Una vida después de la vida

Una mujer embarazada llega al hospital con fuertes dolores: está a punto de dar a luz. Se encuentra cansada y aún no está en el último mes de gestación. Lleva varias semanas que el agotamiento es tan grande, que apenas puede relajarse. El dormir pasó a la historia hace ocho meses.

Hoy, los pequeños, llevan el día revuelto dentro de ella y se encuentran intranquilos, llenos de emociones y con sentimientos contradictorios. El motivo que los lleva a discutir en el vientre de su madre es realmente sobre la verdad que existe una vez que saliesen al mundo exterior. Ambos se comportaban como si los arcángeles batallasen en el cielo para que el infierno no se quedase con el trono del Señor.

– ¿Tú crees en la vida después del parto? -le decía un hermano al otro.

– Claro que sí, algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que nos encontremos más adelante.

– ¡Tonterías!, no hay vida después del parto -continuó insistiendo- ¿Cómo sería esa vida? Nadie la conoce, nadie ha estado y ha vuelto para contarlo. Aquí estamos muy a gusto. Debemos vivir el ahora y quedarnos con lo que tenemos. Luego quien sabe, se acabó lo que se daba y ya no habrá más tiempo de donde sacar.

– ¿Tú no crees que haya otra vida después de esta? -le preguntó el hermano más sereno- Estoy convencido de que cuando se acabe esta vida, otra mejor nos espera ahí fuera.

– Que ingenuo eres -frunció el ceño.

– En absoluto, hermanito. Estoy convencido que existe algo más afuera y que aquí solo estamos de paso -le dijo a su gemelo irritado- No lo sé, pero tengo la certeza de que habrá una luz que será la que nos guie. Tal vez caminemos con nuestros propios pies, utilicemos nuestras manos y nos alimentemos por la boca.

– ¡Eso es absurdo!… Caminar es imposible y, ¿qué es eso de comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos, el que nos da sustento y nos hace que vivamos felices. Te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto y no sobreviramos sujetos a él.

– Pues yo creo que debe haber algo -siguió diciendo el más optimista- Tal vez sea distinto a lo que conocemos hoy en día, algo más de lo que estamos acostumbrados a tener aquí. Tendríamos más atenciones, oiríamos esa melodía que mamá nos pone y estaríamos más mimados y queridos. Yo sí creo en esa vida, no puedes acomodarte.

– Yo ya me siento querido, me quiero yo y punto -refunfuñó.

Ambos niños se quedaron en silencio mientras sentían que algo les seguía enturbiando. El más inquieto volvió a removerse.

– Sigo insistiendo que nadie ha vuelto del más allá para confirmarnos que eso sea cierto, nadie después del parto. Estoy convencido de que el parto es el final de la vida y, a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no nos lleva a nada.

– Yo no lo veo así. Esta vida es la continuación de la siguiente. Aquí te formas como persona, empiezas a sentir y a tener sensaciones, a tener conocimiento de que para algo has sido creado, para algo que te hace válido. Cierto es que tenemos limitaciones, pero aquí seguimos adelante y cogiendo fuerzas para la siguiente etapa. Yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará.

– Mamá… ¿tú crees en mamá? ¿Y dónde crees que está ella? -siguió preguntando el más rebelde.

– ¿Dónde?, mira que eres escéptico. Mamá está en todo nuestro alrededor. Respiramos por ella, comemos por ella, nos formamos por ella. En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.

– ¡Pues yo no me lo creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto, es lógico que no exista. ¿Qué razones hay para ello? Dicen que sufres cuando te vas de esta vida.  Además, si mamá existiese, ¿por qué hay niños como nosotros que desaparecen de su lado? Si existiera mamá, no lo consentiría.

– Porque hay mamás que no están preparadas para ello y les da miedo o simplemente no pueden afrontarlo. Mamá tampoco es perfecta y también se equivoca. Pero ella nos creó para ser una extensión de sí misma, aquella que nos da amor incondicional y nos cuida como lo hace ahora. Alguien que nos enseña a vivir la vida.  

– No creo que mamá una vez fuera, siga cuidando de nosotros -prosiguió.

– Yo creo que sí -continuó diciendo su hermano- A veces, cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantar o sentirla cómo acaricia nuestro mundo… ¡Sabes!, yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella…

– No sé qué decirte –se calmó- Hasta que no lo vea, no puedo creer en ella.

– Pues yo sí creo -sonrió- Tengo fe en ella.

– Ya, pero ahora estoy bien, ¿qué pasará cuando tenga frio?

– Ella te arropará.

– ¿Y cuando tenga miedo?

– Ella te acunará.

– No quiero irme de esta vida. Me encuentro a gusto, cierto que ya no entramos aquí los dos, pero es nuestra vida. ¿Y si ahí fuera no vuelvo a verte? Tengo miedo de que todo se acabe.

– Seguro que seguiremos juntos.

El más prudente buscó las manos de su hermano y se las agarró con fuerza. Este por su parte se acurrucó a su lado. Y tras un momento de paz, ambos sintieron que su mundo se removía de nuevo y que algo no marchaba bien.

– ¿Qué es lo que está pasando? – dijo uno de ellos.

– ¿Qué ya llegó nuestra hora?

– ¿Y ahora qué? -balbuceó.

– Que esta vida se acaba y nos volveremos a ver en la siguiente.

– Pero, ¡yo no quiero irme!

– No te preocupes, yo estaré a tu lado. Lo que tiene que llegar, llegará y esos miedos que tienes ahora no van cambiar este momento. Llegamos a esta vida sin nada y solo te llevas lo bueno que has vivido en ella, todo lo demás es prestado…

… Nos vemos con mamá.


@ Texto: Jesús M.ª Salvador
@ Imagen de Amina Filkins en pexels

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