Si fueras tú…

Flores, sólo flores; y a lo lejos un puente de madera que curva la mirada por debajo de las pestañas.

Un puente que se ve temblando sobre la blanda neblina del río, que se alza hecha abrazos de aire. Un hermoso puente pintado de sangre como si todo el día estuviera atardeciendo por sus barandillas. Con dos ojos transparentes y pupilas de agua inquieta.

¿Quién será el próximo que pase sobre él? 

¿Quién posará sus manos sobre sus huesos de árbol y fatigará sus pensamientos por un momento?


A lo lejos, espero ver la nueva silueta que dé savia a la antigua madera, que aún tiene suspiros de árbol joven.

¿Quién será el próximo que pase sobre él? 


SI fueras tú…

Si tú fueras la que pasase, te vería desde lejos. Como ven las grullas a los peces que laten en el río, mientras ellas amansan el temblor de un suspiro. 


Si fueras tú…

Con tu cara blanca y tu kimono azul.

Para eso habría que reventar el pasado, morder el tiempo y plantar de nuevo los árboles de luz del camino de vuelta.

Flores, sólo flores; y a lo lejos un puente de madera.

Más arriba de mis ojos, un jilguero canta a la tarde los trinos más antiguos del tiempo. Como cuando nos quedábamos en silencio por no molestar al viento.

Y se me monta en mis hombros tu recuerdo. Mis botas se hunden en la tierra, ¡cosas de llevar la pena a cuestas!

Alguien viene por el puente. Se apoya en la barandilla, en ese balcón del río, echando a nadar su mirada. 


Si fueras tú…

Con tu cara blanca y tu kimono azul.

Texto e imagen © Felipe Espílez Murciano