Te quedarás de Carmen Nöel

Te quedarás.
Te quedarás sollozando
como sollozan los ríos
cuando desbordan su canto de nacimiento en las cumbres,
como sollozan los sauces
cuando se inclinan al agua
para besar en solemne y perpetuo cortejo
el cristal de su alma.

Te quedarás en mi piel y en mis lágrimas.
Te quedarás en latido y en beso.
Te quedarás adherido al doliente destello
con que el crepúsculo lanza
su amargo grito de adiós engarzado en la llama.
Te quedarás,
palpitante de amor,
sobre las muertas violetas,
entre las horas perdidas,
bajo las nubes repletas;
deshilachado por siempre en belleza y enigma,
como un radiante despertar de invierno
o de primavera.
Te quedarás.
Como se queda entorno el aire abrasado por la hoguera.

Te quedarás dormido,
como un recuerdo triste que navega solo,
y arrastrarás contigo tus palabras frescas,
tus recuerdos dulces,
tu voz reinando sobre enmarañadas brumas
que aún murmuran por ti.
Te anunciarás reapareciendo en los objetos
que dejaste
y a los que arrancaste el alma,
en aquellos que olvidaste en un cajón,
bajo los tristes universos diminutos
que aún palpitan, acariciados por ti.

Te quedarás
desde el gemido gris de tu ropa desierta,
desde tu pelo de algodón clavado en la perpetua manta,
desde aquella última lágrima,
silenciosa y furtiva,
que corrió a refugiarse, caliente, en tu almohada,
desde el rincón al que dejaste mudo,
desde el espejo que asomado a tu tristeza
penetró tu alma.

Te quedarás colgado de tu propia esencia.
Tu dulce sombra volátil tornando desde el absoluto.
La noche anunciará desde la luna
tus cabellos blancos
y el eco cantarino de un arroyo oculto
evocará tu risa.
Y tu recuerdo quedará suspendido
por siempre en mi pecho,
como un dardo impregnado de silencio
temblando entre la nada y las estrellas.

© Carmen Nöel
Imagen de Fabio Grandis en Pixabay