Sapporo

Por unas lejanas montañas de Sapporo en una tarde de melancolías florecidas. Qué solitario corre el río a través de las montañas. Y qué azul está el aire, en esta tarde en que los recuerdos cuelgan de las sombras, enmarañados de tristezas. La niebla juega con mi piel a caricias secretas

Y qué silencio más extraño en mi alma, en esta tarde de peonías escondidas, de azucenas huidas.  Qué ahogo, saber que estoy tan lejos de tus ojos. Me duele tu ausencia en esta tarde en que las montañas no me bastan.

Qué larga se me hace esta subida que parece estar poblada de sables. Hace tiempo que no oigo nada, ni siquiera el aire. Sólo un viejo rumor del río que parece agonizar entre las orillas de grilletes verdes.

De pronto, una margarita vestida de sol. Qué poco se necesita para ahuyentar los fantasmas.

¡Una margarita y un beso de olor!

Detrás de aquella curva seguro que está escondido el sol.

Solo fue un momento de descolor, de ausencia de aromas, de cansancio del alma sin repostar.

Detrás de aquella curva seguro que está esperando, escondido, el sol.


Texto e imagen © Felipe Espílez Murciano

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