Madrid), a parte de los que pasaban cada semana con la OSRTVE, etc. Yo pedía ir a los ensayos a todo el mundo, e iba y sigo yendo cuando puedo a muchísimos conciertos y a representaciones líricas. Ros Marbà me decía lo que iba a dirigir durante el año y los sitios a donde iba a ir, y yo, iba a donde podía. Me estudiaba muy bien las partituras y en el ensayo le preguntaba que por qué había hecho esto o lo otro y yo mismo me preguntaba qué hubiera dicho yo. Fueron tres años muy intensos. Después me presenté al concurso de director asistente de la Orquesta Sinfónica de Estudiantes de la Comunidad de Madrid, lo que es la JORCAM ahora, y gané la plaza. Esto fue en el año 2001. Fue una gran plataforma para mí porque de repente, con 25 años, estaba dirigiendo en el Teatro Monumental, en el Auditorio Nacional… y empezó a verme mucha gente del sector: críticos, managers y los gerentes de distintas orquestas. Más tarde empecé en el mundo de la ópera como asistente de dirección musical en el Teatro Real junto a mi maestro, además, también me especialicé y sigo muy ligado a la música contemporánea: piensa que a fecha de hoy he hecho 60 estrenos mundiales y 17 nacionales en nuestro país,  Italia y Portugal. Dirigí, entre otros, el concierto de inauguración del XX Festival Internacional de Música de Alicante, homenajes y monográficos a Cristóbal Halffter, Benet Casablancas, Jacobo Durán-Loriga, José Ramón Encinar y un largo etc… y una cosa fue llevando a la otra. También trabajaba mucho, y sigo haciéndolo, para mejorar y darme a conocer. Está claro que como se aprende a dirigir es dirigiendo. En casa puedes fantasear todo lo que quieras pero necesitas tener un instrumento, aunque sean 5 músicos. Sobre todo hay que estudiar mucho y analizar, que también es muy importante.

Santiago Serrate con Jorge Castro

Para quien no conozca el mundo de la ópera por dentro, cuéntanos cómo se monta una pieza operística

Se suele empezar más o menos un mes o cinco semanas antes de la primera función, depende de la producción. Mi manera de hacerlo, muchas veces no es posible, pero lo ideal para mí es lo siguiente: el primer día, sólo con los cantantes, pasar la ópera a piano de arriba a abajo. Tanto si nos conocemos bien como si no, veo las necesidades que tienen de respiración, unificamos tempos, expresión, etc. Una vez está estructurada la cuestión musical,  vienen los ensayos de escena, a piano siempre, y junto con el director de escena. Se integran los movimientos técnicos, corporales… junto a la música. Siempre está y debe estar el director musical, yo siempre estoy, pero si no pudiera, estaría un asistente para cuidar todos los detalles de la partitura, la dicción (depende de en qué idioma sea), e ir trabajando para ir puliendo e integrando movimiento y música. Esto suelen ser unas dos o tres semanas de trabajo, mañana y tarde. Si hubiera coro, también hay un ensayo musical previo con el coro solo a piano y se incorpora a los ensayos de escena con los solistas. Una semana antes de que empiecen los conjuntos, se ensaya la orquesta sola por un lado, haciendo las lecturas de orquesta y luego se juntan, lo que se llaman conjuntos: la orquesta, el coro, los solistas, etc… Después vienen los ensayos generales y  las funciones. La ópera y el canto, forman parte de mi vida desde los 8 años, ya que debuté en el coro de niños de “Carmen” de Georges Bizet con la Escolanía antes mencionada en la Temporada de Ópera de los Amics de l’Òpera de Sabadell, que fundó por un impulso personal, la soprano sabadellense Mirna Lacambra, que se merece todo el apoyo y reconocimiento.

La ópera es apasionante para mí y actualmente tengo 70 títulos de distintas épocas y estilos en mi repertorio y he podido trabajar con grandes cantantes, por citar solo algunos, como Plácido Domingo, Ainhoa Arteta, Leo Nucci, Dolora Zajic, Carlos Álvarez, Jonas Kauffman o Sondra Radvanovsky.

Y, ¿qué tal con el mundo del ballet?

Es quizás, para mí, lo más complejo de dirigir, con música en directo, claro. Hay que ajustar la coreografía a la música y eso demanda una gran flexibilidad por parte del director tanto en los ensayos como en las  funciones, ya que hay que estar muy pendiente de los bailarines en todo momento. Por otra parte, es una maravilla ya que tienen un repertorio envidiable.

¿Crees que se le da el suficiente apoyo a la música contemporánea en España?

Diría que sí, en el sentido de que ahora hay muchos grupos de música contemporánea en España, que hace tiempo no había. Hay un boom en este sentido muy bueno, pero hay muy poco apoyo a nivel gubernamental en cuanto a encargos, a potenciar a la gente joven, a hacer concursos e invitar a jóvenes compositores en residencia. Mis deseos como director musical y como patrono de la Fundación Sax Ensemble, que por cierto, fuimos el primer grupo de música contemporánea en recibir el Premio Nacional de Música en el año 1997, y con el grupo Modus Novus, es intentar, sobre todo, que la partitura que se estrena se reponga, con el máximo respeto y compromiso, y con el tiempo, el público decidirá qué es lo que se queda y qué es lo que no. Si los músicos españoles no defendemos a nuestros compositores y a nuestra música, ¿quién lo va a hacer? En Alemania y en Francia, por ejemplo, defienden su patrimonio musical, y nosotros aquí, todavía nos cuesta. Defendemos la música de fuera antes que la de aquí. Nos falta mucho todavía. Debemos creer más en nuestro producto cultural y hacerlo con rigor. Hay esta idea de que la música contemporánea no es expresiva, ¡pues claro que lo es! Evidentemente cada compositor tiene su estética y su discurso, como si fuera una obra de teatro. Como director que ha estudiado la composición, al trabajar las partituras, ves en seguida cómo está hecha la música, la estructura, la forma, los planos sonoros, dónde está un tema principal y si no lo sabes, porque hay mucho contrapunto, para eso tenemos al compositor vivo, para llamarle y preguntarle ¿qué ha querido decir aquí? ¿qué es secundario? Si este discurso (la partitura), lo articulas como un buen actor de teatro, el público lo entiende. Conmigo, además, los compositores tienen las puertas abiertas para ir a los ensayos. Se puede hacer de la música un proceso abierto ya que a lo mejor, algo no le gusta al compositor y puede cambiarlo. Eso creo que es más enriquecedor para todos y llegas al estreno con un punto de acuerdo importante.

Santiago Serrate

Como dijimos anteriormente, eres patrono de la Fundación Sax Ensemble, háblanos un poco de ella.

Es un proyecto muy apasionante. Es un grupo que lleva 32 años ininterrumpidos y eso, es un hito hoy en día. Su formación fue debida al impulso de Francisco Martínez, y revolucionaron el saxofón en España. El Sax Ensemble abrió la música contemporánea a un grupo de saxofones, que es una formación muy ecléctica y muy difícil de definir. En Francia estaba ya muy en boga, pero aquí, era una novedad, ¿un grupo de saxofones con piano y percusión? ¡qué locura es esa! Y nos mantenemos. Hacemos casi 28 conciertos todos los años. Francisco es una persona que lleva la gestión con mucha pasión, y esa pasión, nos la ha contagiado a todos. Ahora tenemos también un grupo mixto con flauta, clarinete, saxofón, violín, violonchelo, piano y percusión. Aunque como dijimos antes, el apoyo a la música contemporánea existe, las subvenciones han bajado muchísimo y todo el mundo quiere que hagas lo mismo con la mitad de dinero o menos y eso, no es fácil. El grupo también sale mucho al extranjero y ha hecho 160 estrenos mundiales. Mi compromiso con la música de nueva creación es firme y sobre todo con la Fundación Sax Ensemble, ya que somos todos músicos que nos gusta trabajar juntos, lo disfrutamos y nos desvivimos por el grupo. Estamos aquí para defender la música actual y la música española, sobre todo.

¿Qué crees que es importante para un director de orquesta?

En primer lugar, una completa formación, que en mi caso, significa haber cursado la carrera de piano, la de un instrumento orquestal como fue el contrabajo y una sólida formación en armonía, contrapunto, fuga, composición y análisis. Es muy  importante, haber cantado en un Coro y tener nociones de técnica vocal. En segundo lugar, tener una vivencia intensa de la partitura que el director de orquesta tiene delante, a través de un  profundo estudio y un detallado análisis formal. Un director de orquesta debe buscarse a sí mismo y eso tarda tiempo. Después de 18 años dirigiendo, todavía no sabes casi nada. A veces te das cuenta de que lo que quieres hacer con una orquesta, no funciona, en el sentido técnico de transmitir lo que tú quieres. Poco a poco, a partir de la práctica, vas desarrollando tu propia personalidad y tu concepto de qué es lo que quieres obtener. Según mi punto de vista, dirigir implica una escucha mutua y constante entre director y orquesta. Mi pasión por la música no me permite hacer nada de forma superficial, no sé hacerlo. La música no se merece eso.

El Maestro Carlo Maria Giulini, uno de mis referentes, me dijo una vez: “Ah, ¿usted quiere ser director de orquesta? Pues no olvide una cosa: un director de orquesta no es más ni menos que un músico que hace música con otros músicos”. Este es mi lema y lo tengo muy presente.

¿Qué tal se presenta el año 2020?

Muy bien, con muchos proyectos para los primeros seis meses, siguiendo con las tres ramas: ópera, música sinfónica y música contemporánea. Con el Sax Ensemble, este año tenemos conciertos importantes en Madrid, Barcelona, Pamplona, una gira en Portugal, pero sobre todo con el 90 aniversario de Luis de Pablo, haremos varios actos y monográficos. Haré un estreno mundial de Jorge Muñiz en marzo junto al estreno nacional del concierto de trompa de Benet Casablancas con el grupo Modus Novus, para el CNDM.

En cuanto a mi faceta pedagógica, ejerciendo desde hace cuatro años como profesor asistente en el curso de verano del maestro Ros Marbà, estaré enseñando técnica y apoyando a los alumnos. También volveré a dirigir a la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música del Liceu de Barcelona por tercera vez y en esta ocasión, con un monográfico de Beethoven. Estoy muy emocionado porque volveré  a trabajar ópera francesa con uno de mis Maestros como es  Michel Plasson, del que he sido asistente en múltiples ocasiones y que me ha influenciado mucho tanto en aspectos artísticos y musicales, como también personales y profesionales.

Texto © Jorge Castro
Fotografía © Sara RC