Un siglo de la escuela Bauhaus

En muchas ocasiones nacen artistas o movimientos que son tan transgresores que superan nuestro entendimiento, surgiendo el rechazo, la crítica. Pero, a menudo también, estos movimientos acaban asentándose en el tiempo, que los convierte en casi imprescindibles para la evolución de la cultura, el arte o el diseño. Algo así ocurrió con la Bauhaus, una escuela que revolucionó el diseño y que actualmente, aún se nos antoja innovadora y eso… después de más de un siglo de historia.


Nacimiento de la Bauhaus

La escuela surgió de la necesidad ya conocida en otras épocas históricas, de reformar el arte, siendo profundamente antiacadémica, convirtiéndose en un centro experimental del arte.

Pero vamos a situarnos en el contexto histórico. Bauhaus fue fundada en Weimar en 1919. Teniendo en cuenta que la Primera Guerra Mundial, acabó un año antes, estamos hablando de que su nacimiento coincidió con el de una Alemania devastada por la guerra.

Sin embargo, una forma de situar a Alemania en un mercado mundial consistía en perfeccionar la calidad de los objetos industriales, haciéndolos bellos e innovadores. Tanto es así que muchos de los objetos surgidos de la Bauhaus son, hoy en día, totalmente contemporáneos y por esta razón Bauhaus es considerada como la primera escuela de diseño del mundo.


Primera época: Su fundación por Walter Gropius

Durante el primer periodo (1919-1923) de la Bauhaus, la escuela estuvo bajo la dirección de su fundador, el arquitecto Walter Gropius, en Weimar, Alemania.

Vestíbulo de la Universidad-Bauhaus de Weimar con escalera Jugendstil.
Vestíbulo de la Universidad-Bauhaus de Weimar con escalera Jugendstil.
Imagen de Hans Weingartz – Fotografía propia

El método de estudios consistía en un curso preliminar de 6 meses, muy innovador en el que los alumnos hacían un poco de todo, clases de teatro, danza, escultura, ebanistería o fotografía, al objeto de encontrar su orientación artística.

Después pasaban a una enseñanza basada en talleres, donde los estudiantes trabajaban al lado de profesores, como Gropius en el taller de muebles, Schlemmer en escultura de piedra y Kandinsky en pintura mural.

En blanco II, óleo sobre lienzo de Vasili Kandinsky (1923), de su periodo en la Bauhaus.
En blanco II, óleo sobre lienzo de Vasili Kandinsky (1923), de su periodo en la Bauhaus.

Segunda época: La Bauhaus de Dessau

Pero la Bauhaus no estaba exenta a los vaivenes políticos y en 1924, los liberales que apoyaban a la Bauhaus fueron derrotados en las elecciones locales y el nuevo partido conservador dejó de transferir fondos al centro de estudios.

Esto obligó a que en 1925 la Bauhaus tuviera que cerrar sus puertas. Pero, la escuela logró abrir nuevamente en Dessau, gracias al gobierno local.

Gropius diseñó lo que, con el tiempo se convertiría en una de las edificaciones más emblemáticas en el ámbito de la educación y la arquitectura.

La Bauhaus de Dessau

Los talleres, a pesar de todas estas vicisitudes, siguieron a cargo de figuras destacadas como Wassily Kandinsky, maestro del taller de pintura mural o Herbert Bayer que primero fue alumno y posteriormente fue nombrado profesor del taller de tipografía y diseño gráfico. Desde ese espacio, en 1925 diseñó una fuente «universal», sans serif  y también tendría gran influencia en marcas tan emblemáticas como Apple, pero para eso aún falta algo de tiempo….

Y así fue como la Bauhaus alcanzó su madurez….hasta que llegaron los nazis.

fuente «universal», sans serif

Tercera época: la llegada de los nazis

La tercera época de la Bauhaus estuvo impregnada de tristeza y persecución pero el arte resistió hasta el último momento.

Y es precisamente de esa época una artista, de las pocas profesoras de la Bauhaus, que seguro recordaran por uno de sus diseños más emblemáticos, estoy hablando de Lilly Reich, que impartía talleres de diseño de interiores.

En 1929 participó junto con el arquitecto Mies van der Rohe, último director de la Bauhaus, en el pabellón Alemán para la  Exposición Universal de Barcelona en 1929, y de ahí surgió una de sus obras más conocidas: la silla Barcelona.


Finalmente, en 1933 el partido nazi cerró la escuela por lo que deciden trasladar la Bauhaus a Berlín, en un edificio de telefonía pero solo logró sobrevivir hasta abril de ese mismo año. La Bauhaus insistía en que no tenía implicaciones políticas pero…. Los nazis la consideraban un centro de «bolchevismo cultural».


Después de su clausura, el exilio

Tanto talento no podía morir, así que László Moholy-Nagy, llevo a la escuela hasta el exilio americano y así fue como en 1937, la New Bauhaus abrió sus puertas en Chicago.

La idea de integración de la tecnología con el diseño no fue indiferente para alguien que estaba consiguiendo una popularidad abrumadora, nada más y nada menos que Steve Jobs.

Bayer, uno de los profesores de la Bauhaus exiliado, se la mostró a Jobs que no dudo en introducirla en los modelos de Apple, dotándolos de esa funcionalidad y diseño tan característica de la marca, y que tanto enamora a sus usuarios y no usuarios.


La Bauhaus en la actualidad

Y que ha pasado hoy con la escuela… Pues ha sido la Unión Europea, la última en interesarse por su futuro y la propuesta ha surgido de la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, que en su presentación la definió como “un espacio de cocreación donde arquitectos, estudiantes, ingenieros y diseñadores trabajen juntos para repensar nuevas formas de vivir más sostenibles, bellas y en comunidad”.

Lo cierto es que, con la necesidad de hacer este mundo más sostenible, el espíritu de la Bauhaus adquiere más fuerza que nunca. Objetos, arquitectura y diseños bellos pero sostenibles con nuestros hábitats, que a la vez sean tecnológicamente eficientes.

Como decía al principio de esta colaboración, después de un siglo de historia la Bauhaus sigue siendo rompedora e innovadora, y me permitirá mi querido lector una pequeña reflexión: es ese espíritu de colaboración de disciplinas de unir funcionalidad y tecnología con belleza lo que la hace y la hará siempre grande e imprescindible ¡Larga vida a la Bauhaus!


© María Ángeles Espílez Murciano

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