Vacaciones inolvidables en Arica

En mis primeras vacaciones de recién casada viajamos, mi marido y yo, en nuestro Fiat 600 rumbo al norte del país.  Después de recorrer un poco más de 800 kms llegamos a nuestra primera escala: Copiapó, a la casa de unos amigos con quienes disfrutamos un hermoso fin de semana.

Para nuestro segundo destino, Antofagasta, tuvimos que atravesar 550 kms de desierto. Me había preparado para un viaje monótono y aburrido pero el desierto me cautivó, fue una increíble experiencia sensorial: nos sumergimos en un silencio profundo y relajante, con aroma a tierra seca, bajo un sol brillante que pintaba tonos dorados, cobrizos y verdosos en las ondulantes dunas que nos acompañaron todo el trayecto. En cada curva se revelaba alguna sorpresa: salares brillantes como espejos, lagunas escondidas, espejismos sobre el pavimento, la mano gigante del escultor chileno Irarrázaval, una cuna de fierro con ramos de flores secas, un caballo embalsamado con sombrero de paja, entre otros.

Para los últimos 750 kms que faltaban hasta nuestro destino final, Arica la ciudad limítrofe con Perú, decidimos viajar de noche en un autobús. No pude dormir pues sabía que era un camino peligroso y el asiento del bus no era cómodo para conciliar el sueño. Pero el sacrificio valió la pena, al llegar lo primero que pude ver fueron sus doradas playas de aguas tranquilas y cristalinas, con enormes palmeras por doquier ¡Algo inimaginable en pleno desierto de Atacama! 

Salimos a recorrer la ciudad y nos encontramos con su rica herencia cultural: monumentos arquitectónicos como la Catedral de San Marcos y la Aduana diseñados por Gustav Eiffel, el Morro de Arica, un imponente promontorio que se alza sobre la ciudad para recordarnos la grandeza del ejército chileno en la Guerra del Pacífico. La visita al mercado fue el broche de oro para ese primer día: la gran variedad de artículos elaborados por artesanos de los pueblos originarios Aymará y Quechua, cuyos diseños con colores llamativos y figuras geométricas nos cautivaron. No pudimos evitar la compra, casi compulsiva, de bolsos, mantas, chalecos de alpaca, entre otros.

El segundo día subimos hasta la cima del Morro, mientras serpenteábamos sus laderas se nos ofrecían panorámicas espectaculares de la ciudad. Ahí visitamos el Monumento al Soldado Desconocido, el lugar donde se izó por primera vez la bandera chilena y el Museo Histórico y de Armas para mayor comprensión de la Guerra del Pacífico.

Gozamos con la gastronomía local, mariscos frescos, platos tradicionales como ceviche, picante de guatita, fricasé y los deliciosos jugos naturales elaborados con frutas subtropicales como guayabas, mangos y papayas.

 Disfrutamos una tarde en la playa La Lisera.  El mar tranquilo y de aguas cálidas me permitió nadar relajada durante horas, como cuando era niña y podía soportar las frías y agitadas aguas del resto del país. ¡Me tenían que sacar a la fuerza! Salía tiritando y con mis dedos deshidratados. ¡Hoy apenas puedo mojarme los pies!

El tercer día viajamos a Tacna, la ciudad peruana limítrofe. No estaba funcionando el tren por lo que tuvimos que ir en un colectivo para ocho pasajeros. Poco antes de llegar a la aduana, tres peruanas, vestidas con sus trajes típicos (polleras o faldas largas y anchas, chales o mantas y sombreritos de ala ancha) sacan de unos bolsillos que tenían en sus enaguas, mercadería que querían pasar de contrabando y las distribuyeron entre el resto de los pasajeros. No alcancé a reaccionar y tenía un frasco de duraznos al jugo en mi mano. Por suerte los gendarmes fueron rápidos en los trámites fronterizos y me pude librar rápidamente del encargo inesperado.

Paseamos por la ciudad admirando sus casonas coloniales, iglesias y el Mercado Central. Allí almorzamos en uno de los restaurantes del segundo piso: de aperitivo un delicioso Pisco Sour, un sabroso ceviche de entrada y como plato de fondo Picante a la tacneña para mi marido y Adobo tacneño en fuente de greda para mí. No pude resistirme a un delicioso suspiro limeño como postre. ¡¡Creo que subí un kilo con ese opíparo almuerzo!!! Después recorrimos los diferentes puestos del Mercado, quedamos sorprendidos por la limpieza del lugar, la gran variedad de frutas y verduras, la gran oferta de todo tipo de productos, desde artesanías, joyas, ropa, accesorios (lentes de sol y ópticos), perfumes, hierbas, cámaras fotográficas, cassettes de música, etc. Ahí también proveché de comprar un medicamento que evita el “apunamiento” o enfermedad de las alturas que se produce por la baja presión del oxígeno a gran altitud, ya que planeábamos subir a más de 4000 metros al día siguiente. Antes de regresar decidimos saborear un refresco que nos recomendaron ¡¡Unos exquisitos y abundantes batidos de leche con mango!!!! No lo dudé ni por un instante y me lo tomé en menos que canta un gallo ¡No puedo creer que haya sido tan glotona! 

A la mañana siguiente nos pasaron a buscar muy temprano para ir de excursión al Parque Nacional Lauca. El recorrido comenzó en el Valle de Lluta, cuyas arenas han resguardado secretos milenarios de la antigua civilización Chinchorro, que dejó su huella en las momias negras más antiguas del mundo. Además, tuvimos la oportunidad de observar varios geoglifos en los cerros, los petroglifos y los cactus candelabro.

Almorzamos en la localidad de Putre, a 3500 metros, para aclimatarnos antes de subir al lago Chungará. Su oferta gastronómica incluía carne de camélido o trucha altiplánica acompañada de quinoa, choclo y papa chuño, en porciones moderadas. Para beber agua de coca, fría o caliente. Después recorrimos el pueblo para visitar su iglesia, las calles empedradas, las terrazas de piedra donde plantan alfalfa para llamas, ovejas y ganado.

Subimos a 4500 metros sobre el nivel del mar y nos enfrentamos a un paisaje de ensueño: el Lago Chungará como un espejo de agua donde se refleja el nevado Volcán Parinacota y se bañan los flamencos rosados. ¡Imposible no querer capturar esta imagen digna ser plasmada en una postal!  Preferí plasmarla en una obra pictórica que titulé “Viviendo el encanto de Arica y Parinacota”

Cecilia Byrne, “Viviendo el encanto de Arica y Parinacota”
óleo sobre tela, 80 x 80, 2023
Cecilia Byrne, “Viviendo el encanto de Arica y Parinacota”
óleo sobre tela, 80 x 80, 2023

Tuvimos tiempo para caminar por este paraíso y descubrir animales -vicuñas, alpacas, llamas, vizcachas- y aves como el ñandú, el cóndor y el pato jergón, que le daban un toque de vida y color a este remanso de paz.

Al caer la noche el cielo se transformó en un espectáculo estelar que atrae turistas en tours astronómicos. El tener la convicción de que las ciudades se transforman en la noche me llevó a pintar en óleo sobre tela “Noche mágica en Arica: Luces, Estrellas y Amor”

Cecilia Byrne, “Noche mágica en Arica: Luces, Estrellas y Amor”
óleo sobre tela, 80 x 80, 2023
Cecilia Byrne, “Noche mágica en Arica: Luces, Estrellas y Amor”
óleo sobre tela, 80 x 80, 2023

© Texto e imágenes: Cecilia Byrne  

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