¡Se busca chica bonita y que no envejezca nunca!

Buscamos una chica de buena presencia tanto física como mentalmente, cuanto más joven mejor y si además tiene años de experiencia en el sector, mejor. A ser posible que tenga una suerte de pacto con El Señor de las Sombras que le permita no envejecer nunca y que bajo ningún concepto quiera quedarse embarazada nunca. Como el puesto es cara al público, necesitamos que la joven posea una sonrisa envidiable que levante miembros con su mero esbozo (absténganse por favor desdentadas, bocas torcidas o dientes ambarinos). Necesitamos que trate al cliente con gozo y alegría, independientemente de si ha pasado por la peor época de su vida (recuerde, sus problemas no le importan a los demás), y que no se coja bajas laborales bajo ningún concepto (salvo pérdida de extremidades superiores o inferiores que no permitan el correcto desarrollo de su puesto de trabajo, en cuyo caso, no se preocupe, procederemos a despedirla, por lo que no será necesaria la baja)

– Oye, ¿por qué la despidieron?

– Porque le explotó una mina en toda la cara y se quedó sin brazos ni piernas…

– Ahh, claro… comprendo.

Y finalmente absténganse candidatas que tengan pareja legal y un suculento número de familiares susceptibles de terminar concediendo días de permiso retribuido por hospitalización, fallecimiento, operación quirúrgica… Si en realidad le estamos haciendo un favor, las familias no traen más que problemas.

Y ese, queridos amigos lectores/as es el verdadero panorama laboral que hay ahora mismo en España y que todos, especialmente los de arriba (unos más que otros) estamos permitiendo. Se está despidiendo a la gente por maternidad o paternidad auspiciándose en contratos de prueba, por obra, circunstancias de fuerza mayor o quebradizo estado económico de la empresa. Se sigue despidiendo a gente, o no se la contrata, por motivos raciales, de homofobia o transfobia e incluso por inclinaciones políticas que no casen con las del empleador.

Y volvemos a la sempiterna cuestión del capital privado: son empresas privadas, ¿verdad? Pueden hacer lo que quieran.

Sí.

Y no…

Precisamente esto no debería ser del todo así. En esta sociedad capitalista en la que vivimos (algunos más que otros), hemos dado un poder inmenso a las sociedades privadas para conformarlas como la base y verdadera fundación de nuestro sistema y modo de vida. Entonces, digo yo, un humilde escritorzuelo que solo busca la moderación, si las empresas forman los cimientos de la sociedad, habrá que tener un cierto control sobre ellas para que los ciudadanos (que son al final del día los verdaderos motores de la economía) puedan disfrutar de un trabajo digno, sano y con el respeto que todos los seres humanos de la creación merecen.

He llegado a escuchar comentarios de ciertos empresarios españoles cuyos nombres me guardo, en los que la palabra desafortunado se queda escasa para describirlos.

“Quiero chicas guapas y jóvenes, no quiero abuelas que me sirvan el café…”

“Si es que os cojo y en cuanto os hacen fijas os quedáis embarazadas y me jorobáis…”

“Parece que lo único que queréis es quedaros embarazadas para coger la baja y cobrar…”

Y un sinfín de barbaridades más. Y como extrapolemos esto al sector político, la lista aumenta en calidad y cantidad.

Da la impresión de que existen ciertos seres humanos que cuando alcanzan un mínimo de poder y dinero, se olvidan de que ellos mismos tuvieron una madre que les parió. Son los mismos que pregonan que el ser humano existe para reproducirse y abogan por una “vida pro-vida”, pero luego idean reformas y conceptos que dificultan enormemente la vida de esas familias que traen vidas al mundo. Pero bueno muchacho, ¡aclárese por el amor de un dios!


© Daniel Borge