Tchapaief de Josep Renau

La Guerra Civil Española, como el lector conocerá, fue una contienda sangrienta, acaecida entre julio de 1936 y abril de 1939, cuyo detonante fue el fracaso parcial del golpe de Estado llevado a cabo por una parte de las fuerzas armadas contra el legítimo Gobierno del Frente Popular de la Segunda República.

Sin adentrarnos en cuestiones históricas, lo que me gustaría destacar es la riqueza en la producción artística del cartel durante estos años de lucha. Muchos artistas e ilustradores tienen la opinión unánime de que en España se estaba gestando un valioso grupo de artistas, apoyados por la técnica que evolucionaba muy rápidamente y que empezaba a permitir grandes obras. Los ilustradores españoles estaban en la vanguardia europea. Pero todo quedó truncado, no por la guerra, de hecho en la guerra hubo una gran producción de carteles, pese a las enormes dificultades, sino por el tiempo de sombras que ocultó la belleza del color durante 40 años.

Así lo expresaba Salvador Clotas, director de la Fundación Pablo Iglesias en la exposición que se realizó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid titulada “Carteles de la Guerra 1936-1939” en la que se expusieron 300 gritos pegados a la pared (así se les denomina a los carteles) pertenecientes a la Fundación:

“Lo que no continuó es el movimiento artístico. Efectivamente, no hay más que ver el esplendor gráfico y artístico de esta exposición con lo que era el grafismo, la cartelería de los años 40 franquistas. Supongo que muchos artistas emigrarían, sin duda, algunos se quedaron, además eso está documentado, trabajando como pudieron. Pero lo que ya no se mantuvo es este fantástico florecimiento, que a uno le hace pensar lo que hubiera podido dar de sí, en el caso de que la democracia y la república, no se hubieran interrumpido sino que hubieran seguido su curso normal”


El color como signo de distinción

El cartel se convirtió en esos años en medio de información, un altavoz a las ideas. Pero lo que lo distinguía de otros medios de comunicación era el color. Como nos dice Carlos Velasco, Profesor Titular de Economía Aplicada en la UNED:

“Hay que pensar que el cartel en los tiempos de la Guerra Civil es un elemento de comunicación, de publicidad, de propaganda fundamental ¿por qué? Porque la prensa, por aquel entonces, aunque tiene existencia, no tiene la difusión que hoy conocemos. Las revistas muchísimo menos e incluso el tema del color que no es en absoluto indiferente, pues las revistas lo tratan muy poco, no hay apenas revistas en color, o las que hay son en color sepia, que era lo que se acercaba un poco al color. Obviamente, no existía televisión. El cine estaba mucho menos extendido. La radio sí tenía difusión pero tampoco con el dinamismo que podemos conocer hoy. Entonces el cartel, en aquellos años, es un elemento fundamental porque se podía extender por grandes lugares, en muchos soportes, en paredes, en vallas publicitarias. Y porque incorporaba el color, cosa que ningún otro medio de los que estamos hablando podía hacer.”

Entonces, es ese color, lo más impactante. Estos carteles sobresalían con sus colores (rojos y azules) del resto de los carteles que envolvían los muros de las ciudades, derruidas por los bombardeos. Todo era en blanco y negro, a veces en color sepia. Tristeza y miedo, frente a unos carteles coloristas, con eslóganes políticos, pero sobre todo de ánimo y positivismo que buscaban, en ambos bandos, levantar la moral del pueblo. Vanguardistas y populares al mismo tiempo. Eso sí, cada bando utilizaba su simbología, también los mensajes eran diferentes. Nada distinto a lo que la guerra nos mostraba… salvo el color.


Cartel de la fai
Libertad: Trabajador del campo con una hoz. Cartel de 1936 de la FAI

Josep Renau

El autor del cartel de este mes es Josep Renau. Nacido en Valencia, realizó su primera exposición en 1928, nada menos que en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Ya en esos primeros dibujos se podía ver líneas claras y formas sólidas, lo que más tarde desarrollaría en el cartelismo publicitario. Además, en estos primeros años colaboró con varias revistas entre ellas la cubana Bandera Roja. Esto lo llevó a fundar su propia revista en 1935 llamada Nueva Cultura, que se convirtió en una de las publicaciones más comprometidas con el comunismo republicano de toda España.

En efecto, Renau era además de pintor y artista un ferviente activista político. En estos términos se expresaba Renau en plena Guerra Civil (parte de uno de sus discursos recogido en su libro Función Social del Cartel)

“El cartelista se encuentra, de pronto, ante nuevos motivos (la Guerra Civil) que trastornan esencialmente su función profesional. El cartel […] puede y debe ser la potente palanca del nuevo realismo en su misión de transformar las condiciones, en el orden histórico y social, para la creación de una nueva España”

Josep Renau
Josep Renau

En 1936 fue nombrado director general de Bellas Artes y, como tal, se encargó de la organización del Pabellón de España de la Exposición Internacional de Artes y Técnicas celebrada en París en 1937.

Finalizada la guerra se exilió durante un corto periodo en Francia y, posteriormente, pasó a México, donde fue muy bien acogido. En 1958 regresó a Europa y se instaló en el Berlín oriental. A partir de la década de 1970 empezó a viajar a su Valencia natal de forma esporádica. Murió en Berlín en 1982.


Cartel a la película sobre Tchapaief

El cartel de Josep Renau fue para Exclusivas Nuestro Cinema Valencia.

Detalle cartel de Josep Renau
Detalle del cartel que muestra al Editor

Tchapaief fue uno de los guerrilleros de la revolución bolchevique, mitificado primero por la literatura (por la novela homónima de Dmitri Fúrmanov, otro veterano de la Guerra Civil Rusa, donde se recopilaban las hazañas y anécdotas de Chapáyev) y luego por el cine. Basándose en la novela, los directores cinematográficos hermanos Vasíliev rodaron en 1934 la película Chapáyev que gozó de un gran éxito en España durante la Segunda República Española.​ La película obtuvo el premio principal en la Exposición Internacional de París de 1937.


Detalle cartel Josep Renau
Detalle del cartel Tchapaief, el guerrillero rojo de Josep Renau

No es extraño que Josep Renau, quisiera participar en la realización de este cartel porque claramente se funden cartelismo, cine y propaganda revolucionaria.


Destino del cartel

Acabada la Guerra Civil, el cartel termina en la colección privada de Josep Torné que se dedicó a adquirir programas de cine, carteles, tebeos, cromos, consiguiendo una excepcional colección al final de su vida.

Sin embargo, después de su fallecimiento sus herederos decidieron poner a la venta todos estos tesoros, entre los que se encontraba nuestro cartel, que fue adquirido por el Museo Nacional Reina Sofía. En realidad, el lote adquirido en subasta estaba compuesto por 61 carteles publicitarios de finales del siglo XIX y principios del XX. El precio ascendió a 38.000 euros y la subasta tuvo lugar en la casa Soler y Llach de Barcelona. Además de nuestro cartel, se encontraba la mítica imagen del niño de Freixenet y obras de Josep Obiols y Ramon casas, entre otros.


Cartel el niño de Freixenet
El niño de Freixenet

Según cita la jefa del área de colecciones del mueseo, Rosario Peiró, estas piezas van a  formar parte de un proyecto que se integrará dentro de la colección permanente del Museo Reina Sofía, y que pretende mostrar al cartel como “paradigma del objeto artístico al servicio de la sociedad”. 

Hasta aquí la historia de uno de los muchos carteles de la Guerra Civil Española. No será el último porque estas obras de arte son dignas de ser recordadas y porque, aunque las sombras de una dictadura truncaron la trayectoria de muchos artistas y nos robaron el poder disfrutarlas, muchas personas estamos decididas a enseñar lo que se quiso ocultar, lo que se quiso olvidar.

Así que, sí se anima a venir hasta Madrid, no puede dejar de visitar esta muestra de carteles en el Museo Reina Sofia, pero recuerde que no podrá verse hasta el año 2021, cuando en marzo se inaugure esta nueva exposición. Desde luego que yo no pienso perdérmela. Le espero

© María Ángeles Espílez Murciano