Tras las huellas de Cook, inspirando a Humboldt

Mes de julio, comienzo de un nuevo verano y momento en que muchas personas empiezan sus vacaciones; al menos es lo que opinan nuestros medios de comunicación, que en su típico/tópico de la temporada se empeñan en que todos los españoles nos ajustamos laboralmente al calendario escolar. Y cuando llegue septiembre nos tocará sufrir la tanda de obviedades sobre el final del verano y la que parece ser inevitable depresión postvacacional; la falta de un trabajo estable y dignamente remunerado o el complicado acceso de la gente joven a una vivienda propia ante la locura de precios (tanto de alquileres como de venta) no deprimen a nadie.

Y para celebrarlo/combatirlo no se me ocurre una mejor idea que llevaros a dar una vuelta al mundo, o casi, que nos embarcaremos en las corbetas Descubierta y Atrevida y pondremos rumbo al siglo XVIII para disfrutar de una de las aventuras más apasionantes y espléndidas de todas las que han surcado los océanos de la Tierra. Sí, este mes nos toca acompañar a la Expedición Malaspina en sus intentos de que la Ilustración llegase y arraigara en todos los territorios de aquella España en la que el sol nunca se ponía. Y ya podéis imaginar que fue una tentativa bastante infructuosa, que algo sabemos sobre la historia de nuestro país.

Comienzo pues a contar esta hermosa historia que no tuvo el desenlace final que se merecía.

Estamos en el último cuarto del siglo XVIII y en España reina Carlos III, el cuarto Borbón que reinaba en España en las décadas que habían pasado desde que ganasen la Guerra de Sucesión (1 de noviembre de 1700).  En Europa la Ilustración (ese movimiento cultural e intelectual que sostenía que la razón debía ser la base de todo el pensamiento, combatiendo la ignorancia, la superstición y la tiranía para construir un mundo mejor) se infiltraba poco a poco en todos los sectores de las naciones más poderosas, inspirando grandes cambios en la cultura, la política, la economía y la sociedad de la época. Bueno, no en todas las naciones; al sur del continente quedaba una especie de aldea gala, anclada en el inmovilismo de las clases gobernantes firmemente apoyados por la Iglesia, que vivían cómodamente exprimiendo y dilapidando los bienes que llegaban de todas las tierras que formaban su imperio desde hacía doscientos años, sin darse cuenta de que la vaca estaba a punto de morir por extenuación.

Carlos III fue un rey interesado por la ciencia y la tecnología, de la relojería a la arqueología, de los globos aerostáticos a la silvicultura. Su padre, Felipe V, advirtió la importancia de recuperar el poder naval para controlar la administración de sus territorios ultramarinos en unos momentos en que países como Francia, Gran Bretaña o los recién nacidos Estados Unidos extendían su dominio por todos los océanos del planeta. Para ello fomentó la marina estatal con planes para la Armada puestos en marcha por estadistas con ideas ilustradas como Patiño, Ensenada y Valdés y que abarcaban desde la formación científica de los oficiales hasta una fuerte infraestructura institucional, principalmente concentrada en Cádiz. Un apunte a modo de anécdota fue precisamente Valdés quien propuso (a Carlos III) la bandera roja y gualda como símbolo nacional (hacia finales del siglo XVIII).

Y ahora que ya nos hemos situado en el entorno histórico adecuado, es hora de hablar de nuestro protagonista y de sus compañeros de aventura. Nace Alessandro (o Alejandro) Malaspina en 1754, en Mulazzo (una región montañosa entre Liguria y la Toscana), en una familia de origen aristocrático. Después de vivir en varias ciudades italianas cursando estudios (en una institución docente que instruía tanto en las disciplinas clásicas como en las nuevas ciencias, especialmente la filosofía experimental), abandona Roma en 1773 y es investido como caballero de Malta en la Valeta. En ese mismo año se embarca por el Mediterráneo persiguiendo piratas berberiscos; a finales de 1774 ingresa como guardia marina en Cádiz y durante los siguientes catorce años se forma como oficial científico, tanto en las aulas como en el mar. Participó en el socorro a Melilla, fue ascendido a alférez de fragata y después a alférez de navío y en enero de 1778 cruza por primera vez la línea ecuatorial, llegando hasta Filipinas. Participa en diversas batallas, asciende rápidamente en el escalafón militar y al acabar la guerra anglo-española ya era capitán de fragata; es interesante señalar que durante esos años se le abrió un proceso inquisitorial por defender la reencarnación de las almas. 

En 1783 la Armada pone en marcha el Curso de Estudios Mayores (un antiguo proyecto del marino y científico Jorge Juan, a cuya vida dedicaré un artículo en un futuro, esperemos que no muy lejano), de una exquisita ambición científica y que convirtió a los marinos militares en los mejores científicos del país en esa época; estudiaban navegación astronómica, cálculo infinitesimal, álgebra, trigonometría esférica, levantamiento de cartas, hidrostática, construcción naval, óptica y física experimental. Malaspina coincide en Cádiz con algunos de sus futuros compañeros de expedición como Alcalá Galiano, Espinosa, Juan Belmonte y Vernaci. A pesar de la dureza de los estudios Malaspina siguió navegando e incluso capitaneó la vuelta al mundo de la fragata Astrea (1786-1788), en un viaje de gran envergadura, tanto náutica como comercial. A la vuelta ya era considerado un experto navegante y un oficial científico, con grandes conocimientos en física newtoniana y experimental, (¿cómo no recordar en este momento al elegante y refinado Stephen Maturín, el naturalista -sobre todo ornitólogo- y cirujano de Master and Commander, interpretado por Paul Bettany?).

Y en aquel momento, 10 de septiembre de 1788 para ser más exactos, Malaspina junto a su amigo José Bustamante y Guerra le proponen al ministro de Marina Antonio Valdés (y a través de él al rey Carlos III) una expedición científica y disciplinarmente enciclopédica (ay, esa Ilustración que se destilaba por todos los poros de la Marina) emulando las realizadas por Cook y La Pérouse para las coronas inglesa y francesa, respectivamente. Entre otros objetivos destacaban la realización de cartas hidrográficas de las regiones más remotas del imperio para mejorar la inexperta navegación comercial, diferentes investigaciones científicas y el análisis de la situación política de las tierras de ultramar (esta última, una misión reservada, del tipo only for your eyes, es decir, totalmente confidencial).

No se escatimaron fondos para proveer a la expedición. Se construyeron dos nuevas corbetas, la Descubierta (capitaneada por Malaspina) y la Atrevida (bajo el mando de Bustamante), nombradas así en homenaje a las naves de James Cook, Discovery y Resolution. Se asignó una tripulación de 204 hombres entre los que se contaban los mejores oficiales hidrógrafos y astrónomos (Juan Gutiérrez de la Concha, Felipe Bauzá, José Espinosa y Dionisio Alcalá-Galiano), dieciocho oficiales, tres naturalistas destacados (Antonio Pineda, Louis Née y Tadeo Haenke), dos médicos cirujanos, dos capellanes, cuatro pilotos, el profesor de pintura José del Pozo, los pintores José Guío y Fernando Brambila, y el dibujante y cronista Tomás de Suria. Bustamante se encargaba de la logística y de contratar a la tripulación mientras que Malaspina se ocupó de conseguir el material científico, poniéndose en contacto con archivos, bibliotecas, academias y sabios de Europa y América (como Banks, Lalande, Berthoud, Dalrymple y Spallanzani). Se adquirió el instrumental científico-técnico o se hizo construir expresamente, en talleres de Londres y París, también en algunas casas de Madrid y en el Observatorio de la Marina de Cádiz.

Y con todo el material listo (el más avanzado, completo y complejo de la época) y la tripulación presta, la expedición partió el 30 de julio de 1789 desde el puerto de Cádiz, al mismo en que regresarían cinco años más tarde, el 21 de septiembre de 1794, escoltadas por una fragata de guerra para evitar el ataque de las naves francesas (España estaba en guerra desde 1793 con la Francia revolucionaria, la llamada guerra del Rosellón, de los Pirineos o de la Convención). De hecho, la mencionada guerra fue el motivo por el que la vuelta al mundo no se pudo completar y desde Cantón y Manila volvieron a cruzar el Pacífico para regresar por el mismo camino que a la ida, ya que regresar por el océano Índico y el cabo de Buena Esperanza les obligaba a fondear y abastecerse en lugares bajo el dominio francés.

mapa

En el mapa se puede observar el recorrido de las naves tanto en camino de ida como de vuelta. Después de pasar por las Canarias, desembarcaron en el puerto de Montevideo, reconocieron las Malvinas y la costa de la Patagonia, bordearon el Cabo de Hornos y ascendieron por la costa del Pacífico hasta San Carlos, el punto más meridional de las tierras coloniales españolas en esas costas. Visitaron y exploraron -entre otros muchos lugares e islas- Concepción, Valparaíso y Coquimbo en Chile, El Callao en Perú, Guayaquil y Panamá llegando hasta Acapulco (abril de 1791). Allí reciben órdenes directas del rey Carlos IV (Carlos III había muerto a finales de 1788) de buscar el mítico (e inexistente) Paso del Noroeste, que debía unir el Atlántico con el Pacífico sin tener que llegar al Ártico; por culpa de esta nueva misión, Malaspina hubo de anular el viaje hasta las islas Hawaii para colonizarlas, como pretendía. Mientras los naturalistas se quedaron en Acapulco recopilando información de la zona, las naves llegaron hasta la bahía de Yakutat y el fiordo Prince William en Alaska. Comprobada la ausencia de dicho paso volvieron a Acapulco después de pasar por la isla de Vancouver (allí estaba el puesto español de Nutka) y Monterrey. El virrey de Acapulco les ordena reconocer y cartografiar el estrecho de Juan de Fuca (bordea la isla de Vancouver por el sur y actualmente es causa de disputas fronterizas entre EEUU y Canadá); para ello requisan un par de naves pequeñas (la Sutil y la Mexicana) que bajo el mando de Alcalá Galiano y Cayetano Valdés, respectivamente, realizan la tarea añadida. Mientras tanto, la Descubierta y la Atrevida cruzan el Pacífico a través de las islas Marshall y las Marianas y fondean en Manila (marzo de 1792). Allí se separan las dos corbetas; la Descubierta explora las costas filipinas mientras la Atrevida se dirige a Macao. En noviembre de 1792 vuelven a juntarse y navegan a través de las islas Célebes y las islas Molucas hasta a la isla Sur de Nueva Zelanda, cartografiando el fiordo de Doubtful Sound (febrero de 1793) y dejando unos cuantos nombres españoles en los mapas de esa región (Febrero Point, Bauza Island, Pendulo Reach y Malaspina Reach). Por cierto, Cook no se atrevió a entrar en dicho fiordo por si no era navegable. Ya en su camino de vuelta hacia España hicieron escala en Sidney (colonia inglesa), el Callao, la isla de Vava’u y las Malvinas. De nuevo se vuelven a separar; la Atrevida se dirige al sur y verifica los descubrimientos de las Antillas del Sur, islas subartánticas actualmente conocidas como Georgia del Sur y Aurora, avistó la principal de las islas Cormorán y también la isla de Rocas Negras. Hoy en día, tanto Reino Unido como Argentina tienen reclamaciones territoriales sobre todas ellas (lo mismo que con las Malvinas). Regresan todos a Cádiz el 21 de septiembre de 1794, como anteriormente comenté.

Cook

La amplitud de las tareas científicas abordadas por la expedición causan autentico asombro: astronomía, hidrografía, botánica, zoología, mineralogía y estudio comparado del suelo, minería y sus técnicas, estudios sobre la historia prehispánica, etnografía indígena y sus lenguas, farmacopea, salubridad ambiental, recursos vivos y minerales, caminos y comunicaciones, historia antigua y fundación de ciudades, acuñación de moneda, urbanismo, impuestos, tráfico marítimo, aduanas construcción naval, universidades, hospitales, censos eclesiásticos y de población, además de un exhaustivo estudio físico- geográfico y etnográfico y cientos de representaciones artísticas de ciudades, animales, plantas y tipos humanos de cuantos lugares visitaron. Fueron los primeros en describir especies como el ajolote, un animal endémico de México, aunque su descubrimiento se atribuyó más tarde al explorador Alexander von Humboldt. Descubrieron más de 357 especies de aves, 124 de peces, 36 cuadrúpedos y 21 anfibios desconocidos hasta la fecha, trajeron muestras de 14.000 plantas y una gran cantidad de semillas, la mayoría de las cuales se encuentran hoy en el Jardín Botánico y en el Museo de Ciencias Naturales de Cádiz. Los dibujantes de la expedición realizaron un gran trabajo artístico pintando casi un millar de imágenes de plantas, animales, paisajes y escenas descriptivas de las costumbres y tradiciones de los pueblos que visitaron. Todos estos dibujos, junto con el diario de Malaspina, se conservan digitalizados en la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa.

A su regreso, Malaspina adquiere una fama similar a la de Cook (siendo un serio candidato para el ministerio de Marina), pero el informe confidencial presentado a Carlos IV (en el que reflejaba la corrupción en las colonias y recomendaba dar más autonomía a los diferentes territorios a fin de evitar las ansias de independencia de los criollos, como había ocurrido en los EEUU y como pasaría en el futuro con las posesiones españolas). Godoy, el valido del rey, le acusó en un principio de haberse apropiado de una de las islas descubiertas y más tarde, directamente de traición (una mezcla de celos por su popularidad y temor a sus ideas reformistas y claramente ilustradas). Fue desterrado (abril de 1796) durante 10 años al castillo de San Antón en la Coruña, aunque poco más de seis años después, por intermediación de Napoleón, se le deportó a Italia y se le prohibió regresar a España. Muere en Pontremoli el 9 de abril de 1810. A consecuencia del proceso, sus trabajos quedan relegados, apenas se publicó un atlas con 34 cartas náuticas e incluso se intentó eliminar los materiales obtenidos en la expedición, pero el Ministerio de Marina logró preservar una parte (se llegaron a vender mapas a Inglaterra e incluso se encontraron algunos diarios de Malaspina en San Petersburgo, sin que se conozca quienes fueron los culpables).

La mayoría de esos trabajos quedaron inéditos hasta 1885, cuando el teniente de navío Pedro de Novo publica la obra Viaje político-científico alrededor del mundo de las corbetas Atrevida y Descubierta al mando de los Capitanes de Navío Alejandro Malaspina y José Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794. En él recopila lo que se pudo recuperar del material que reunió Malaspina, aunque hay bastante que se perdió para siempre. Así pudo devolverse el honor perdido a Malaspina, reivindicando el gran éxito y los avances científicos de la expedición.

Ya estoy acabando, pero quiero mencionar que diversas instituciones españolas pusieron en marcha una gran expedición científica de circunnavegación que recibió el nombre de este marino en reconocimiento a su aportación: la expedición Malaspina (2010-2011), un proyecto interdisciplinar liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para evaluar el impacto del cambio global en el océano y estudiar su biodiversidad. La expedición contó con el apoyo de la Armada Española y de la Fundación BBVA. De diciembre de 2010 a julio de 2011, más de 250 (400 según algunas fuentes) científicos a bordo de los buques de investigación oceanográfica Hespérides y Sarmiento de Gamboa participaron en la expedición.

En 2004 se celebró el 250 aniversario del nacimiento de Malaspina y en 2005 y 2006 el Ministerio de Cultura patrocinó la exposición Ciencia y Música en América y el Pacífico y la ópera Malaspina con el patrocinio también de una rama de la familia Malaspina (de Atlanta y Luxemburgo).

Y hasta aquí he llegado este mes. Espero que su historia os haya fascinado y sorprendido tanto como a mí. Siempre es un placer destapar personajes y situaciones que pasan desapercibidas ante los ojos del público. Nos vemos el mes que viene, posiblemente sin hablar de ciencia, aunque nunca hay que fiarse de mis vaivenes articulistas. Sed felices y que el calor os sea leve.

Cook

Biblioteca Nacional de España, Concepto, CSIC-Real Jardín Botánico, El Confidencial, El Tiempo, Fundación BBVA, La Vanguardia, Ministerio de Defensa, Museo de América, Museo Naval, National Geographic, Náutica Digital, Real Academia de la Historia, Scielo, Sociedad Geográfica Española (SGE), Tras la última frontera, Viajando por el mundo, Wikipedia


© Carmela Pérez Nuñez

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