TRENDING TOPIC (o como la verdad nos hará libres)

¡Ey, ey, ey, no te pierdas esto! Destapa la felicidad y atrévete a soñar. Entra, sal, sube, baja y entra una vez más, porque yo lo digo. Confía en mí, que sé lo que me hago.
Los siete pasos de la felicidad, el arte de la sanación, cómo ser más productivo, el decálogo del amor, biodescodifícate, investiga tus constelaciones familiares, sana tu karma, hazte un injerto de pelo en Turquía.
Entiéndete con Cristo, adquiere el último modelo antes de que se agote.
Sé más productivo, más ambicioso, sube un escalón en la cadena alimenticia.
Chúpale el culo a tu jefe.
Consume con moderación (¡pero consume!). Escribe, viaja, lee, practica yoga y mindfulness, risoterapia, chi kung y zumba. Aprende laosiano, tibetano y arameo. Lo raro es muy cool, está de moda.
No te relajes jamás.
Cómo ser más exitoso, más sumiso. Consigue miles de seguidores, hazte influencer, invierte en criptomonedas, gánate la vida sin levantar el culo del sofá. El éxito siempre a tu alcance, el arte de amar, las mil posturas sexuales en la cama, pasión de gavilanes, cotiza en bolsa, vive hasta saciarte, come sano y llega a anciano, estate al loro de las últimas tendencias.

Bla bla bla…

Consejos vendo que para mí no tengo. Soluciones mágicas a domicilio de una sociedad enferma.

Y mientras tanto, en el salón de casa…

– Mamá, ¿seré tan tonto como parezco?
– Oye, pues quién sabe hijo, ¿tú te has escuchado al hablar?
– Jo mamá, ya sé que balbuceo como si tuviera un calcetín en la boca, pero ¡es que no soporto la obsolescencia programada de mi voz!
– ¡Menuda estupidez, hijo! Quizás sí seas un poco idiota, ¿no crees?

Silencio incómodo.

– Mamá, cambiando de tercio, estoy convencido de que a esta película de Hollywood sobre marcianos le deberían dar el Oscar.
– Gensanta, ¿pero qué demonios se te ha perdido a ti en joligud hijo mío?
– Nada mamá, nada.
– Pues eso.

Nuevo silencio tenso.

– ¿Y seré estúpido por amar los colores de una bandera?
– Contéstate tú mismo, hijo, que ya tienes cuarenta tacos joder.
– No, ahora en serio mamá, ¿tan malo es ser idiota?
– Obsérvate hijo y respóndete tú mismo, ¡por amor de dios!

Pausa para la publicidad.

– ¿Seré idiota toda la vida?
– Sin duda hijo, y cuanto más asumas tu idiotez y te rías de ella, más te sonreirá la vida.

Y una voz en off como de narrador omnisciente repite esta última frase con tremendo dramatismo:

Y cuanto más asumas tu idiotez y te rías de ella, más te sonreirá la vida.

Sonido de claqueta.

Corteeeeeen. Y ahora unos cuantos consejos publicitarios.

Amén.


© José María Atienza Borge