Sueños premonitorios

Esa madrugada se despertó con el sobresalto del sueño que estaba teniendo en ese momento. Era angustioso, tanto que no se le olvidó, como suele pasar.

Ese sueño se presentaba de la siguiente manera: Sin saber cómo, había llegado a una terraza de un edificio muy alto. De repente, se lanzó al vacío, pero no por impulso propio. Algo la empujó. El pánico se apoderó de su mente, tenía que sobrevivir al impacto que se avecinaba. Pero no ocurría eso, volando, sorteaba edificios y árboles, que a veces la golpeaban las piernas. Y ahora, ¿qué voy a hacer? Se preguntaba cómo aterrizaría sin matarse.

En ese momento se despertó con esa zozobra en el cuerpo. Quedó presente y guardado en su cerebro.

Estuvo unos días sin volver a tener ese sueño que la inquietó. No se había olvidado de él, hasta que una noche regresó. Esta vez fue más violento, pues según descendía, se golpeaba con los tejados de algunas casas, con las antenas de la tv, hasta que, llegado el momento de poner los pies en el suelo, cayó en un lago cercano. Qué pánico, no sabía nadar, se ahogaría, en ese momento se despertó.

Se irguió en la cama como un resorte y el sudor empapando su cuerpo. Se fue al baño a despejarse. Este sueño al ser repetitivo, mientras lo tenía, estaba convencida de que no le ocurriría nada. Volvió a la cama y por la tarde empezó a buscar en internet algo relativo a la interpretación de los sueños, pero no encontró ninguno que le revelase su situación.

A los dos días el sueño volvió con variaciones. Arriba en un ático estaba ella, no quería volar, le asustaba, aun sabiendo que no ocurriría nada grave. Es solo un sueño que se repetía en su mente. De pronto, sintió unos pasos que se le acercaban, no quería dar la vuelta para ver quién era, hasta que dos pares de manos se asieron a las suyas. Eran sus hijos.

– ¡Eso sí que no, a mí no me pasa nada, pero, y a mis hijos?¡  

Se resistía a caer, pero no lo consiguió. Empezó el vuelo con sus hijos de la mano, casi como si fuese Peter Pan, pero no lo era, los tres seres eran de carne y hueso.

Según volaban sus hijos reían felices. ¡Mami¡¡Qué divertido ¡

Ella oteaba ansiosa el suelo, quería bajar en la pradera de un inmenso parque, así sus hijos no sufrirían daños. Pero no lo conseguía, cada vez subían más y más….

Y de pronto despertó. Esta vez su cuerpo temblaba a la vez que sudaba profusamente. Se levantó dirigiéndose al cuarto de sus hijos, estaban durmiendo plácidamente. 

Por la mañana tomó una decisión, iría a ver a una mujer que echaba las cartas, Nunca se había fiado de esas cosas, pero era tal su inquietud que pidió cita. Para no dar pistas sobre su persona se quitó la alianza y todos los anillos que llevaba que representaba algo de su vida.

Al llegar, la mujer la indicó que se sentara.

– ¿Qué es lo que quiere Ud. saber?

– Mi futuro

Sin mediar palabra empezó a distribuir las cartas sobre la mesa comenzando a relatar lo que veía.

– Usted no es feliz. Su esposo, que no la quiere, tiene una relación con una señorita. Para más información, le diré que está moviendo papeles para divorciarse.

Se quedó paralizada, y en ese momento le contó los sueños que tenía. 

– Esos sueños son un aviso. Están llamando su atención para que ponga a salvo su familia y hogar.

Esta mujer le abrió los ojos; ya venía observando la actitud de su esposo desde hacía un tiempo. Llegaba tarde a casa por las noches, con explicaciones nada convincentes. Se irritaba con frecuencia armando el follón por cualquier tontería. Los domingos por la mañana siempre tenía una excusa para irse de casa, incluso por las tardes provocaba una bronca para dar un portazo y salir de casa.

En ese momento, puesto que ya tenía claro que el amor entre ellos, había desaparecido. Decidió emprender los trámites para una separación.

En el transcurso de un año ya estaban separados, sus hijos y ella se quedaron en la vivienda familiar. Cuando ella tuvo recursos económicos, compró la mitad de la vivienda a su ex, y se divorciaron.

Los sueños no habían vuelto a aparecer.

Al cabo de un tiempo, pidió cita de nuevo a la echadora de cartas.

– ¿Qué es lo que quiere Usted saber?

Mi futuro

– La veo con un futuro muy feliz, y ahora mismo lo está. Va a llegar un hombre a su vida que la va a querer mucho, de verdad, con todo su corazón. Sus hijos tendrán estabilidad emocional y profesional. En su trabajo prosperará. Veo en su persona un cambio a favor en todo su futuro, hasta donde puedo ver.

Se marchó satisfecha, lo del amor lo veía difícil, no quería volver a tener una relación. 

Esos sueños la hicieron despertar a la vida.


© Texto y foto:  Maruchi Marcos Pinto

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