Toledo

Renace en un día venturoso
la primavera
en la imperial Toledo.

Y todo rinde homenaje
a su llegada:
El cielo nítido
la atmósfera preñada
de cálidos efluvios estivales.

Envolviendo la historia
milenaria,
la historia cincelada y engarzada.

Los espejos umbríos
del Tajo
besan las márgenes de
sus ocres riveras.

Y un lumínico verde
tornándose a esfumato
pincela el clasicismo
de sus cigarrales.

¿Quién no adivina
la paleta de Doménico
complacida en esa luz
diáfana y pura?

Trascendida al misticismo
marmóreo de sus mártires
o a níveas  golas
de extintos caballeros.

Solo vestigios del pasado
nos envuelven.

En cada esquina hay 
un tributo a la memoria:
Un Cristo románico
esculpido en piedra
anclado a la angostura 
del medievo.

Y en la oculta hornacina
una imagen Mariana 
traspasada.

Quizá, conceda amores 
anhelados
a cambio de la humilde ofrenda
de un alfiler y
una plegaria.

Toledo:
cantada por poetas
habitada por Reyes
bendecida por Papas.

Toledo:
Hermosa
Misteriosa
Arcaica
Con el embrujo 
de una reina mora.
Con la altivez
de una princesa hebrea.
Con la dignidad
de una reina cristiana.


© Texto de Rosario de la Cueva
Imagen de libre disposición

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