Somos consecuencia de las mariposas del alma…

Las neuronas son células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental (Santiago Ramón y Cajal)


Justo hace un año que por estas páginas estuve hablando sobre el cerebro, esa compleja y fascinante estructura que controla y dirige nuestro organismo, el mismo que nos permite estar vivos y al que fácilmente se puede comparar con el procesador central de un ordenador. Dicho procesador central se conecta al resto de componentes para que puedan realizar las diferentes tareas a golpe de teclado o ratón. De una manera algo similar, nuestro cuerpo (y el de la mayoría de los vertebrados) depende de la interconexión de todas sus células a través del sistema nervioso, que se divide en dos secciones: el sistema nervioso central (SNC) formado por el encéfalo y la médula espinal y el sistema nervioso periférico (SNP) formado por las neuronas y partes de neuronas que no están en el SNC.

Y pienso que ha llegado el momento de estudiar más detalladamente a las neuronas, nuestras mariposas del alma como las llamaba Ramón y Cajal. Son las células (junto a las glías, pero de ellas hablaremos más adelante) del sistema nervioso, altamente especializadas y realmente únicas en nuestro organismo. La mayoría de las otras células tienen un tamaño de unas micras de diámetro (milésimas de milímetros) pero nos podemos encontrar neuronas que llegan hasta un metro de longitud. Son muy abundantes en el cerebro y rondan la cifra de 86000 millones en un humano adulto (un gusano tiene unas 300 y una mosca de la fruta, unas trescientas mil). Su cometido es el de ser mensajeras y comunicadoras del organismo. Transmiten impulsos nerviosos a otras células que generan movimientos, comunican estímulos externos que se convierten en sensaciones, mantienen mensajes a través de una red neuronal permitiendo que se almacenen en la memoria… Y todo ello con impulsos eléctricos generados por el intercambio de iones de sodio y potasio (y algún elemento más) entre una neurona y otra, tan velozmente que un impulso entre el pulgar del pie y el cerebro tarda menos de 19 milisegundos. ¿No os resulta fascinante pensar que tenemos semejante circuito de carreras dentro de nuestro cuerpo?

No fue hasta muy a finales del siglo XIX que se postuló (por Waldeyer y Ramón y Cajal, principalmente) que las neuronas eran las células específicas que integraban el sistema nervioso. Y desde entonces se han ido sucediendo los estudios para conocerlas en todos los aspectos, lo que origina que se las pueda clasificar de diferentes maneras. Y nosotros lo primero que vamos a ver es la morfología de una neurona (quizás la más típica, la motora) pero os adelanto que las hay de muy diferentes tipos.

Neuronas

Una neurona está formada por un núcleo, donde se encuentra el material genético; suele situarse en el centro y es muy visible, sobre todo en las células jóvenes. A su alrededor se concentra el cuerpo celular (soma, pericarion) donde se hallan orgánulos como el aparato de Golgi, radicales libres, el retículo rugoso, cuerpos de Nissl, neurotúbulos… convirtiéndolo en un espacio con una alta tasa de síntesis de proteínas. Las dendritas son prolongaciones del citoplasma del soma, envueltas por una membrana sin mielina; en ellas podemos encontrar orgánulos como muchas mitocondrias (producen la energía de la célula), grumos de Nissl, retículos lisos y muchos microtúbulos; tienden a adelgazarse mientras se alargan y están cubiertas de pequeños bultos llamados espinas. Su principal función es captar información del axón de otra neurona y transmitirla al cuerpo celular; una sola neurona puede tener varios conjuntos de dendritas y recibir varios miles de señales. El axón es una prolongación tubular del cuerpo de la neurona y está revestido de mielina, una sustancia compuesta por proteínas y grasas que facilita la transmisión de los impulsos eléctricos desde el soma hasta los axones terminales (que permiten conectarse físicamente a otras neuronas o a otras células); se une al cuerpo por un estrechamiento llamado cono axónico. Otras partes de la estructura de una neurona son los nódulos de Ranvier (huecos en las vainas de mielina, facilitan la conducción del estímulo eléctrico y optimizan el consumo de energía) y los botones sinápticos (al final de los axones terminales, permiten liberar al exterior los neurotransmisores que llevan el impulso eléctrico y realizar la sinapsis, pero esto también lo veremos en algún otro momento, en un futuro más o menos lejano).

Después de ver sus diferentes partes podemos intuir las principales funciones de una neurona, que son recibir señales (e información), determinar si esas señales e informaciones deben ser transmitidas y, por último, comunicarlas a otras células (músculos, glándulas u otras neuronas).

Unas células tan sofisticadas y especializadas presentan múltiples aspectos por los que ser clasificadas: tamaño del soma (parvocelulares y magnocelulares), forma (poliédricas, fusiformes, estrelladas, esféricas, piramidales), polaridad -número de sus prolongaciones- (monopolares, bipolares, multipolares, pseudomonopolares, anaxónicas), características del axón y las dendritas (axón muy largo -Golgi tipo I-, axón muy corto -Golgi tipo II-, sin axón definido, isodendríticas, idiodendríticas, intermedias), etc.

Ahora veremos más detenidamente la clasificación según las funciones que tienen pues es la que me parece más interesante para este artículo. Resumidamente las podemos dividir en: motoras (los axones parten del cerebro y de la médula espinal y llegan hasta los músculos para producir los movimientos musculares; suelen ser las más largas del organismo), sensoriales (captan estímulos del entorno a través de los órganos de los sentidos y los dirigen al sistema nervioso central), interneuronas (llamadas de circuito local y por Ramón y Cajal también de axón corto; sólo están en el SNC y conectan neuronas que se encuentran en él) y neuronas de proyección (llamadas por Ramón y Cajal de axón largo, conectan diferentes estructuras del SNC). Las interneuronas y las de proyección son las más abundantes en nuestro organismo. Una sola neurona puede hacer muy poco por sí misma pero el sistema nervioso depende de grupos de neuronas que trabajan juntas formando redes neuronales; las hay desde muy simples formadas por pocas neuronas (como el reflejo rotuliano) hasta formar estructuras de una tremenda complejidad.

Al realizar todas estas clasificaciones sólo se pretende facilitar su estudio, pero nos encontramos que existen ciertas combinaciones de diferentes tipos que originan neuronas tan específicas que necesitan ser nombradas con un nombre propio. Veamos algunos ejemplos. Están las células de Purkinje (multipolares y gabaérgicas -vierten un neurotransmisor concreto-), los conos y bastones (neuronas fotorreceptoras) o la neurona Jennifer Aniston (es una de las neurona-concepto, descubiertas en 2005, que se sitúan en el hipocampo y se excitan con las imágenes de personajes u objetos relevantes, desde diferentes ángulos y en fracciones de segundos; en este caso sería con una imagen de Jennifer Aniston y sólo con ella).

Neuronas

Al principio del artículo comenté que además de neuronas, el sistema nervioso también estaba formado por las células gliales (también llamadas glías) y son muchos más numerosas que aquellas, sobre todo en el encéfalo (se sospecha que a razón de diez glías por cada neurona). Su papel exacto es aún más desconocido y se encuentran entremezcladas con las neuronas. Tradicionalmente se les atribuía funciones secundarias (soporte estructural, nutricional y protector de las neuronas) pero en estudios recientes se está descubriendo que podrían realizar un importante papel tanto en la respuesta inmunitaria a las infecciones como en la maduración de los circuitos neuronales o en la modulación de la sinapsis entre neuronas.

Existen cuatro tipos principales de glías: tres en el SNC (astrocitos, oligodendrocitos y microglías) y un cuarto, células de Schwann, sólo en el SNP. Los astrocitos son los más abundantes y los hay de varios tipos y con funciones diferentes; principalmente limpian, nutren y dan soporte a las neuronas, pero también regulan el flujo de sangre en el encéfalo y la comunicación entre neuronas en la sinapsis, mantienen la composición del líquido interneuronal, ayudan a que las neuronas lleguen a su destino y contribuyen a la formación de la barrera que aísla al encéfalo de sustancias potencialmente tóxicas.

Las microglías se relacionan con los macrófagos del sistema inmunitario, eliminando las células muertas y otros residuos. Tanto los oligodendrocitos (SNC) como las células de Schwann (SNP) tienen una función parecida: ambas producen mielina, la sustancia aislante que acelera la velocidad de la señal eléctrica a través del axón.

Tenemos más tipos de células glías, como los células gliales satélite y las células epindemarias.

Las satélites cubren los somas de las neuronas de los ganglios en el SNP; se cree que podrían apoyar la función neuronal y quizás actúen como barrera protectora pero aún son muy desconocidas.

Por su parte, las epindemarias cubren los ventrículos cerebrales y el canal central de la médula espinal. Tienen cilios parecidos a cabellos que vibran para favorecer la circulación del líquido cefalorraquídeo que hay en esas estructuras.

Neurona

Y una vez que he llegado a este punto del relato me surge un dilema. Llevo ya tres páginas, pero aún no os he contado nada sobre la sinapsis (el espacio que permite interconectarse a las neuronas), la formación de nuevas neuronas (neurogénesis) o las enfermedades ocasionadas por el mal funcionamiento de este sistema nervioso (como, por ejemplo, epilepsia, ELA, enfermedad de Parkinson o mal de Alzheimer). Y creo que todo ello daría para un nuevo artículo en el que tratarlos adecuadamente y con el sosiego que se merecen. Queda prometido para un futuro momento.

Sé que este mes ha sido un artículo más minucioso y repleto de definiciones y clasificaciones más científicas, espero que no os haya aburrido y/o fatigado en exceso. Al menos, pensad que con estas explicaciones vuestras redes neuronales se han acrecentado y mejorado en su funcionamiento. Nos vemos el mes que viene. Gracias por vuestra paciencia.


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© Carmela Pérez Nuñez

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