Una confusa pasión

Con el paso del tiempo, la sociedad ha experimentado múltiples cambios en cuanto a la forma de ver las cosas, los puntos de vista cada vez han sido diferentes en base a muchos temas, el sexo, por ejemplo, ha pasado de ser un tabú a ser un tema totalmente abierto y liberal en nuestros tiempos. Muchos ven dicho asunto como un arte, otros como una adicción y otros como una forma apasionada de vivir, tal era el caso de Jennifer, una hermosa morena caribeña a quien todos deseaban y pocos poseían, quienes lo lograban se daban cuenta de que no era una mujer cualquiera, su forma de hacer el amor habría hecho sonrojar de vergüenza a la mismísima diosa Afrodita.

Jennifer era una chica de esas cosmopolitan que llaman hoy día, de lunes a viernes era una elegante abogada que trabaja para un conocido y prestigioso bufete de la ciudad. Bajo aquella estampa de ejecutiva, vivía la esencia de una ardiente mujer adicta al sexo y la pasión, buscaba saciar su sed en clubes nocturnos los fines de semana, pero a pesar de su apetito voraz de lujuria, no se deleitaba con cualquiera. Un sábado por la noche, visitaba uno de los lugares que solía frecuentar, así como era en la cama, también lo era en la pista de baile, muchos eran los sujetos que prácticamente hacían fila para bailar con ella y obtener una noche y disfrutar de sus talentos, cosa que realmente no era nada fácil.

Un sujeto que nunca se había visto en el lugar, luciendo totalmente diferente al resto de los demás, estaba sentado en la barra tomando un trago, llamó la atención de Jennifer, tanto que hizo algo poco usual, se acercó y pidió que le invitara a un trago, el tipo accede pero de una forma bastante desinteresada, cosa que llamó aún más su atención, así que intenta buscarle conversación sobre cualquier tema, el tipo le responde en todo momento pero de forma seca y monosílaba. Esto parecía de alguna manera muy atípica, gustarle mucho a Jennifer, así que se juega su última carta bajo la manga. En ese momento el ambiente musical cambió a salsa y ella lo invita a bailar.

La atención de los presentes se centró en la peculiar pareja bailarina, aquello resultó ser todo un desborde de pasión al ritmo de la música, para Jennifer todo aquello resultaba fascinante y, sobre todo, excitante puesto que nunca había bailado así en su vida, nunca había danzado de manera tan fogosa con alguien. Cada paso, cada giro, cada movimiento eran un orgasmo tropical para ella. Una vez que terminan de bailar, en medio de los aplausos y la algarabía de los presentes, toma al sujeto de la mano y se lo lleva a una de las habitaciones del lugar, sin saber si quiera su nombre.

Una vez en el lugar, el acto de lujuria desenfrenada no se hizo esperar, la escena sexual habría intimidado a cualquiera, Jennifer sentía como satisfacía su voraz apetito sexual, era quizás la primera vez que se sentía así. De pronto ella sintió como el ambiente de la habitación se humedecía cálidamente, había un vapor muy denso, sentía como la temperatura de su acompañante subía cada vez más, al punto de sentir que casi la quemaba, comienza a forcejear con el sujeto para soltarse, pero era inútil, estaba aferrada a él, mientras éste tan solo seguía en lo que estaba haciendo, como si ignorara lo que a Jennifer le estaba pasando, pero resulta que sabía perfectamente lo que sucedía. Todo aquello era provocado por él mismo, fue solo cuestión de tiempo para revelarse así mismo, quien era en realidad.

– Tu adicción a la lujuria ha llamado mi atención desde hace tiempo, sé perfectamente quién eres, te consumiré y serás mía por siempre.

– Basta por favor, déjame ir— suplicaba Jennifer mientras se marchitaba lentamente.

Aquel demonio la devoró apasionadamente por completo al punto de no quedar nada en la habitación. Las personas que siguen frecuentando el club, afirman que se pueden oír gemidos y gritos de auxilio en los pasillos de las habitaciones.

Texto © Oskar Quevedo
Fotografía © Loryn