Tormenta

Como cada tarde en los últimos tres meses Romualdo se dirigió a la boca del metro que lo llevaba hasta su casa, en donde una estación recién estrenada acercaba el barrio al corazón de la ciudad. Hoy, la tormenta a punto de descargar le pareció un presagio ominoso; la última vez que llovió no pudo salir del vagón hasta que le sacaron los bomberos. Esperaría a que pasase el chaparrón.

Empezó a sentir hambre y necesidad de beber. Sólo era cuestión de buscar un bar y aprovechar el tiempo en pensar, en discurrir cómo decírselo. Dio media vuelta en busca del establecimiento, pero… El colesterol, los triglicéridos y lo demás, le removieron la conciencia. Regresó al camino cotidiano aceptando que hoy, era un día proclive al cambio de planes.

La tormenta se atormentaba por encima de su cabeza y los nubarrones y el primer trueno lo desconcertaron. Si se daba prisa podía llegar a la estación del barrio antes de que se inundase atrapándolo como a una hormiga la lluvia de primavera; también podía esperar a que descargase el aguacero y seguir analizando la situación.  ¿Qué analizar…? No sabía si irse o quedarse. Todo era un mar de dudas que lo llevó al pleonasmo de todas las salidas posibles: subir hacia arriba buscando un bar, descender las escaleras de bajada al suburbano, correr deprisa, o quietamente esperar. Tendría calma. Lo más importante era cómo planteárselo. Nadie en el instituto contaba con la mejoría, casi milagrosa, del profesor titular; tampoco esta vez había sido su culpa; encontraría otro trabajo, además, las oposiciones estaban al caer y con ellas lo bueno por llegar. Empezaría el discurso con aquello de que, el momento no era fácil para la mayoría; se querían y estaban juntos, eso era lo importante. Rodeos y más rodeos para evitar la frase inevitable: Me he quedado sin trabajo.

Abatido, se sentó en un banco hasta que el agua torrencial de los chuzos de punta de la tormenta seca le empaparon los sentidos.

¿Qué hacer? Sólo podía flotar y, nadando, encontrar la orilla.


De mi libro de Relatos: DESAFINADO

www.soplaralcierzo.com
Fotografía de libre disposición
© Texto: María Cruz Vilar 

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