Una copita de tranquilidad

El último mes del año tiene un suspiro guardado. Una nota a las Autoridades con quejas e ilusiones.  En las puertas de diciembre el poema tose y no se trata de los primeros fríos, tose los versos que no han podido ser poema, la tinta que no encontró su espejo de letra.

Se nos vienen los números en diciembre y como en un caminador eléctrico avanza la mente solo para ejercitar sus infatigables músculos. Las sirenas personales se activan. ¿Será que el cansancio intenta bosquejar la vida?

¡Estamos vivos, diciembre! Te escribimos con todas las letras. Y con la palabra  “salud” en la arena de esta playa tan humana, desearemos que el mar veintiuno nos espume los pies. Gracias, aquí estamos.

Mientras caminan los días encenderemos luces los que sabemos esperar tiempos mejores. Algunos lo hemos aprendido en tiempo real, en la escuela Tierra. Otros, lo han traído desde el útero mismo o quizá desde el principio del principio. Todos estos aprendices de humanos nos volveremos árboles navideños, cálidos pesebres, dulces turrones para mitigar lo amargo.

Choquemos entre todos una copita de tranquilidad.


Ilustración de Fernando Irecio
Ilustración de Fernando Irecio

© Lucía Borsani
Ilustración © Fernando Irecio