Tras la puerta
La noche ciega el paisaje, oculta montes cuajados de primavera y muros descarnados de tiempo. La calma envuelve ruinas que fueron pueblo. El silencio avanza, roto por un correr perezoso del río y una pletórica orquesta de ranas al claro de luna, que de vez en cuando calla el canto solemne del búho.
–¿Te acuerdas…?
–No quiero, no quiero volver otra vez a lo mismo.
–Era San Juan y…
–No vuelvas. Estaba escrito que tenía que irse, total… Qué le esperaba aquí… Lo mismo que a nosotros…
–Ni tú ni yo pudimos vencerla.
–No se vence el cerco de la miseria cuando se nace pobre.
–Nunca has tenido esperanza.
–Los años me dieron la razón.
–Quién no espera no encuentra.
–Siempre aguardé un milagro, pero… Es el destino.
–Qué noche tan bonita. Nadie debiera dormir.
–Aquí hace mucho que nadie duerme.
–Aun así… Puede volver y entonces…
–Ni tú ni yo estaremos para darle la bienvenida.
–Qué noche tan bonita.
–Y corta.
–¿Te acuerdas de aquel amanecer…?
–No pude mirarle aun sabiendo que era la última vez que…
–Yo guardo su sonrisa desde esa puerta…
–Hace mucho que la arrancó el cierzo.
–Y la esperanza de que vuelva a abrirse y… Qué noche tan bonita… Lástima que sea tan corta…
–Ya amanece por el collado.
–Y el sol nos negará hasta ser sombras, pero…De aquí no me muevo, aguantaré entre los ladrillos.
–No volverá.
–Siempre estaré esperando tras la puerta. Yo le…
–Los hombres no parimos, pero…
–Era tu sangre… Que noche tan bonita…
Una brisa azul trae el amanecer. Los murciélagos se han ido a dormir, y un alboroto de aviones frenéticos va y viene, sin posarse, engullendo insectos. Entre el azul incipiente aún brilla el lucero del alba. Poco a poco, sin prisa ni pausa, se abre paso otro día, otra espera…
mientras una lagartija perezosa busca el sol entre la enruna.
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© Texto e imagen: María Cruz Vilar
© Imagen cabecera: Encima de la Niebla


