Atravesando
Y ya de regreso entro para salir atravesando la tienda en L, de punto A a punto C, para toparme con la grata sonrisa sorpresa, el proceso de reconocimiento en fragmentos de segundos me transportó a ¿20, 30 años? desde la última vez en detectar ese rostro amable sonriente igual de lozano hoy, encapsulado en el tiempo.
No me quedó duda, en ese lapsus breve y sin intercambio de palabras, pude notar la misma sonrisa invitante a la calidez de una taza de café, a un paseo por el parque, un decidir qué cenamos en esta noche lluviosa. Me deleité en la contemplación de ese semblante aún más tierno y amable, iluminado como sólo la madurez pueda macerar a través de las décadas.
Ese abrazo con la mirada como quien confía y espera una invitación, que siempre paradójicamente quedó abierta entre la duda y el miedo a ser aceptada. Sonrisa enigmática conato de coqueteo, balanceándose en ese quizás, quizás que tal vez cantara para sus adentros alguna noche de lluvia al borde del delirio aromático del ylang-ylang, los nardos y las azucenas…
No, no di la vuelta; así de imbécil crucé de punto A a punto C en retirada una vez más.
Acaso escriba unos haikus esta noche.
© Texto: José G. Santos Vega
© Ilustración: Encima de la niebla

