Ya vienen los Reyes Magos…

Caminito de Belén – Olé, olé, olanda y olé – Olanda, ya se ve – Ya se ve, ya se ve

Después de nacer Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén preguntando:— ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle. Al oír esto, el rey Herodes se inquietó, y con él toda Jerusalén. Y, reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les interrogaba dónde había de nacer el Mesías. —En Belén de Judá –le dijeron–, pues así está escrito por medio del Profeta:  Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo, Israel. Entonces, Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó cuidadosamente por ellos del tiempo en que había aparecido la estrella; y les envió a Belén, diciéndoles: —Id e informaos bien acerca del niño; y cuando lo encontréis, avisadme para que también yo vaya a adorarle. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en marcha. Y entonces, la estrella que habían visto en el Oriente se colocó delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron; luego, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Y, después de recibir en sueños aviso de no volver a Herodes, regresaron a su país por otro camino.      
                   
(Evangelio de San Mateo, capitulo 2, versículos 1-12)


El artículo de este mes ya está comenzado y según mi propia tradición (al menos desde hace unos años) diciembre lo dedico a temas relacionados con la Navidad. Sí, más historia y tradiciones que ciencia, pero, no os preocupéis, algo podré contar en las próximas páginas para no traicionar -del todo- a la sección, le debo al menos un poquito de lealtad.

En esta ocasión le ha llegado el turno a los Reyes Magos, esos personajes a caballo entre la religión y la magia. Y sí, aparecen en la Biblia, pero sólo en estos doce versículos con que comienza el artículo. Ningún otro evangelio ni libro bíblico los menciona y en este texto podéis comprobar que no se alude a su número, ni a sus nombres, ni tan siquiera a que fuesen reyes y tampoco existe ninguna descripción acerca de su aspecto, indumentaria u origen. Es decir, pocas pistas sobre ellos.

Entonces, ¿cómo se ha logrado construir una leyenda/tradición determinando que son tres, que venían de Oriente y que sus nombres son Melchor, Gaspar y Baltasar? Pues eso es lo que intentaré explicar en estas líneas siguientes. Vamos allá.

La festividad de los Reyes Magos se celebra (por si alguien se ha despistado un poco) el día de 6 de enero, es una de las tres Epifanías de la Iglesia (la de los magos de Oriente -revelación a los paganos-, la del Bautismo de Jesús -a los judíos- y la de las bodas de Caná -a sus discípulos-). Es, además, la segunda fiesta más antigua de los cristianos (después de la Pascua de Resurrección) y comenzó a celebrarse en oriente, pasando después a occidente alrededor del siglo IV.

Y se escogió dicha fecha, seguramente, por influencia de los egipcios (el cristianismo se propagó en sus primeros tiempos en aquella zona del mundo) que en ese día festejaban el solsticio de invierno desde la antigüedad. Sí, el cristianismo se apropió en sus principios de muchas fiestas y figuras paganas de los pueblos por dónde iba extendiéndose; sin ir más lejos el culto a la virgen María es una derivación del culto a la diosa Isis o la Navidad se hizo coincidir con las Saturnales romanas y el solsticio de invierno.

Los reyes magos

Pero me centro de nuevo en nuestros protagonistas. Tres eran tres, como las hijas de Elena (una serie de TVE de los 70, de impresionante reparto, por cierto), pero Mateo tampoco nos da muchos indicios al respecto. La primera referencia a este número se encuentra en los textos del teólogo Orígenes en el siglo III y se debió a razones bíblicas (número de regalos a Jesús), teológicas (la Santísima Trinidad), litúrgicas y simbólicas. Pero no es la única cifra que nos podemos encontrar, según la época y los textos serían desde tres hasta sesenta; en Armenia se considera, incluso actualmente, que son doce. El Papa León I en el siglo V estableció oficialmente para toda la cristiandad que eran tres. Aún así, a veces se puede leer acerca de un cuarto mago (Artabán) y en algunos medios de comunicación hasta se le denomina sensacionalistamente como el cuarto rey olvidado; pero no, no hay tradición alguna respecto a esta figura pues surge de un cuento navideño del teólogo presbiteriano Henry van Dyke que fue escrito en 1896.

Ahora indaguemos un poco sobre quienes eran y de dónde venían. Sí, aquí sí que hay variedad y exotismo, incluso teorías en principio algo excéntricas. Empecemos con lo de magos. Extraña, sabiendo la animadversión y recelo que la Iglesia ha demostrado siempre hacia la magia, que venere a unos personajes con ese adjetivo en sus nombres. Pero es que en la época de Mateo dicha palabra tenía un significado bastante diferente y se refería, en concreto, a personas de prestigio que eran reconocidas por su sabiduría y sus conocimientos científicos, especialmente en astronomía. Dicha erudición se correspondería perfectamente con que su origen fuese Persia, incluso Babilonia pues en ambos territorios esa ciencia había alcanzado un alto nivel y los sacerdotes versados en ella se habían convertido en una casta de gran poder. Pero como a esta historia se le ha dotado de una gran simbología, también podemos encontrar textos donde los hacen proceder, además de Persia y Babilonia, desde Grecia, Egipto e India. Incluso el papa Benedicto XVI (un gran erudito teológico) en su libro La infancia de Jesús no descarta que hasta pudiesen venir desde occidente, más concretamente desde Tartessos. Simplemente, los Reyes Magos simbolizan la universalidad de la conversión de los paganos ante el nacimiento de Jesús, utilizando la geografía conocida en la época, además de escenificar la unión de la ciencia con la religión.

Respecto a lo de Reyes, pues también va por la misma senda; fue Quinto Séptimo Tertuliano en el siglo III quien vio en el Salmo 72 la referencia a su dignidad real (…Que los reyes de Tarsis y las islas le paguen tributo, que los reyes de Sabá y de Seba le ofrezcan sus dones, que se postren ante él todos los reyes, y todas las naciones le sirvan…)

Podemos comprobar que realmente es una historia a la que se le ha dedicado muchos siglos de estudios, reflexiones y cavilaciones a fin de llenarla de contenido y significado. Pero sigamos con nuestra propia investigación sobre el tema. Ahora le toca a sus nombres y aspectos.

Los reyes magos

Los Tres Reyes Magos aparecen denominados como Melichior, Gathaspa y Bithisarea en los evangelios apócrifos y en el Excerpta latina barbari (una traducción de un texto griego del siglo V). Los griegos los llamaron Appellicon, Amerín y Damascón; los hebreos, Magalath, Galgalath y Serakín y los sirios, Larvandad, Hormisdas y Gushnasaph. Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar aparecieron por primera vez en el famoso mosaico del siglo VI en la basílica de San Apolinar el Nuevo en la ciudad italiana de Ravena. Y desde el principio se les caracterizó asignándoles una edad diferente a cada uno de ellos en representación de todas las etapas del ser humano, así como el simbolismo de los regalos que llevaban cada uno de ellos. Alrededor del año 700 el Venerable Buda (monje anglosajón) fue el primero en detallar sus nombres y aspectos, y aunque sus contemporáneos no los tuvieron en cuenta, los artistas sí que los adoptaron a partir de entonces. Melchor sería un anciano de barba y cabellos canos y portador del oro como reconocimiento a la realeza divina de Jesús; Gaspar, un joven imberbe, de piel blanca y rosada, portador del incienso, como símbolo de su divinidad; Baltasar es descrito como un hombre de tez oscura (fuscus en latín) y le regaló mirra, un ungüento usado en los embalsamamientos por lo que Buda entendió que era una premonición del sacrificio de Jesús (una especie de Valar Morghulis de la época –pequeño guiño para los fans de Juego de Tronos-). Inciso, la mirra es un producto de color ambarino rojizo que se obtiene de la resina del Commiphora myrrha, un árbol que crece en el noreste de África, Arabia y Turquía y que exuda esta sustancia de forma natural (detallito científico entre tanta historia y leyenda).

A pesar de la descripción de Baltasar a nadie se le ocurrió que fuese de raza negra por la seguridad que tenían de que forzosamente habían de ser persas. Sólo a partir del siglo XIV es cuando se comienza a personificar a Baltasar tal como lo conocemos actualmente, para que representase al continente africano en ese continuo afán de la Iglesia de simbolizar a todos los continentes conocidos y a todas las razas humanas. Con el descubrimiento de América se les planteó un problema pues no se aludía a dicho continente; anecdóticamente en el retablo de la catedral de Viseu, en Portugal, el rey negro es reemplazado por un jefe indígena brasileño que lleva una jabalina emplumada. Pero en ese momento la figura de los Reyes Magos tradicionales estaba tan arraigada, que quedó sólo en eso, en una singular obra de arte.

Y ya que hablamos de anécdotas, existe una teoría que habla de que Melchor era el único que iba en camello, que Gaspar montaba un caballo, y Baltasar, un elefante porque respectivamente eran reyes de Persia, de la India y de Arabia o Etiopía. También hay muchas especulaciones respecto al final de los tres Reyes Magos, desde que después de entregar sus regalos volvieron a sus países de origen hasta que fueron bautizados (y posteriormente ordenados obispos) por santo Tomás y predicaron en sus tierras, construyendo muchas iglesias y convirtiendo a sus súbditos al cristianismo hasta que murieron de muerte natural.

Regalos de los reyes magos

Otra versión, quizás la más extendida, es que murieron martirizados alrededor del año 70 en la ciudad de Sefania Adrumenta y fueron enterrados en el mismo sarcófago (induciendo con ello que podrían haber sido familiares). La emperatriz (santa) Elena se llevó los restos a Constantinopla en el siglo IV y posteriormente, alrededor del siglo IX, clérigos milaneses proclamaron tener en su poder las reliquias inventándose una leyenda sobre cómo llegaron hasta allí. En 1164 el arzobispo de Colonia aprovechó el saqueo de Milán, por parte de las tropas del emperador del Sacro Imperio romano germánico Federico Barbarroja, para llevarse los restos hasta su ciudad y donde construyó una iglesia que es donde se conserva el relicario actualmente.  

Los reyes magos

El artículo se está acabando, pero os prometí que tendríais algo de ciencia y no puedo fallaros. Si recordamos el comienzo de este artículo los reyes le cuentan a Herodes que llegaron a Jerusalén guiados por una estrella. Pues ahora le ha llegado el turno a ella y vamos a ver que no sólo sabios doctores tiene la santa madre iglesia, sino que los científicos también querían poner su granito de arena en la leyenda y han analizado todos los eventos astronómicos que pudiesen haber ocurrido en aquellos tiempos. Una de las evidencias es que los magos no llegaron al portal como normalmente se escenifica, nada se dice y todas las teorías se centran en que visitaron a Jesús cuando este tendría unos seis años, de la misma manera que parece poco fiable que este naciese justo en el año cero de nuestra era (pero todo esto queda pospuesto para algún otro año). Y a partir de esos indicios, existen hasta siete teorías que explican la existencia de la estrella. Las detallaré desde la menos creíble hasta la más probable. La estrella, pues, podría haber sido:

  • El cometa Halley, que habría pasado entre el año 10 y el 11; tiene muy pocos adeptos.
  • La Luna eclipsando a Júpiter, un astrónomo del siglo IV teorizó sobre un eclipse que se produjo entre abril y marzo del año 6.
  • Una nova registrada por chinos y coreanos alrededor del año 5 que iluminó los cielos durante 70 días; en el año 4 astrónomos de oriente apuntaron una nueva estrella en la constelación del Aquila. Una teoría que gusta a algunos astrónomos pues una nova aparece y desaparece en los meses siguientes. En su contra, no tuvo la suficiente intensidad pues no fue registrada en ningún lugar de occidente.
  • La constelación de Orión, que se puede observar durante el mes de diciembre en todo el planeta y se compone mayoritariamente de supergigantes azules muy brillantes; en su contra, se ve todos los diciembres.
  • Una triple conjunción (alineamiento de planetas), sostenida por el astrónomo británico David Hughes, de la Tierra, Júpiter y Saturno que se observa cada 900 años.
  • La conjunción de Júpiter y Regulus en la constelación de Leo, que ocurrió entre el año 2 y el 1 a.C. Es una de las teorías más aceptadas pues es un evento muy llamativo.
  • La conjunción única del Sol (en Aries) con la Luna, Júpiter y Saturno en la misma constelación, junto a Venus (en la colindante Piscis) más Mercurio y Marte en la de Tauro (al otro lado de Aries) que ocurrió en el año 6 a.C. Es un alineamiento planetario muy extraño pues sólo ocurre cada medio millón de años y muy llamativo por la enorme cantidad de astros que participan. Esta teoría es del astrofísico y profesor de cosmología norteamericano Grant Mathews, quien lleva años estudiando el origen de la estrella de Belén.

Ahora sí que estoy con los últimos flecos. El Día de los Reyes Magos es una celebración con un cierta tradición hispana, siendo festivo en España, Cuba, México, Puerto Rico, República Dominicana, Paraguay, Uruguay, Colombia y Venezuela, aunque las cabalgatas han llegado hasta a países no hispanos, como República Checa o Polonia. La primera cabalgata de España se celebró en Alcoy en 1866, aunque no fue hasta 1885 cuando comenzó a realizarse anualmente en diferentes ciudades. Granada reclama ser la ciudad con la primera cabalgata porque fue la primera que la registró oficialmente en 1910 mientras que Alcoy lo hizo en 1913; pero aún así, Alcoy sigue siendo considerada por los historiadores como la primera de toda España.

También es interesante nombrar a la Pascua de los Negros, también conocida como el día de San Baltasar, una festividad celebrada en la época colonial en países como Cuba, Puerto Rico, México, Uruguay y Paraguay. Tradicionalmente, se dejaba descansar el día seis de enero a los esclavos procedentes de África.

Bueno, llegó el momento de despedirme por este mes y, posiblemente te preguntarás por qué he ignorado totalmente al Roscón de Reyes. Baste decir que este no es su momento, ni su artículo ni su sección. Y creo que seguramente me entenderás perfectamente. Nos vemos el mes que viene y si no se me giran las intenciones, vete preparando el traje de neopreno y mejor que sea con calefacción incorporada. Hasta aquí puedo contar. Sólo me queda desearos una Feliz Navidad y una feliz entrada de año; sed buenos, que los Reyes están pendientes de todo, que para eso son Magos.


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© Carmela Pérez Nuñez

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